Jayden dejo escapar una risa breve, casi incrédula.
—Así de fácil? ¿Qué está planeando?
Liliana se detuvo un instante y lo miró por encima del hombro.
—¿Por qué haría tal bajeza? —Su voz era suave, pero cada palabra tenía filo—. Dime, Jayden… ¿cuánto crees que durará tu dulce sueño?
Con calma, siguió doblando su ropa y metiéndola en la maleta. Ni su tono ni su gesto mostraron prisa, como si ya hubiera tomado su decisión mucho antes de que ellos llegaran.
—Al final acabaras regresando… —continuo sin mirarlos—. No necesito pelear por algo que volverá arrastrándose.
Jayden presionó la mandíbula, sus nudillos se tensaron, el control que intentaba mantener empezaba a resquebrajarse.
—No te creas demasiado, eso no va a suceder. Deja de ser tan arrogante.
Violeta se acercó a él, colocando una mano en su brazo para calmarlo.
Liliana soltó una leve risa mientras cerraba la maleta.
—¿Arrogante? —Se giró lentamente y los observó con una mirada impenetrable—. Jayden... eres increíblemente ingenioso.
La habitación quedó en un silencio. Violeta, incomoda, se aferró un poco más al brazo de Jayden, como si eso pudiera sostener la frágil estabilidad de la situación.
—Liliana… —intentó decir con un tono más suave—, esto no tiene que ser así. No hace falta que las cosas acaben de esta manera…
Liliana no respondió de inmediato. Cerro la maleta con un solo movimiento y finalmente los miro, su expresión serena, pero con un filo que los hizo estremecer.
Sin decir nada más, tomo la maleta, paso entre ellos sin inmutarse y se dirigió a la puerta. Justo antes de cruzarla, hizo una pausa.
Giro ligeramente el rostro y, con una sonrisa tan sutil como cruel, dijo:
—Espero que sean muy felices…
Con esas palabras, salió del lugar.
El sonido de la puerta cerrándose resonó en el apartamento como un eco hueco, dejando tras de si un silencio denso, cargado de algo que ni Jayden ni Violeta pudieron describir del todo.
Jayden pasó una mano por el rostro y exhaló con frustración. A pesar de haber conseguido lo que quería, una sensación incomoda le recorrió el pecho, como si las cosas no hubieran acabado del todo.
—Jay… —Violeta lo llamo con suavidad, deslizando sus dedos por su brazo—. Ya todo ha terminado… no tienes que alterarte.
Jayden el abrazo, intentando infundirle tranquilidad, pero parecía que lo necesitaba más que ella.
—No entiendes… —murmuró, con la mirada fija en la puerta, como si Liliana pudiera regresar en cualquier momento—. Liliana… no es… Desde la universidad ha sido muy analítica.
—¿Qué quieres decir?
El negocio con la cabeza, incapaz de poner palabras el mal presentimiento que lo asfixiaba. Todo había salido como debía: Liliana se había ido… Entonces, ¿por qué sentía que, ella seguía teniendo el control?
*********
Liliana avanzo por el garaje hasta su coche y lo desbloqueó. Abrí el maletero, dejó la maleta dentro y lo cerro con un leve empujón. Luego rodó el vehículo hasta el asiento del conductor.
Saco su teléfono, desbloqueándolo con un movimiento ágil de los dedos. La pantalla ilumina su rostro en la oscuridad del coche mientras navega por el teléfono.
Sin duda, tecleo el número y llevo el dispositivo a su oído. Esperó mientras el tono de llamada resonaba en su oído hasta que finalmente alguien respondió.
—Buenas noches, esta hablando con el hotel Royal Crest. ¿En qué le puedo ayudar?
—Hola, buenas noches. Quisiera hacer una reserva para esta noche.
—¡Por supuesto! ¿Podría proporcionarme su nombre, por favor?
Liliana exhaló suavemente, su mirada fija en el parabrisas empañado por la humedad de la noche.
—Liliana Baker
El sonido de las teclas golpeando con rapidez se escucha al otro lado de la línea mientras el recepcionista ingresa su información.
—Perfecto, señorita Baker. Ahora solo disponemos de habitaciones superiores. ¿Deseas seguir con la reservación?
Liliana apoyó la frente contra el volante por un instante, cerrando los ojos con cansancio. Sentía el peso del día sobre sus hombros, el eco de las palabras no dichas y las emociones contenidas presionando su pecho.
—Sí, continúa con ella.
—Entiendo. Su reserva ha sido confirmada. ¿Necesita algún servicio adicional?
Liliana negó con la cabeza, aunque la recepcionista no pudo verla.
—No, con eso es suficiente.
—Muy bien. Su habitación estará lista a su llegada. Le esperaremos, señorita Baker.
—Gracias.
Colgó la llamada y dejo el teléfono a un lado, apoyando ambas manos sobre el volante. Inhaló profundamente, buscando estabilizarse. Su reflejo en el retrovisor mostraba una expresión neutral, pero sus ojos delataban el torbellino de pensamientos que la consumía.
Subió el motor y el sonido del vehículo rugió suavemente en la soledad del garaje. Condujo en silencio, dejando atrás lo que era conocido como su hogar.
Liliana condujo por la ciudad en completo silencio, con las luces nocturnas reflejándose en el parabrisas.
Llegó al royal crest pasadas las once. El imponente edificio de cristal reflejaba el brillo de la ciudad, con su elegante entrada iluminada por lámparas doradas. Un valet se acerca de inmediato cuando estaciono en la zona designada.
—Bienvenida, señoría —dijo el joven con una sonrisa profesional—. ¿Desea que me encargue de su equipaje?
Liliana bajó del coche con movimientos medidos.
—No hace falta. Gracias.
El valet subió y se retiró. Mientras Liliana, recogía su maleta y se dirigía hacia recepción.
La recepcionista, con expresión cordial, la recibió con una leve sonrisa.
—Buenas noches señoría. ¿En qué le puedo ayudar?
—Buenas noches, llame hace antes para realizar una reservación, a nombre de Liliana Baker.
—Bienvenida, señorita Baker. Su habitación ya esta lista. ¿Le gustaría que alguien la acompañara?
Liliana negó con la cabeza.
—Puedo ir solo. Solo necesito la llave.
La recepcionista le entrego los datos correspondientes de su habitación y se despidió de ella.
Tomo la tarjeta, agradeció con una leve sonrisa y se dirigió al ascensor.
Mientras subía, el reflejo de su rostro en el espejo del ascensor la observaba con una mezcla de agotamiento.
Cuando llego a su habitación, la puerta se cerró detrás de ella con un suave clic. Encendió las luces y recorrió el espacio con la mirada. La suite era amplia, elegante, con ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad. Un sofá de cuero, una mesa con copas de vino preparadas y una cama de sabanas impolutas esperaban por ella.
Suspiro profundamente y dejo su bolso sobre la mesa, caminó hasta la ventana y apoyo una mano en el cristal frio. Desde ahí, todo parecía tan pequeño, tan distante.
Su teléfono vibró en su bolso. Lo tomo sin mucho interés, pero al ver el nombre en la pantalla, soltó un suspiro de alivio.
Su dedo se deslizo lentamente por la pantalla. Responder o ignorar.
Una sonrisa dubitativa apareció en su rostro.