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Chapter 33 - Lagrimas

Jayden aparto la mirada de nuevo esta vez hacia el mantel de la mesa. Quería decir algo, cualquier cosa, pero cada palabra que venía a su mente parecía insuficiente, vacía.

- ¿Sabes que es lo más irónico de todo esto? -continuo Liliana, reclinándose en su asiento, mientras sus dedos trazaban líneas sobre el borde de la mesa-. Que tuviste las agallas de proponerme matrimonio, no mostraste ni una sola pizca de vergüenza. Pero estoy aliviada que todo haya sucedido antes de una boda, no que hubieran pasado otros cinco años.

Liliana se levantó lentamente, con una dignidad que parecía desafiar todo el dolor que llevaba dentro. Se ajusto el bolso al hombro y lo miro por última vez, sus ojos reflejando decepción y rabia.

Sin esperar respuesta, Liliana se giró y comenzó a dirigirse hacia una de la mesa contraria a la de Jayden. Se paro frente a la joven que se encontraba sentada en ella.

Jayden levantó la vista con sorpresa, siguiendo el movimiento de Liliana mientras esta se dirigía a la mesa cercana.

- Liliana… -susurro la joven sentada, su voz cargada de nerviosismo.

Liliana no le dio tiempo a responder más. Se inclino ligeramente hacia ella, manteniendo un tono controlado, que tenia el filo suficiente para atravesar cualquier barrera emocional.

- Me pregunto si alguna vez te detuviste a pensar en lo que estabas haciendo. Pero claro -continuó, con una mirada fría y distante, que lograba ocultar todo su ser-, supongo que la moral se vuelve irrelevante cuando se trata de conseguir lo que siempre quisiste, ¿verdad?

La joven intento articular una respuesta, pero las palabras murieron en su garganta. Todo el restaurante parecía haberse sumido en un silencio incomodo, como si los comensales cercanos estuvieran demasiado conscientes de la escena que se desarrollaba.

Liliana dio un paso atrás, sin dejar de mirar a la joven.

- Espero que valiera la pena destruir todo -añadió enderezándose y retomando su compostura-. Por lo menos hubieses dado la cara, y no te hubieses escondido. Espero que seis felices…

Sin decir más, se giró y camino hacia la salida, con la cabeza en alto y los hombros rectos, dejando tras de sí una estela de silencio y tensión que parecía envolver la mesa de Jayden y la joven.

Ambos la observaron cómo se alejaba del lugar, la cual seguía sumido en un silencio incomodo. Una vez fuera, el aire fresco del mediodía rozo el rostro de Liliana mientras se detenía por un momento frente al restaurante, mirando hacia la calle.

"Pronto dejara de doler, es siempre así", pensó Liliana, mientras continuaba con su camino.

Dentro del restaurante, el silencio seguía pesado. Jayden evitaba la mirada de la joven sentada frente a él, mientras ella, aun con las mejillas enrojecidas, miraba el plato vacío frente a ella como si buscara respuestas que no encontraba.

- Jayden… -comenzó la joven, su voz apenas un susurro-. Siento mucho lo que ha pasado. Si no hubiese sido por mí…

El finalmente la miro; sus ojos mostraban una mezcla de comprensión y frustración por lo sucedido.

- No tienes por qué cargar con esto -murmuro mientras alargaba una mano para acariciar sus mejillas-. El error fue mío. Tendría que haberte escuchado en su momento. Si hubiese sido así, vuestra amistad no estaría dañada por mi culpa.

Las palabras de Jayden solo parecieron intensificar el dolor de violeta. Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro, dejando tras de sí pequeñas marcas en sus mejillas sonrojadas. Su cuerpo temblaba ligeramente mientras trataba de contener el llanto.

Jayden, al verla en ese estado, sintió como la preocupación lo invadía. No podía ignorar el dolor que ella estaba enfrentando.

- No llores, Violeta -dijo suavemente, inclinándose hacia ella y tomando sus manos ente las suyas-. No es bueno para ti ni el bebe, intenta mantener la calma.

Violeta alzo la mirada hacia él. Sus ojos, brillantes por las lágrimas, parecían buscar algo, tal vez el consuelo que le pudiese proporcionar.

- No puedo evitarlo -murmuro con voz entrecortada-. Todo esto… todo lo que ha pasado… no sé cómo enfrentarlo.

Jayden sintió que las palabras de Violeta pesaban tanto como las lágrimas que derramaba. Sin pensarlo, se levantó y se colocó a su lado. El la rodeo con sus brazos y la atrajo hacia él, abrazándola con fuerza. Un gesto que no necesitaba palabras, pero que decía todo lo que deseaba transmitir: seguridad, apoyo, calma.

El cuerpo de Violeta temblaba contra el suyo, y Jayden deseo con todo su ser poder absorber todo su dolor, carga con él.

— Vamos a casa, Violeta —susurró Jayden con ternura, apoyando su barbilla sobre su cabeza—. Necesitas descansar. Es lo mejor para ti y para el bebé.

Violeta asintió levemente, dejando que el calor de Jayden la envolviera. Por un momento, en medio de todo el caos.

*********

Mientras caminaba, se obliga concentrarse en su entorno. El bullicio de la calle era constante: automóviles avanzaban lentamente entre semáforos, y grupos de personas se movían a toda prima, cada uno inmerso en su propio mundo. Pero para Liliana, todo parecía difuso.

Había algo en su mirada, una calma tensa que reflejaba todo el dolor oculto tras ellos. Su mundo interno estaba envuelto en una nube de pensamientos y emociones revueltas.

Se obligo a concentrarse en sus pasos. Un recordatorio rítmico de que debía seguir adelante. La hora de la comida estaba llegando a su fin, las calles comenzaban a llenarse de nuevo de trabajadores que regresaban a sus oficinas. Algunos llevaban café en las manos, otros caminaban con bolsas de comida para llevar, y sus conversaciones formaban un murmullo indistinto que llenaba el aire.

Cuando llego a su edificio, se detuvo por un momento, cerrando los ojos y respirando profundamente. El aire fresco acaricio su rostro, pero no logro calmar la tensión que sentía en el pecho. Exhalo lentamente, tratando de liberar algo del peso que parecía haberse instalado en su interior desde que dejo el restaurante. Ajustando la postura, continuo con su camino.

Cruzó las puertas de vidrio del edificio, sintiendo el aire del sistema de ventilación golpear su rostro. En el vestíbulo, los ecos de pasos y conversaciones de todas las personas que volvían del descanso no dejaban de sonar, una sinfonía que normalmente habría ignorado. Sin embargo, ese día, cada sonido parecía resonar con más intensidad.

Presiono el botón del ascensor, mientras esperaba, su mirada se dirigió hacia los ventanales que daban a la calle. El ir y venir de la gente, para ellos, este solo era un día más. El sonido del ascensor llegando a la planta le saco de sus pensamientos. Entro junto a un par de desconocidos, quienes continuaron conversando. Sus risas llenaron el reducido espacio metálico, rebotando contra las paredes como si no existiera, más que su propio pequeño universo. Ajena a ellos, Liliana se situó a un costado, con la vista fija en los números que ascendían lentamente.

Mientras el ascensor subía, el murmullo de la conversación se convirtió en un zumbido distante en sus oídos. Su mente vagaba, recreando fragmentos de la escena que acababa de abandonar. Cada detalle parecía imposible de borrar.