Después de haber terminado su primera lección con Mei Ling, Ling Tian se encontraba de buen humor. Su hermanita menor había demostrado ser inteligente y con muchas ganas de aprender. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de continuar con su cultivo, un mensajero de la secta llegó corriendo hasta la Montaña de los Talismanes.
—Hermano mayor Ling Tian, ¡el Maestro Supremo de la secta ha convocado a todos los discípulos principales de cada montaña! —anunció, jadeando—. ¡Deben reunirse en el Salón Celestial ahora mismo!
Ling Tian se levantó con curiosidad, preguntándose qué podría ser tan importante como para convocarlos a todos. "Una caza anual, tal vez", pensó mientras se dirigía al Salón Celestial. Al llegar, ya pudo ver a los otros discípulos principales que habían llegado antes que él.
En la entrada, se encontraba Lan Xue, la discípula principal de la Montaña de Artes Marciales. Era una joven hermosa con una mirada fría y distante, su cabello negro largo y liso caía sobre sus hombros, y sus ojos tenían un brillo afilado como la hoja de una espada. A su lado estaba Zhao Ming, el discípulo principal de la Montaña de Veneno, con una sonrisa arrogante y una cicatriz en la mejilla que le daba un aire siniestro. Un poco más allá se encontraba Yun Xiang, la bondadosa y cálida discípula de la Montaña de Refinadores de Píldoras, quien siempre parecía evitar los conflictos entre los demás. Junto a ellos, se veía a Meng Li de la Montaña de Bestias Espirituales, una chica que acariciaba a un pequeño tigre blanco que descansaba en su hombro. Feng Yu, el orgulloso discípulo principal de la Montaña de Armas, llevaba una gran espada a la espalda y no dejaba de sonreír con suficiencia. Estaba también Huo Ling, de la Montaña de Cultivación Interna, quien permanecía en silencio, con los ojos cerrados como si siempre estuviera meditando. Shen Mei, de la Montaña de Formaciones, llevaba pergaminos y pinceles colgando de su cinturón, y Lei Chen, el serio discípulo principal de la Montaña de Poder Espiritual, observaba la escena con una mirada indiferente.
Y allí, en medio de todos ellos, estaba Ling Tian, el discípulo principal de la Montaña de Talismanes, el más subestimado de todos.
El Maestro Supremo de la secta apareció ante ellos, su figura imponente emanaba un aura de poder. Su voz resonó en el salón cuando comenzó a hablar.
—Discípulos principales, han sido convocados para la Caza Anual. Como ya saben, es un evento donde los mejores cultivadores de la secta deben recolectar núcleos de bestias y hierbas místicas que servirán para el desarrollo de nuestra secta. Cada uno de ustedes seleccionará a tres discípulos para acompañarlos. Recuerden, solo aquellos que demuestren habilidades excepcionales serán elegidos.
Zhao Ming no pudo evitar mirar a Ling Tian con una sonrisa burlona. —Bueno, supongo que la Montaña de los Talismanes tendrá problemas para encontrar a tres discípulos que no sean un desperdicio total, ¿no es así?
Antes de que Ling Tian pudiera responder, Yun Xiang lo interrumpió con una voz suave pero firme.
—No subestimes a los demás, Zhao Ming. Todos tenemos nuestras fortalezas.
Zhao Ming simplemente soltó una risa sarcástica. —Oh, claro, seguro que tienen mucha "fortaleza".
Lan Xue, que había permanecido en silencio, volvió a dirigir su mirada a Ling Tian, sintiendo esa diferencia en él. Sus ojos eran ahora como el filo de una espada afilada, cargados de una determinación que no había visto antes. Por primera vez en mucho tiempo, sintió una chispa de curiosidad en su corazón helado.
—Has cambiado, Ling Tian —dijo en voz baja, aunque lo suficientemente fuerte como para que él la escuchara.
Ling Tian la miró con una expresión neutral y asintió ligeramente. —Todos cambiamos, Lan Xue. Solo depende de si decidimos hacerlo a nuestro favor o en nuestra contra.
El Maestro Supremo continuó explicando los detalles de la caza y los lugares que deberían explorar, pero Ling Tian ya tenía su mente ocupada. Cuando se les permitió retirarse para seleccionar a sus compañeros, no pudo evitar soltar una pequeña risa.
—No hay necesidad de pensarlo tanto —murmuró para sí mismo, recordando a su pequeña discípula, Mei Ling—. Ya tengo a uno de los mejores.
Y así, mientras los demás discípulos principales se retiraban para comenzar su selección, Ling Tian simplemente caminó de vuelta a su montaña, sabiendo que su elección ya estaba hecha.