Chereads / Incandescente / Chapter 14 - Capítulo 14

Chapter 14 - Capítulo 14

El resto de la tarde la pase con los chicos jugando y les hice la comida que ellos pidieron.

Empezaba a preocuparme por las chicas. ¿Dónde estarán?

-Chicos, ¿Por qué Liz se gasto el dinero?

Ambos se miraron y se que se pusieron nerviosos.

-Kay, siempre nos haz dicho que tenemos que guardar secretos.

Mierda.

-Si, pero esto es grave, Liz los dejo sin comida.

Jacob niega.

-Ella solo esta un poco triste.

¿Triste? ¿Y por eso los tiene que dejar sin comida?

Escucho la puerta abrirse y rápidamente me paro cruzándome de brazos.

Las tres entran con miedo y la cabeza gacha.

-Un día, me voy un día y ...

-Perdón es mi culpa. -suelta Liz.

Cierro mis ojos y trato de calmarme.

-¿En donde mierda estaban? -suelto enojada.

Peyton y Ámbar miran a Liz y esta alza su cabeza.

-Fue mi culpa.

-No me importa, no estoy preguntando eso.

Las chicas me ven asombradas. Nunca he sido groseras con ellas, nunca les he gritado y es raro que me vean molesta.

Pero hoy no sé que pueda pasar.

-Dejaron a los niños solos, los dejaron sin comer. ¡¿Por qué hicieron eso?! - grito mirando a las chicas enojada. -¡¿Qué fue tu culpa Lizbeth ?!

-Estas asustando a los niños.

Volteo a los niños y estos me ven con miedo.

No aguanto y salgo de la casa para poder tranquilizarme.

-Kayla. -escucho que me llama Lydia.

La miro y esta me ve muy apenada.

-Escuché que Gilbert en cualquier momento vendrá a quitarles la casa y quería decirte que con gusto recibo a los pequeños. -se rasca la cabeza con nervios. -Solo que a ustedes no, la verdad es que se que Gilbert les tiene coraje y no quiero que me saque de mi casa por ustedes.

Siento que todo se esta juntando y no sé que hacer.

-Con solo cuidar a los pequeños esta bien. -susurro y me voy.

Empiezo a caminar y hasta que siento que me hace falta el aire.

Necesitaba salir, cada vez los problemas se me van sumando y no tengo ni la mínima idea de lo que haré.

Tal vez nunca debí aceptar la ayuda de Igor.

Siento que ya es muy tarde porque mi estomago empieza a rugir, no he comido en todo el día, decido volver ya que estoy un poco más calmada y hablare con las chicas para encontrar una solución.

Cuando llego a la casa veo que los pequeños están dibujando en su cuaderno, Ámbar esta haciendo comida, Peyton hace lo que supongo tarea y Liz no se ve en ninguna parte.

-Chicos. -susurro despacio.

Todos levantan su mirada para verme y les doy una frágil sonrisa.

-Perdónenme, no he tenido un buen día ...

Los pequeños se acercan a mí y me abrazan.

-No pasa nada, hermanita.

-¿Ya te sientes bien?

Asiento fingiendo una sonrisa, miro a Peyton y también se acerca a abrazarme.

-No te preocupes. -me sonríe con culpa. -Nosotras también tuvimos la culpa de que te pusieras así.

-Olvidemos lo que paso y cuéntanos como te fue en tu viaje.

-¡Si muéstranos las fotos!

¿Qué olvide lo que paso? Ámbar que mierda ...

Suspiro y en cuanto se vayan a dormir los chicos, hablare con ellas.

-Fui al mar y les traje conchitas.

Camine hasta mi mochila y saque las conchitas que les había traído.

-¡¿Al mar ?!

Las preguntas empezaron y todos miraban las fotos emocionados.

Seguían viendo las fotos mientras que yo servía la comida que Ámbar había preparado.

Liz llego y rápidamente se sentó con los chicos.

-¿Ya les presumió sus vacaciones? -me quedo como piedra al escuchar a Liz.

-Ella no esta presumiendo, Liz. -me defiende a Jacob.

-Nos trajo hasta conchitas. -murmura Lucian emocionado.

Liz se queda viendo a las conchitas que hay en la mesa.

-¿Fuiste al mar? -Liz suelta una carcajada. -Y según era trabajo.

Se levanta de la mesa y se encierra en el baño.

¿Qué mierda le pasa a Liz?

Cierro mis ojos, inhalo y exhalo.

Ocupas estar con la cabeza fría para pensar bien las cosas.

Por ahora ocupas largarte de esta casa.

-No le hagas caso. -Peyton apoya su mano en mi hombro. -Tal vez sean hormonas.

Asiento.

-¿En dónde estaban, Peyton? -pregunto fría haciendo que Peyton me mirara angustiada.

-No creo que nosotras debemos de decirte ... Liz lo hará cuando se sienta lista. -interrumpe Ámbar.

Claro, ahora se cubre entre ellas.

-Ya es noche, vamos a dormir.

Acuesto a los pequeños en la cama pero en menos de un minuto tengo a los dos acurrucados a mi lado en el piso.

-Te queremos mucho. -me susurran los dos.

-Yo también los quiero mucho. -susurro.

-No nos gusta verte triste.

-Ni enojada

Suelto un suspiro.

-Lo sé. Duérmanse que mañana hay escuela.

Ambos asienten y se acurrucan a mi lado.

A la mañana siguiente Liz salió primero, sin dirigirle a nadie la palabra, las chicas dijeron que llevarían a los pequeños a la escuela y después de despedirnos salimos rápido cada quien a su rumbo.

Al subir al piso donde trabajaba me sentía un poco nerviosa, salude a Beatriz rápido ya que estaba hablando por teléfono y apuntando cosas.

Me fui a sentar a mi empecé con el trabajo que escritorio me trabajo mandado por correo.

Seguía trabajando hasta que sentí la presencia de alguien.

-Hola, mi reina. -saluda un Carlos feliz.

-Hola. -trato de dar mi mejor sonrisa.

La verdad no tengo animo de nada.

-¿Y esa carita? ¿Es por lo de ayer? -Carlos se sienta en el escritorio con rostro preocupado.

-Algo así. -me encojo de hombros.

-¿Pudiste resolverlos? Necesito que me cuentes muchas cosas.

-Algo así, encontré la mejor opción.

-Si ocupas mi ayuda en algo aquí estaré, mi reina. -guiñe un ojo y sonrío.

-Gracias, igual yo estaré para lo que sea.

Escuchamos un carraspeo y es mi jefe fulminando a Carlos con la mirada.

-Deja de estar platicando y ponte a limpiar.

Es hasta que mi jefe dice eso que miro la vestimenta de Carlos, trae el overol típico de las personas que limpian y trae una escoba en mano y en la otra un trapo.

Tapo mi boca para no reírme.

-Si, señor. -le hace una seña militar y empieza a limpiar mi escritorio.

-Pensé que era broma. -susurro bajito tratando de no reír.

-Yo igual. -dijo cabizbajo.

-Señorita Larson, necesito los documentos, tráigalos. -se mete de nuevo a su oficina.

Carlos me da un sonrisa perversa que ignoro y agarro los papeles para entrar a su oficina con mi corazón latiendo a mil.

-Ya están ordenados.

Los pongo en el escritorio sin verlo a los ojos.

-Bien, ahora deme la cara.

Rápidamente levanto mi rostro y me quedo viendo sus ojos.

-¿O... ocupa algo más? -tartamudeo.

-¿Pudo resolver lo de sus hermanos?

-Si. -susurro muy bajito.

-Bien, puede retirarse.

Salgo rápido y me encuentro a Carlos sentado en mi silla.

-¿Ya se la mamaste?

-¿Qué? -pregunto con los ojos bien grandes tratando de no gritar tanto.

Carlos suelta a reír.

-Ya que yo no puedo. -pone cara triste. -Mámasela por mi.

Guiñe el ojo y yo me quedo ahí parada.

-Carlos. -esté se para rápido de la silla y agarra la escoba. -Ultima vez o te dejo en la calle.

-Igor, no nací para limpiar. -susurra triste haciéndome sonreír un poco.

-No naciste para nada, así que apúrate.

-Si me mato va a ser por tu culpa. -dados dramático.

-Aquí no te mates, deja a la señorita Larson trabajar y vete de aquí.

-Pero ella puede trabajar ahí adentro, contigo. -sonríe pícaro.

Siento mis mejillas arder y no sé que cara habrá puesto Igor.

-Bueno, como sea. Kayla ¿Vienes a comer conmigo hoy? -pregunta emocionado.

-¡Carlos! -grita enojado Igor.

-¡Cállate contigo no estoy hablando, envidioso! -le grita devuelta Carlos.

Siento que en cualquier momento me voy a reír así que tapo mi boca.

-Estas despedido.

-No es cierto. -Igor se queda serio y Carlos abre mucho la boca. -¿Estas hablando en serio?

Igor como es de costumbre parece un tempano de hielo, mientras que Carlos se limpia una lagrima.

¡Esta llorando de verdad!

-Kayla, vendré a visitarte muy seguido. -se acerca a darme dos besos. -Espero que consigas una oportunidad de salir de este infierno.

Le avienta el trapo en la cara a Igor y yo no puedo evitar preguntar.

-¿Cuánto duraste trabajando aquí? -trato de no reírme.

-20 minutos.

Estoy segura que estoy completamente roja, estoy tratando de aguantar la risa y les doy la espalda para que no vean que trato de reír.

-¿Acaso se esta riendo del señor Cruz, señorita Larson?

Rápidamente me pongo seria y me giro.

-Claro que no señor.

-Igor, mi vida. Si se estaba riendo de mí. -Carlos hace un puchero.

Siento que en cualquier momento me voy a carcajear.

-Para nada.

Siento la mirada de Igor intensa, lo veo y soportamos nuestras miradas unos cuantos segundos.

-Buenos días.

Rápidamente rompo el contacto visual y me encuentro al abuelo de mi jefe.

-¡Marcel! -Carlos corre y abraza al señor sonriente.

-Mi nieto favorito.

Carlos de inmediato se transforma en un niño chiquito y no se despega del abuelo.

-Abu, Igor me quiere despedir. -dice con voz de niño chiquito.

-¿Qué? Igor no te va a despedir. -el señor Marcel hace lo separa para ver su vestimenta. -¿Estas trabajando de conserje?

Si me dijeran quien es la persona más chantajista diría que Carlos.

Puso su cara triste y se pone una mano en la frente.

-Es el único trabajo que me dio.

-Igor. -por primera vez escucho su voz autoritaria. -Le vas a dar un buen puesto, ya.

Igor rueda los ojos y se mete a su oficina.

-Gracias, abu. -sonríe.

-Vete a quitar esa ropa que te ves ridículo.

Carlos asiente y corre hacia la salida.

-Sí, una disculpa. -se acerca hasta mi para besar mi mano. -Estos chicos me vuelven loco.

-No se preocupe. -le sonrío con amabilidad.

-Oh, por cierto. El viernes hay una comida familiar en mi residencial, quiero que vayas con Igor. -me guiña un ojo y sin esperar respuesta se mete a la oficina.

Me pongo a trabajar pensando en lo que el señor Gólubev me dijo.

¿Para que quiere que vaya yo?

Decidí ignorar el tema y en la computadora me puse a ver casas que estaban en venta. La mayoría son demasiado caras.

Suelto un suspiro y decido seguir trabajando.

Cuando llega la hora de la comida corro rápido a la escuela de los chicos.

-¡Hola, Kay!

-Hola mis niños, ¿Cómo les fue?

En camino a la casa me empezaron a contar como les había ido y que estaban muy contentos porque hoy pintaron.

En cuanto llegamos a la casa hice la comida rápido y empecé a juntar algunas cosas necesarias, deberíamos estar preparados por si Gilbert decidía sacarnos en estos días.

Al rato llego Peyton y pude irme rápido al trabajo.

En cuanto llegué, Beatriz no estaba en su puesto lo que se me hizo raro ya que eran las 3 en punto.

Cuando me senté en el escritorio dispuesta a trabajar, escucho como la puerta de la oficina se abre.

-Señorita Larson. -levanto mi cabeza encontrándome a un Igor despeinado y con la rubia que me encontré en el baño de Florida colgada en su cuello. -Puede tomarse la tarde libre, estaré ocupado.

-Muy ocupado. -le sigue ella.

La rubia me da una sonrisa de suficiencia y besa su mejilla.