El sol apenas asomaba por el horizonte cuando las cortinas de la habitación se abrieron de golpe.
—Es de día, príncipe-sama —anunció Ashiya, su tono formal acompañado de una ligera sonrisa.
Ren gruñó desde la cama, enterrando el rostro en la almohada antes de incorporarse con pereza.
—Buenos días, Ashiya… Y te dije que me llames Ren —murmuró con un ligero puchero.
—Entendido, Ren —respondió Ashiya con una sonrisa apenas burlona.
Aún medio dormido, el príncipe se estiró antes de dirigirse a su vestidor.
—¿Qué tengo para hoy? —preguntó desde el otro lado de la puerta mientras se vestía.
—Una reunión con la emperatriz y el marqués Andilet —respondió Ashiya, acomodando la chaqueta de gala que Ren debía usar.
El príncipe suspiró con fastidio, pero no dijo nada más. Se preparaba para salir cuando un firme golpe en la puerta interrumpió la calma. Ashiya, siempre atento, abrió con elegancia y se encontró con un soldado del castillo.
—Su Alteza, se ha convocado a todos los príncipes en el Castillo Real esta tarde, por orden de su majestad, el emperador Louvel Dussier.
Ren frunció el ceño. Su padre rara vez los convocaba a todos sin previo aviso.
—Entendido. Confirmo mi asistencia.
El soldado hizo una reverencia y se retiró. Ren, en cambio, quedó en silencio, con el pensamiento clavado en lo que podría haber sucedido.
Unas horas después, en el Castillo Real…