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Chapter 2 - Capítulo 2: ¿Monstruo o Héroe? Tal vez Más

"¡Soy increíble!", dije eso en ese entonces, ahora, no lo se.

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[Ubicación: Zona turística de Campo Grande, Brasil, Agosto 27 del 2010]

"¡ALÉJATE!", grité por lo que parecía la décima vez en los últimos minutos. Mi voz reverberó en el callejón estrecho, el eco acentuando mi desesperación. La criatura frente a mí no se movía, pero sus ojos amarillos brillaban como los de un depredador que acecha a su presa, sin embargo, parecía… ¿Dolido?

El monstruo, si es que podía llamarlo así, retrocedió. Sus ojos, brillando con un tenue fulgor amarillo, no parpadeaban. Su cuerpo era una masa de músculos cubiertos de un pelaje oscuro y espeso, con garras largas y dientes afilados, que, desde mi perspectiva, parecían capaces de destrozar huesos y acero. Aunque no gruñía, su sola presencia era suficiente para material de pesadillas.

Congelándome de miedo. Quería llorar. Ya estaba llorando. Esto no tenía que estar pasando. Todo lo que quería eran unas vacaciones lejos de la monótona rutina de Morazán, pero ahora... ¿Cómo iba a explicar esto a mi familia?

Mamá probablemente me abrazaría, consolándome, no me creería, en absoluto, pero me consolaría. Sin embargo, papá… él… él nunca tuvo paciencia para mis extravagancias: "¡¿Sabes cuánto dinero me costó este chistecito tuyo?!". Lo escuchaba en mi cabeza, juzgándome desde una distancia que siempre había sido más emocional que física, no obstante, dolía. Y aún así, quería estar ahí, lejos: 'No aquí'.

"...casa". Mis pensamientos se cortaron cuando la criatura avanzó un paso. Solté un grito ahogado y cerré los ojos, esperando que esta cosa terminara lo que fuera que tenía planeado. Pero entonces, en lugar de atacarme, emitió un gruñido bajo, casi un murmullo.

"¿Estás... bien? ¿Dónde está tu casa?".

Abrí los ojos de golpe. No podía ser. Esa voz, aunque gutural y ronca, era inconfundiblemente humana: "¿Qué- qué dijiste?". Mi voz temblaba, mis palabras chocaban torpemente con mi creciente incredulidad, tropezándome entre una idea y otra. La criatura inclinó la cabeza, sus orejas puntiagudas se movieron como si intentara captar algo más allá de mi pregunta. Luego respondió, esta vez más claro: "¿Estás herida?".

"¡Hablas español!".

La criatura no respondió de inmediato. Parecía confundido, incluso sorprendido: "Es… complicado": Fue todo lo que dijo antes de mirar a su pies (patas en realidad), un reflejo que copie sin darme cuenta, su pelaje estaba espolvoreado por la sangre de ambos… hombres. Amables, antes de que todo ocurriera: 'Dios mio'. Mis piernas, como si mis músculos y huesos fueran reemplazados por masilla blanda ante el solo recuerdo, cedieron y caí al adoquinado del suelo. Estaba expuesta ahí, y la criatura lo vio.

Grite por instinto nuevamente y le lance mi reproductor Mp3 (lo único que tuve al alcance de mis manos), el tiro fue patético, fallando y colapsando en un ruido sordo una vez hizo contacto con la superficie rugosa del suelo: '¿Qué me va a pasar ahora?'. La efímera calma que con suerte había erigido se desplomó en un solo instante, y eventualmente, algo en mi se rompió por completo. La represa metafórica cedió y, con ello, algo cálido se deslizó por mis prendas desordenadas hasta formar un pequeño charco en la baldosa de piedra. El olor fue penetrante (la otra parte arrugó la nariz). Ocre, vi a simple vista. Sin embargo, no tuve tiempo para seguir autocompadeciéndome cuando un trozo de tela rasgada me cubrió en un intento por funcionar como una manta o una cubierta para mi piel expuesta al aire nocturno.

"¿Que-?". Me interrumpí enseguida, congelada, al ver la conminatoria pero familiar extremidad con tres garras que empujaba la tela contra mi hombro. Los apéndices, contraria a su naturaleza desgarradora, intentaban ser delicados al toque, torpes y casi no contaban con ninguna fuerza bruta detrás de ellas: "Tranquila". El monstruo vociferó en busca de apaciguarme a través de su elongado hocico canino.

Era un gesto extraño, inusual, pero había una ingenua, pero entrañable calidez en su intento por consolarme. Sus garras, enormes y afiladas, apenas rozaban mi piel, como si tuviera miedo de hacerme daño.

El agotamiento emocional me ganó y mi mente lógica entró en estado de ahorro. Mi respiración comenzó a estabilizarse, y aunque todavía estaba aterrorizada, había algo innegablemente reconfortante en su presencia. Lentamente, casi sin darme cuenta, me permití relajarme.

La criatura se sentó frente a mí, manteniendo una distancia cautelosa, pero sin apartar sus ojos brillantes de los míos. Cuando levanté la mano para secarme las lágrimas y recuperar algo de mi yo por poco perdido, sentí el roce suave de su pelaje contra mi brazo. Era… más cálido de lo que esperaba. Aunque musculoso, su melena me atrajo casi al instante, como un peluche gigante .

"¿Qué eres?", pregunté finalmente con mi rostro aun clavado en su descomunal extremidad (de nuevo, mi parte lógica estaba en ahorro de energía), mi voz apenas un susurro. Él no respondió de inmediato. En cambio, bajó la mirada, como si la pregunta lo incomodara, sus orejas y cola moviéndose inquietas de izquierda a derecha y de arriba a abajo (sobre todo la última).

"No importa lo que soy", dijo después de una pausa.

Mis ojos, acostumbrándose a su figura imponente, se fijaron en un detalle en su pecho. Un dispositivo circular incrustado en su pectoral izquierdo, algo que parecía fuera de lugar en una criatura como él.

"¿Qué es eso?", señalé, mi curiosidad superando temporalmente mi miedo.

Él miró hacia donde apuntaba y suspiró, un sonido que resonó profundo en su pecho e hizo, para mi sorpresa, mucho más eco del que me esperaba. "Es... algo que no entenderías", él murmuró, más para sí mismo que para mí. Antes de que pudiera responder, la criatura se movió hacia un lado. Dudoso, levantó una garra y por un par de segundo así se quedó, hasta que volvió a mirarme y, con un cúmulo de emociones que desconocía, presionó el dispositivo. Entonces, un destello de luz roja llenó el callejón, cegándome por un momento.

Cuando mis ojos se ajustaron, la figura masiva del hombre lobo había desaparecido. En su lugar, un hombre joven, apenas un par de años mayor que yo, estaba de pie, vestido con ropa desgastada y visiblemente incómodo bajo mi mirada.

"¿Tú... eres él?", pregunté, atónita.

Él asintió, pasando una mano por su cabello oscuro, despeinado. Parecía mucho menos intimidante ahora, casi frágil, derrotado. Como yo.

"Fascinante ¿No?". 

Hubo un tiempo de silencio, ciertamente, era radical lo mucho que había cambiado la situación en solo un minuto, no solo la persona para ante mi. "Gracias", susurré, la palabra cargada de todo lo que no sabía cómo expresar, inconscientemente aferrándome más fuerte a la tela que cubría mis agravios.

Él no dijo nada. Sus ojos, oscuros y llenos de algo que no podía identificar, evitaron los míos. Finalmente, con un movimiento torpe, dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la oscuridad del callejón. "¡Espera!" llamé, él se detuvo, pero no me dio una última mirada, en cambio, se agacho y recogió mi, ahora roto, reproductor Mp3, y me dijo: "Espero no te moleste si me llevo esto. Tómalo como un pago, si no tienes problema con eso".

No me negué ¿Cómo sería capaz? Sin embargo, sentí que debía hacer algo más, pero al final, ninguno de los dos hizo nada más en ese instante. Solo nos miramos, el uno al otro. En sus ojos, los engranajes parecían trabajar detrás de su mirada poco antes decaída. Y al final, lo vi desaparecer.

Aunque todavía no entendía qué era, o que quería exactamente, él… '¿Él?', me salvó.

Más tarde, alguien vino y vio la hecatombe del lugar. No tardó mucho y llamó a las autoridades, ambos hombres, junto conmigo, fuimos transportados a un hospital cercano. En alguna parte del camino, yo… concorde el hecho de que nunca sería capaz de olvidar esta experiencia, por buenos o malos motivos. Pero, al final estaba bien… ¿Verdad?

'Sin embargo, ese chico, ese reloj… dejalo Elene…', no obstante, escribiría esto en internet. Para agradecerle (tal vez, conocerlo).

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Nueve días después, este incidente sería ampliamente conocido por parte de la población local. Sentando así, efectivamente, las bases para el rápido despegue de esta nueva moda candente. La cual, se enlazaba muy estrechamente a constantes apariciones espontáneas de figuras extraordinarias.