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Chapter 8 - Capítulo 8: Regresó a Clases

[Ubicación: Escuela Secundaria Conmemorativa, Jasper, Nevada. Septiembre 25 del 2010]

El timbre de la escuela sonó con su típico zumbido chillón, señalando el final del día escolar. Jack Darby dejó escapar un suspiro mientras cerraba su casillero y se colgaba la mochila al hombro. Otro día de estudios, otra jornada de trabajo en la franquicia de comida rápida 'KO Burger' donde laboraba. No era el empleo más emocionante o lucrativo (el servicio al cliente siempre tiene ese detalle, aunque había excepciones), pero al menos le daba algo de dinero para sus propios gastos sin depender del todo de su madre, lo que ya era algo.

Mientras avanzaba por los pasillos, salones y casilleros como una oveja más del montón, empujando y siendo empujado a partes iguales (sobre todo por sus matones) hasta la salida del extenso edificio.

Deslumbrado por la luz natural, él, como muchos otros, se llevó la mano a la frente para cubrir sus ojos del cielo sin nubes. Jasper casi siempre era así, reflexionó el pelinegro. Bendito sea el día que encuentres una nube de tormenta en el paraje árido de esta ciudad.

Entre la multitud de estudiantes que salían del edificio, su mirada ahora ajustada se detuvo en una figura que no encajaba con el típico grupo de alumnos y profesores. Un hombre joven, de aspecto cansado y ropa algo descuidada desde donde podía ver, caminaba con paso decidido hacia las instalaciones de la escuela contra la corriente del mar literal de estudiantes. Una hazaña cuanto menos.

Aún así, Jack frunció el ceño. Nunca había visto a este sujeto antes. No era un maestro, eso era seguro, y su apariencia no coincidía con las de un padre o tutor arquetipo. Aunque no quería prejuzgar, había algo a su alrededor que le ponía los pelos de punta, un mal presentimiento en la forma en que mantenía la cabeza gacha y los hombros tensos.

¿Qué debería hacer?

"¡Hey, tú también lo viste!", exclamó una voz aguda a su lado, como si de un espectro tomando forma se tratase.

"¡Aaahh!", ¡Jesucristo! ¡Casi tuvo un algo ahí hace un segundo!

Sorprendido y con la guardia baja, Jack salto en en su lugar y parpadeó una vez cuando Miko Nakadai, recordó, la estudiante de intercambio japonesa con fama de espíritu libre/indisciplinada (por si su estilo rock no lo insinuara ¡Hasta tenía el pelo teñido de rosa!) en la escuela, capaz de traspasar la barrera de los grados, se plantó frente a él con una expresión emocionada.

"¿De qué hablas?", preguntó Jack, aunque ya tenía una idea y sus intestinos le dijeran que corra.

"¡Ese tipo raro que entró a la escuela!", señaló Miko con demasiado entusiasmo volátil en sus gestos (dando brincos literales) a los pasillos con ahora menos afluencia de gente.

*Suspiro*

Mirando de reojo hacia la dirección en la que había desaparecido el hombre en algún momento, él adolescente habló: "Escucha ¿Miko verdad? Si te preocupa aquel sujeto". Señala los pasillos: "Deberías decírselo a algún profesor o figura de autoridad, no a mí, un chico que sólo está un año encima de ti".

Pero para su desagrado, Miko bufó a su lógica, cruzándose de brazos en una amplia circunferencia con dramatismo: "Oooh, vamos ¡Es nuestro deber como buenos estudiantes y futuros buenos ciudadanos asegurarnos de que todo esté bien!".

Jack arqueó una ceja, poco convencido: "Eso suena como una excusa para meterte en problemas".

"Meh, tal vez un poco, si", admitió abiertamente ella con una sonrisa traviesa perdiendo la simpatía del chico mayor: "¡Pero vamos~! ¿No te da curiosidad? ¿Y desde cuando dependemos de los adultos para resolver cosas? Además, ¿qué pasa si es un ladrón o algo así? Tú eres un hombre fuerte, puedes defendernos si algo sale mal".

Jack rodó los ojos, incapaz de creer lo que insinuaba la colegiala. Sabía exactamente a dónde iba esto. Si fuera alguien más, tal vez aceptaría por aburrimiento, curiosidad, diversión o pura estupidez, después de todo eran adolescentes, estaban en la edad predilecta para hacer tonterías, pero él tenía responsabilidades más allá de la escuela.

"No. Tengo trabajo", inexpugnable, Jack intentó dejar en claro su postura una última vez a la chica de intercambio al contestar con un tono más apático, entonando aun más el 'No' de su discurso. Después, dando media vuelta en dirección a donde estaba encadenada su bicicleta, sacó de su bolsillo la llave del candado. En su mente, Jack ya estaba contando los minutos que tenía antes de que empezara su turno.

"¡No te preocupes! Sólo serán unos minutos", insistió la Nakadai para su sorpresa al tomarlo de su brazo y jalarlo con más fuerza de la que aparentaba a simple vista sin esperar respuesta.

"¡Oye espera! ¡Miko!". Intentó zafarse Jack, desconcertado y francamente molesto con la pequeña punk rosa a la cual le sacaba una cabeza de alto. Sin embargo, Miko no escuchó o no le importaron sus quejas en contra de su actitud (Jack personalmente creía que era el último) incluso cuando él plantó sus pies contra el suelo de baldosas que chirriaba por el arrastre su sus zapatillas. Dándose cuenta de su inminente fracaso, él adolescente suspiró, resignándose a su destino siendo guiado a Dios no quiera, problemas para él y la excitable niña asiática con temática rockera.

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Mientras tanto, en las profundidades del desierto de Nevada. Oculta en una formación rocosa de amplio tamaño, el helicóptero militar descendió sobre la plataforma de aterrizaje en la cima de la montaña aparentemente ordinaria, levantando una nube de polvo mientras sus rotores disminuían la velocidad. La compuerta lateral se abrió, y el Agente William Fowler descendió con paso firme, su ceño fruncido reflejando su usual exasperación junto a su traje francamente ajustado en su vientre, esto debido al verse nuevamente envuelto en asuntos alienígenas más allá de su control.

Pero al final, lo único que podía hacer era dirigirse al elevador oculto en la roca y bajar hasta el corazón de la ex base militar estadounidense.

Dentro de la fortificación, las chispas y el fuego del metal fundido hacían eco mientras Ratchet, con un soplete del tamaño de un hombre, chasqueó su lengua y miró con él ceño fruncido al realizar ajustes en los terminales afectados por el reciente incidente de seguridad en su base de datos. Aunque los Autobots no sabían quién era el responsable, tenían claro que alguien había irrumpido en sus sistemas, algo que preocupaba profundamente al equipo.

En el centro, Fowler salió del elevador y se detuvo al borde la plataforma superior hasta quedar frente a frente de Optimus Prime, quien lo observó con estoicismo, su placa frontal (rostro en términos cybertronianos) pérdida brevemente en la nada en una postura muy orgánica por parte de la forma de vida mecánica erguida.

"Está bien, Prime", dijo Fowler, colocando las manos en sus caderas: "Vine tan pronto como pude. ¿Qué es tan urgente qué te tiene tan confundido?".

"Agente Fowler", comenzó con un asentamiento Optimus: "Recientemente detectamos los restos de una máquina portal inusual en el desierto. Según nuestra investigación, su tecnología parece ser de origen humano".

Bueno, Fowler parpadeó y luego se llevó una mano detrás de la nuca, girando de un lado a otro en su lugar sin saber dónde poner su vista.

Cierto, esperaba cosas extrañas, pero por parte de los extraterrestres.

"¿Humano? ¿Está diciendo que alguien en la Tierra tiene la capacidad de abrir portales más allá de ustedes cybertronianos?", preguntó con incredulidad justificada.

"Las evidencias apuntan en esa dirección", intervino Ratchet sin despegar la vista a la placa madre perteneciente a lo que antes era un monitor: "Aunque sigo sosteniendo que es imposible. Ninguna tecnología humana debería ser capaz de algo así, al menos no sin la asistencia de agentes externos".

Fowler suspiró y se pasó una mano por el rostro, en parte ofendido por la subestación y en parte de acuerdo por más que quisiera decir que no: "Eso es lo que quiero creer, pero si hay algo que he aprendido en este trabajo, es que la humanidad siempre encuentra formas de meterse en problemas. ¿Tienen algo más aparte de la cosa?".

Optimus asintió y proyectó un holograma con la información recopilada, desde ubicaciones, informes y fotos, hasta una proyección completa del dispositivo hecho escoria que encontró Optimus en el desierto.

"Hasta ahora, los rastros de energía y espacio temporales decodificados han sido inestables, lo que sugiere que el portal no era completamente estable. Si alguien en la Tierra lo creó, puede que ni siquiera tuviera un control total sobre el".

Ratchet bufó, por fin apagando su soplete/soldador alienígena.

"¡Por supuesto que no tenían control! Si esto fue obra de un humano, lo más probable es que haya sido un error catastrófico. No me imagino como, incluso por obra de Primus, un humano entendería los detalles más finos en la física y mecánica que hilan la membrana espacio-tiempo".

"Los humanos pueden ser una especie joven Ratchet, pero no hay que subestimarlos por ello", intervino el Prime posando su mano en el hombro de su amigo, aconsejándolo con la sabiduría proporcionada gracias a la Matrix en su interior.

Por su parte Fowler cruzó los brazos y exhaló lentamente, frotándose el puente de la nariz en lo que sabía que pronto sería un dolor en el trasero (tampoco es que Ratchet ayudara): "Bueno, odio admitirlo, pero no tengo información sobre esto. Nadie en mi departamento ha reportado experimentos así. Pero haré algunas preguntas y veré que averiguo".

"Se lo agradezco Agente Fowler", Optimus asintió antes de llevar uno de sus cerbos a sus receptores de audio/oído y contactar a Bumblebee a través del canal de comunicaciones.

"Bumblebee. Nueva misión, encárgate de investigar los alrededores de donde se abrió el portal después del hackeó", dijo/ordenó Optimus.

Bumblebee por su parte emitió un sonido afirmativo y aceleró en dirección al sitio indicado. Siendo que él ya había recorrido la carretera desde su anterior posición para regresar ya hacía tiempo como respaldo ante la adversidad.

"Bumblebee, ten cuidado allá afuera", advirtió Ratchet de último minuto a su menor, aún desconfiado de todo este asunto.

"Bueno, Prime, si resulta que algún genio loco está jugando con la realidad, será mejor que lo encontremos antes de que haga explotar el planeta", intentó bromear el Agente Fowler con un comentario satírico mientras se daba la vuelta y ajustaba su saco y corbata, después de todo, ¿qué mejor que el humor para apaciguar situaciones tensas? Sin embargo, todavía era algo serio.

En cuanto al líder de los Autobots, Optimus asintió solemnemente, pero parte de él se esforzaba por comprender el extraño humor del hombre negro.

"Precisamente, Agente Fowler. Precisamente".

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En Jasper. De regreso en la Escuela Secundaria Conmemorativa.

Desde la parte más retirada del fondo de la biblioteca. El joven Rafael "Raf" Esquivel, que acaba de ingresar a su 7 año académico, ahora se encontraba tecleando con rapidez y habilidad práctica las clavijas de su Laptop. Pues bien, si por algo se caracterizaba el joven Esquivel, era por su intelecto y familiaridad con la tecnología, independientemente de las ramas que la forman. Un genio en toda la extensión de la palabra.

Como tal, es comprensible que la tranquilidad del lugar le permitía concentrarse sin distracciones, disfrutando de su tiempo explorando en el internet. Desde su ingreso hace casi medio año, la bibliotecaria, Miss Susana, lo había visto ingresar constantemente a lo largo del ciclo escolar, por lo que lo conocía bien y rara vez lo molestaba en sus actividades en los últimos tiempos (no es que lo hiciera en un inicio ni mucho menos, solo... se familiarizaron él uno con el otro).

Desde algunos puntos de vista esto puede ser visto como algo triste, y hasta cierto punto lo era, pero así como Raf tenía algo que muchos otros no. A cambio de su genio, él carecía de lo que otros daban por seguro, en simples palabras, amigos. Y en un entorno tan hostil socialmente hablando como la secundaria, si... el problema se magnifica.

Haciendo de algo 'simple', no muy reconfortable.

Entonces, cuando el leve sonido de la puerta de emergencia abriéndose interrumpió su concentración. Raf alzó la vista, deteniendo sus manos por encima de su teclado, extrañado. Nadie solía usar esa entrada, de eso estaba seguro. Asumió que era alguien de intendencia y volvió a su pantalla (explorando el mundo a través de las imágenes devueltas por satélites en órbita), aunque el ruido de pasos acercándose y deteniéndose en la sala de cómputo adjunta le hizo fruncir el ceño. Puede que su vista sea mala (por eso es que llevaba gafas pese a su edad), pero tenía buen oído para las cosas.

Pocos minutos después, la puerta volvió a abrirse. Esta vez, el sonido de dos pares de pisadas alertó a Raf. Su curiosidad y tren de pensamientos general fue interrumpido cuando una voz desconocida lo hizo brincar en su silla.

"¡Oye! ¿Has visto a alguien raro por aquí?".

Raf levantó la vista y se encontró con una chica de cabello oscuro, parcialmente teñido de rosa y peinado en un par de coletillas gemelas. El azul era predominante en su look, aunque estaba bien equilibrado con los varios colores fuera de serie que contrastan entre sí.

A su lado, un chico de apariencia más seria, aunque su postura sin fuerzas y ojos perdidos delataban desgana, lo observo con cautela y angustia.

"¿Por qué lo preguntas?", dijo Raf mientras inconscientemente hacía rodar la silla en la que estaba sentado (por poco atorándose en las grietas dejadas por las baldosas) y encogía su cabeza entre sus hombros.

Rafael no sabía qué decir o pensar.

"Porque 'creemos' que un ladrón acaba de entrar a la escuela". Respondió el chico mayor, señalando a la chica con su mirada en la palabra clave 'creemos'.

Raf parpadeó y poco después bajó la vista, su mente analizando rápidamente la situación a partir de la información que tenía. Eventualmente conectó las piezas y, tras un corto momento de reflexión, cerró los ojos y asintió de arriba a abajo: "Si... de hecho. No lo vi exactamente, pero lo escuché".

Raf apenas había terminado de hablar cuando la chica mayor que él se inclinó hacia sí con los ojos brillantes y los puños apretados en efervescencia.

"¡Excelente! ¡Dime a dónde se fue!", demandó con impaciencia la joven Rockstar.

Raf parpadeó ante su energía, pero señaló con la mano y observó la puerta lateral al otro extremo de la sala.

"Al salón de cómputo", él respondió, ahora dándose cuenta del posible objetivo del criminal en boca de los niños mayores.

"¡Genial! ¡Vamos, Jack! Vamos a atrapar a un criminal", exclamó, como era de esperar, la chica enérgica. La cual, golpeando su puño contra la palma de su otra mano, dio amplias zancadas al frente con toda la intención de avanzar sin pensar demasiado en los peligros potenciales.

El chico por su parte, acomodando las correas de su mochila, por poco soltó un suspiro de resignación mientras veía a la niña despreocupada y la seguía tres pasos por detrás.

"¡Espera!", interrumpió Raf de pronto, casi sin darse cuenta. Ambos se detuvieron a mitad de camino y giraron sobre sus talones con curiosidad (angustia más que nada el alto adolescente).

"¿Qué pasa?", preguntó la pelirosa, inclinando la cabeza junto a su cuerpo entero.

Raf tragó saliva, algo nervioso por lo que iba a decir.

"Yo... eh, bueno... ¿Puedo ir contigo?", preguntó con un tono que mezclaba duda y determinación, su cabeza cabizbaja en lo que sus ojos miraban sus pulgares en movimientos circulares. Era patético, Raf lo sabía, pero no quería perder esta oportunidad de interactuar y formar parte de un grupo.

No obstante, cuando el Esquivel menor estaba empezando a caer en la madriguera del conejo, la niña frente a él soltó una carcajada y le dio una palmada en la espalda con entusiasmo.

"¡Por supuesto! ¿Qué piensas, Jack?", preguntó con una sonrisa la chica al chico (Jack, ese era su nombre aparentemente), el cual arqueó una ceja, mirando a Raf y luego a niña con expresión impasible.

"Tú me arrastraste hasta aquí, dímelo tú", respondió con sequedad el mayor de los tres.

La niña rió con diversión y le dio un codazo en el brazo al adolescente, sin importarle o ignorando la apatía del joven pelinegro: "¡Bien! ¡Estás dentro!", declaró sin más la extranjera (conclusión a la que llegó Raf), volviéndose hacia el Esquivel con entusiasmo.

Raf, aunque un poco sorprendido por lo rápido que lo habían aceptado, asintió con una pequeña sonrisa: "Okey... gracias". Murmuró eso último no queriendo sonar raro a los ojos de ambos.

Luego, sintió que algo faltaba y, con un leve carraspeo, añadió: "Entonces... creo que sería mejor que nos presentemos antes de hacer esto". Dijo el pequeño prodigio cerrando su computadora portátil y mirando a ambos compañeros.

"Soy Rafael, pero dime Raf. ¿Y ustedes?".

"Jack", el chico mayor fue el primero en responder con un gesto tranquilo, haciendo asentir dentro de su cabeza a Raf tras haber corroborado el nombre de Jack.

La pequeña Rockstar, en cambio, le dio un pulgar arriba y una sonrisa llena de energía: "Miko Nakadai. Un gusto Raf".

"Un gusto igual". Rafael fue cortés, y, dejando atrás su asiento: se levantó, acomodó sus gafas y cargó contra sí mismo su computadora portátil del tamaño completo de su torso. Reanudando por fin la búsqueda del dúo más uno.

—-

"Estado del núcleo... estable. Funciones auxiliares... comprometidas", murmure en voz baja apenas por encima del ruido generado por los ventiladores de la computadora en uso a la par que dejaba en destornillador de punta de estrella en la superficie de la mesa blanca. Fue una suerte que las instalaciones contarán con un equipo adecuado y un ser de herramientas de fácil acceso a mano (debajo del escritorio del profesor).

"Ugh... eso fue horrible... No vuelvas a desmantelarme de esa forma por favor". Una luz tenue parpadeó en la pantalla del MP3 conectado al CPU antes de que la voz de Julio resonara, algo distorsionada, varias octavas más grave e intermitente, pero vivo al fin y al cabo.

Solté una breve risa nasal, histérica incluso, tanto fue el alivio que por un momento pude saborear la sal de mis propias lágrimas inexistentes. Luego, apoyé la frente en una mano, sin importarme lo llena de polvo que estuviera manchando mi rostro.

"Verga Julio, no estabas en condiciones de protestar cuando te saqué de ahí. Además, era eso o dejarte atrás".

Julio pareció procesar la información antes de soltar una risa mecánica casi igual a la mía, sino más cargada de sentimientos: "Sí, sí... Supongo que lo entiendo. Pero aún así, ¡qué desastre! Mi procesador sigue sintiéndose pesado".

Mire los datos en la pantalla, tenía razón.

"Es normal. Necesitas un ajuste fino y yo más respuestas. El Omnitrix escaneó algo antes de que nos transportáramos de improvisto...", luego pensé en lo que había pospuesto hasta este momento, y dije, ya no tan feliz como antes: "Julio... creo que no estamos solos en este mundo".

Julio permaneció en silencio un momento, recordando su altercado en el último hackeó que hizo y que en última instancia derivó a todo esté caos: "¿Hablas de vida alienígena?".

"Si", no vacile.

Mirando el Omnitrix, desde hacía tiempo dejo de ser amarillo para regresar al verde habitual que indicaba su uso operativo: "Allá. En casa, durante todo el fiasco que nos trajo aquí. ¿Recuerdas que los sensores detectaron un violacion en el perímetro?".

"Si, perdón por eso. Yo-".

"Déjalo Julio, ahora no". Fue grosero, el interrumpir a la inteligencia artificial cuando solo quería disculparse.

Más aún creía que no era el momento para eso, nuevos sentimientos negativos por fin son capaces de salir a flote tras haber superado la crisis inmediata y sabía que nada bueno saldría de una disculpa en estos momentos.

Julio, en su suspicacia me hizo caso, se calló y me dejó continuar. Tampoco es como si eso me hiciera sentir mejor u orgulloso.

"Perdón...", me lleve una mano al cuello: "Prometo que luego hablaremos de esto". Extendí ambas palmas en un gesto apaciguador: "Ahora, sin embargo, esto es más importante". Mire el reloj, presionando ambos botones superior e inferior para activar el Omnitrix y mirar, ningún formulario que jamás haya visto previamente.

Antes de que pudiera seguir con mis análisis, un sonido agudo interrumpió la calma: la alarma contra incendios se activó de repente, inundando la sala y a toda la escuela con un estridente ruido metálico a la vez que los aspersores dejaron salir agua a chorros.

"¿Qué demonios...?". Alcé los ojos con las cejas arrugadas en desconcierto.

*Slam*

*Slam*

*Slam*

El sonido de pisadas apresuradas me alertó y gire, ocultando a Julio justo a tiempo para ver la puerta abrirse de golpe.

"¡Te tenemos!". Exclamó una voz de niña, apareciendo de repente en la entrada con una expresión triunfante, señalándome con el dedo en acusación casi hilarante. Detrás de ella, un par de chicos la observaban con nerviosismo. El primero, alto, delgado y de cabello negro, mientras que el segundo niño, obviamente mucho más joven, era chaparro, también complexión delgada, con gafas y de cabello castaño peinado hacía atrás.

"¿Qué...?", dije sin pensar.

"¡Admítelo! ¡Eres un hacker!", me acusó la niña de rasgos asiáticos con exceso de dramatismo.

"Creí que dijiste que era un ladrón...", dijo el menor del trío a nadie en particular mientras resguardaban su computadora del agua con su propio cuerpo encorvado.

El pelinegro suspiró y se frotó el puente de la nariz: "Miko, te dije que no entrarás... Para eso activamos la alarma contra incendios".

"Pero eso no es divertido". Contrarrestó la niña, Miko, con su endeble argumento infantil.

'¿Es una broma?', pensé con escepticismo, desde mi perspectiva también podía ver el mismo pensamiento reflejado en el rostro del adolescente mayor. Y por un momento ambos parecemos asentir el uno al otro de acuerdo con el absurdo de la niña hiperactiva.

Loco ¿Verdad?

El niño encorvado, por su parte, analizó rápidamente la mesa donde estaba trabajando, y vi como sus ojos detrás de las lentes se ensancharon al notar la cantidad de piezas desmontadas, cables y dispositivos electrónicos dispersos.

"Uh... ¿Qué estabas haciendo exactamente?", preguntó con reservas en su ser.

Mirando de soslayo, mis ojos seguidamente recorrieron a cada uno de los adolescentes no mayores de 17: "...Eso depende". Respondí al fin, el morbo de ver cómo se desarrollaban las cosas tan fuera de lugar era demasiado tentativo para dejarlo ir.

De ahí, el silencio se extendió por varios segundos de incomodidad. La alarma y el aguacero seguían de fondo sin parar, aumentando la tensión del momento.