El golpe había hecho que su mente se pusiera al cien, no había momento para la tristeza si quería vivir. El lado más primitivo de la humanidad salió a flote cuando notó el peligro y terror de otro mundo que era la criatura.
Su pecho le dolía terriblemente, era como haber recibido el impacto de un choque a toda velocidad. Recibir otro sin duda terminaría el trabajo que el primer golpe empezó. Despejó sus pensamientos con rapidez y empezó a idear algún tipo de plan. No podía pelear de frente contra algo muchísimo más fuerte que él, no en este momento. Sin armas, sin habilidades y temblando de miedo. "Primero aguantemos hasta que llegue Xavier, es la ruta más segura"
Su pensamiento fue interrumpido por ver cómo la abominación movía su grotesco brazo gigante, mirarla de frente hacia que su cabeza sintiera que explotaría en cualquier momento. Pensó que con esa fuerza mental podría ver a una abominación de rango uno siquiera, pero esa era de un rango más alto indiscutiblemente. "Aquí viene, es recto" la dirección del golpe era previsible. Esta vez no lo tomó de sorpresa a diferencia de antes, se agachó con rapidez y solo pudo oír como la pared ya agrietada se terminaba de romper ante la potencia de ese golpe.
Sin perder ni un segundo salió de la habitación a toda prisa, al diablo los cadáveres, que se vaya a la mierda la oscuridad. No tenía otra cosa en qué centrarse además de la abominación que antes era su madre. El débil silbido de algo moviéndose a toda velocidad se pudo oír, y solo un momento después. Un grito de agonía se escuchó.
— ¡AGH! QUÉ CARAJOS, NO, MI PIERNA - Solo pudo ver cómo caía, no sintió nada cuando la púa atravesó su muslo derecho. La abominación tenía buena puntería además de una fuerza comprable a una bola de destrucción. Deseaba con todas sus fuerzas que aquella aguja no hubiera perforado una arteria, de lo contrario tendría contados los minutos.
Tropezó, sintiendo las vibraciones que el suelo daba por aguantar el peso de los pasos de aquella abominación. Tuvo que obligarse a levantarse, la adrenalina al menos lo ayudó, salió hace poco del hospital y no quería regresar allí. "No, no puedo, MIERDA, MUÉVETE HIJO DE PUTA" intentaba moverse, poniéndose de pie con una de las dos piernas que le quedaban, pero como si la abominación quisiera verlo caer, lanzó otra en su pantorrilla izquierda. Al momento después de eso, sus piernas perdieron el equilibrio y lo hicieron caer, sabía que no debía de esforzarse más o de lo contrario acabaría peor.
Apretó los labios y se arrastró por el suelo como un vil gusano, sentía la presencia de la abominación en su espalda. No podía sentir nada aparte que un ligero hormigueo en toda la pierna derecha, contrariamente en la izquierda sentía como la sangre fluía, pero se forzó continuamente a avanzar, clavando sus dedos en el suelo y arrastrándose. En medio de eso, una sensación en su espalda le decía que diera un giro a la derecha.
En estos momentos era mejor confiar en su instinto, así que sin pensarlo lo hizo, la abominación había atacado con brazo nuevamente, el sonido atronador del suelo chocando contra una masa de carne lo asqueó, pero tenía que aguantarlo. Su respiración se había acelerado, su instinto de supervivencia al menos lo había ayudado.
No tenía ojos en la espalda, pero sí sus sentidos mejorados que ahora daban mucha ayuda en este tipo de situaciones. "¡Por dónde! Al carajo, ¿No puedo avanzar? ¡Dónde sea que vaya me sigue!" Tampoco era una casa espaciosa, aparte de que su muslo estaba sangrando y si no le daba atención, la herida podría empeorar.
Estaban en un maldito pasillo donde... ¡Claro! Podía usar el tamaño de la abominación en su contra, solo si pudiera ponerse de pie con un milagro que obviamente no iba pasar. "Si aguanto un poco más, si aguanto unos pocos minutos" Se repetía constantemente, sentía la mirada profunda y hambrienta de su madre.
Aunque ahora no podía llamarla así, Heim se rehusaba a decirle abominación de manera consciente. Sin perder más tiempo, comenzó a arrastrarse nuevamente hacia delante, era como si fuera un maldito juego de golpea al topo. Solo que con su vida en juego. Al avanzar fijó su vista hacia delante, donde los platos y vasos, además de la variedad de cosas que se habían caído. Ahora al menos lo ayudarían.
Extendió su mano y rozó algo frío además de duro: una lámpara de mesa, rota y tirada en medio del pasillo. Con esfuerzo, la levantó, tratando de sostenerla como un arma improvisada. Su respiración era pesada, cada inhalación un recordatorio de su dolor y su lucha por sobrevivir.
Titubeó unos segundos que casi le cuestan la vida porque otro golpe se hizo presente, pero esta vez fue considerablemente más lento.
Como si la abominación estuviera dudando al igual que él, Heim no se quería hacer ideas pero... Quizás había un rastro de consciencia aún en ella. Sin perder más tiempo lanzó la lámpara para ganarse algo de tiempo en lo que su madre retiraba su puño clavado en el suelo.
Avanzó un poco más y de repente, su teléfono vibró en su bolsillo. Con dedos temblorosos, lo sacó y vio un mensaje de Xavier: "Estoy cerca, aguanta un poco más." La chispa de esperanza en su interior se avivó. "Vamos, solo un poco más," se dijo, aferrándose a esa última gota de esperanza mientras la abominación se acercaba lentamente, cada paso resonando como una sentencia de muerte.
Al ver que el pasillo se había acabado porque, obviamente no era infinito. Se abrió el espacio de la sala de estar. Los cuerpos estaban ahí aún, los charcos de sangre con cadáveres inexistentes estaban mojando su ropa y extremidades. Pudo recargarse en la pared, su par de piernas tambaleantes querían caer al suelo para evitar del uso forzoso que Heim les quería dar.
Pero al momento donde quiso levantarse, la abominación se acercó y lo tomó de la cabeza. Apretándolo con cierta fuerza pero aún sin la suficiente para arrancarla o explotarla. Era mejor así, ver a la abominación de frente haría que su mente sucumbiera a la locura, mientras que de espaldas como está ahora. Podría evitar aquello.
Pero entonces, un ligero brillo delante de él empezó a hacerse mucho más fuerte, no era solo uno. Eran varios.
En ese momento pudo ver que las ventanas de su casa estaban rotas, los pedazos de vidrio estaban en el suelo. ¿En qué momento? Porque Heim hubiera escuchado el crackeo que harían cuando fueran rotas. La capacidad de esa abominación... Daba miedo. Entonces una flecha de fuego se avivó a la lejanía, Heim podía ver las llamas formarse y en pocos segundos, soldificarse y al instante ser disparada en su dirección.
Se asustó, cerrando los ojos y entregándose a lo que sea que fuera a pasar. Pero... No sintió nada, la flecha lo atravesó sin herirlo, pero al instante que tocó a la abominación causó una explosión que hizo que fuera empujado hacia delante con tremenda fuerza.
Al tocar el suelo, inmediatamente se giró para ver a la abominación gritar de sufrimiento y ser quemada viva, las llamas danzaban alegremente. Consumiendo la vida de su madre, de su monstruosa madre.
Pasaron unos segundos así, hasta que la abominación saltó hacia afuera. Como si estuviera huyendo. Pero ya no le podía dar importancia porque se estaba desmayando. Todo había acabado y el golpe de adrenalina también, entonces así Heim cayó de nuevo.
Mientras que allá afuera de su hogar, algo más estaba sucediendo.
...