Chereads / El primer cultivador que se reveló contra Dios / Chapter 17 - Una noche de deseos

Chapter 17 - Una noche de deseos

Viajando junto a las tres mujeres, como era de suponer, llegó la noche. Lucsus, antes de que todo terminase cubierto por una oscuridad palpable, decidió encontrar un lugar para que pudiesen dormir y estar seguros de las bestias terroríficas nocturnas.

Lucsus pregunta a Luz:

—¿Qué te parece dormir en los árboles? —con una sonrisa.

—¿Por qué en los árboles? —responde Luz con una pregunta.

Luz estaba sorprendida, puesto que no entendía aparentemente por qué dormir en los árboles sería una opción.

Lucsus, sorprendido, hace un gesto con la mano explicando:

—Si no es un lugar alto, animales muy fuertes tendrían la cena servida.

Luz ríe y se tapa la boca, y al reír con más fuerza para no mostrar más que su dentadura, dice:

—Desde ese punto de vista tienes razón. Sin embargo, hay animales que pueden escalar, y sin incluir los pequeños y venenosos que mayormente están en los árboles. Técnicamente, aunque estés en un árbol, es como estar expuesto a una gran cantidad de peligros.

Lucsus responde con una sonrisa de desdén:

—Eso es bastante obvio. Sin embargo, la posibilidad de que te ataquen es más baja, ¿no crees? ¿O acaso la brillante chica tiene una mejor idea?

Luz lo mira y frunce el ceño con delicadeza:

—Ah, chico listo, admito que no se me ocurre una mejor idea, pero sí tenemos un método de acampado.

Luz mete la mano en su short gris corto y saca cuatro pequeñas piedras de aspecto viejo. A simple vista, parecían migajas.

—Estas se llaman piedras de laberintos —dice sin mucha explicación.

Luz entierra una de las cuatro piedras. Lucsus, sin preguntar, se queda mirando. Luego de que Luz enterrase la piedra, esta emitió una luz verde y guardó las otras tres.

Luz ve a Lucsus y dice:

—Esa luz es la piedra diciendo que el lugar es apto para salir. A diferencia de una semilla, este sale y puede volver a la forma de una piedra.

Un espacio de varias líneas verdes comenzaron a aparecer en forma curvada alrededor de las cuatro personas presentes.

—En nuestro pueblo solo hay alguien capaz de manejar el laberinto —dice Natacha—. La única que ha completado el laberinto es Luz, por ello es la única capaz de portarlo.

Luz se queda mirando la semilla y pide a Lucsus que voltee hacia otro lado. Lucsus, muy sorprendido, pregunta la razón, y esta se le ponen las orejas rojas.

—¿Por qué? —pregunta Lucsus, aún con más incertidumbre.

Natacha explica:

—Puede que el proceso de formar el laberinto sea algo que a Luz le dé vergüenza mostrar a un hombre, así que, por favor, date la vuelta.

Sin más detalles, Lucsus solo volteó. Luz, por otra parte, metió la mano en la piedra ya enterrada, y esta comenzó a palpitar. El cuerpo de Luz temblaba y palpitaba. De pronto, raíces comenzaron a surgir desde el lugar de donde la piedra fue enterrada.

—No puede ser, cada vez es peor —dice Luz murmurando, mientras aguanta las ganas de gritar. Las raíces comienzan a sujetarla por todo el cuerpo. En cuanto al laberinto, se iba construyendo alrededor de Lucsus y las demás.

Lucsus observaba cómo las raíces se entrelazaban y tejían, formando paredes muy altas y curvadas. Lucsus quedó más que impactado.

—¿En verdad esa mujer es capaz de hacer algo tan asombroso? ¿Y cómo lo hace?

Lucsus volteó sutilmente y vio a una chica con cabello marrón y piel blanca jade. En este escenario, Lucsus notó que el cabello de Luz en verdad no era marrón, sino que tenía un tinte puesto, ya que vio mechones negros. Luz estaba siendo sujetada por raíces por todas las partes de su cuerpo, y esta estaba roja, en especial por el lado de sus piernas, además de estar en una posición muy sensual que le dificultaba el respirar.

Lucsus terminó de voltear y caminó hacia donde Luz. Las dos chicas quisieron detenerlo, pero no quisieron incomodar a Luz y solo hicieron señas para indicar que no interfiera.

Lucsus llegó al lugar de la sensual escena y vio que a Luz las lágrimas casi se le salían. Solo se agachó al lado de ella.

—¿Terminaste? —preguntó Lucsus con voz serena.

Luz se sorprendió y dijo:

—¿Qué haces? Te dije que no voltearas —con voz alarmante y preocupada.

Lucsus sonrió y dijo:

—No te preocupes, no es como si fuese una vista desagradable. Pero más importante, si esto te demanda mucho, ya no importa. Encontraremos otro método.

Luz suspiró. Su cara roja y su vergüenza estaban escritas en su rostro.

—Es solo que ya casi termino. El laberinto se extiende como si fuese una parte de mí, y las raíces crecen de mis hormonas. Por eso estoy en este estado.

—En otras palabras, las raíces que te aprietan están alimentándose de ti como sanguijuelas —dijo Lucsus.

—Así es —dijo Luz—. Por eso palpitan.

Al decirlo, Luz se sonrojó, pues las raíces se alimentaban de sus fluidos y energía sexual, y no quería que Lucsus se enterase.

Lucsus, por otra parte, ya se hacía una idea, sin embargo, hizo la pregunta:

—¿Por casualidad se alimentan del placer?

Luz se estremeció y dijo:

—No preguntes lo obvio.

Lucsus...

Minutos más tarde

Lucsus y las chicas se encontraban en forma circular alrededor de una fogata.

Natacha dijo:

—Bueno, no sé si ya entendiste el mecanismo de este laberinto, pero hasta una persona inteligente se le dificultaría encontrarnos en este laberinto, mucho menos una bestia. En cuanto a los animales que escalan, como culebras o arañas, se pierden en las curvas de las paredes.

Lucsus ya se había hecho una idea con la información que le dio Natacha.

—¿Quiere decir que en la estructura de las paredes también están formadas en distintos caminos verticales?

Vieji interrumpió y dijo:

—Así es, pero estas solo surgen si algo intenta escalarla.

Lucsus asintió:

—Ah, entiendo. Es muy interesante lo que hacen esas piedras.

Y preguntó a Luz:

—¿Eso que hiciste no lo puede hacer cualquiera, o sí?

Lucsus aún podía ver una tenue vergüenza y coloración en las mejillas de Luz, pero esta no perdió su compostura y dijo:

—Hay muchos pueblos, pero en mi poca experiencia no he conocido a alguno que sea poseedor de piedras como esta o que sea capaz de hacer algo como esto. Si hablamos de pueblos, nada más. Pero en esta grieta, es como si no fuésemos nadie. Sobreestimamos mi talento. No pude hacer nada delante de un competidor de un pueblo guerrero, ni mucho menos un leopardo.

Las dos chicas bajaron la cabeza, y Natacha dijo:

—Pensamos que con estrategia podríamos llegar a ganar, pero tan solo los peligros, como los monstruos o competidores, quitaron nuestra confianza.

Luz miró a Lucsus y le preguntó:

—¿Y tú qué haces aquí?

Lucsus dijo:

—Solo trabajaba como apoyo a los talentos.

Luz se impresionó:

—Ah, entonces eres de los apoyos. ¿Entonces el ayudarnos es tu trabajo?

Lucsus respondió:

—Solo trabajé por un instante, ayudando a alejar las bestias del centro de la grieta. Sin embargo, actualmente ya no trabajo.

Luz dijo:

—Ah, me adelanté. Entonces, ¿solo nos ayudas por decisión?

—Se podría decir que sí —dijo Lucsus muy sereno.

Luz sonrió y dijo:

—Qué extraño eres.

Natacha se comenzó a reír y dijo:

—Más extraño es el trabajo que tenías. Alejar a los monstruos es algo muy peligroso, pero quién diría que ayudaría a gente como nosotros a no ser comidos tan rápido.

Lucsus asintió:

—Es verdad. A mi parecer, solo competirían gente que fuese capaz de lidiar con bestias, pero aplica igual que en el trabajo.

Luz se sorprendió y dijo:

—En un trabajo, si tienes que estar calificado, porque directamente te enfrentas a monstruos. Si no, puedes morir.

Lucsus dijo:

—Estamos en la misma.

De Luz brotó una mirada de comprensión, aunque ambos se sentían agobiados porque las cosas no marcharon como debían. En el caso de él, era más necesario, y no como ellas, imprudentes.

—Pero lo bueno es que te enseñaron —dijo Luz.

Lucsus negó rotundamente con un gesto:

—Solo me dieron una cuerda. El cómo yo lo enfrentase solo dependía de mí.

Las tres chicas quedaron perplejas.

—¿Pero entonces ya tenías experiencia en trabajos similares? —preguntó Natacha.

Lucsus nuevamente negó:

—Solo sobreviví como pude, y ahora hago lo mismo. Ahora aquí, y decido llegar al final de esta grieta.

Todas estaban sorprendidas, pero solo a Luz se le ocurrió hacer una pregunta:

—¿Por qué quieres completar la grieta? A estas alturas, ganar no es muy realista.

Lucsus sonrió débilmente:

—Así es. Solo quiero aprender, nada más. Luego allí decidiré qué otra cosa voy a hacer.

—Es una locura. ¿Por qué no solo regresarse y conseguir un trabajo normal y tener una vida normal? —pensó Luz.

Lucsus se quedó viendo a Luz y le dijo:

—Este soy yo, y lo que me impulsa a seguir no es lo mismo que a la mayoría.

—Es como si me hubiese leído la mente —pensó Luz.

—Muy bien, vamos a dormir —dijo Lucsus, apagando la fogata y acostándose.

A la media noche, Luz, Natacha y Vieji se encuentran discutiendo, lo cual hace que Lucsus se despierte. Vieji dice:

—Ese chico no se alinea con nosotros. Hay que irnos por otro lado. Podemos caminar por el laberinto con orientación a la salida de la grieta.

Natacha y Luz no parecían muy convencidas.

—Pero el chico no parece mala persona. Quizás podamos acompañarlo un tiempo —dijo Natacha.

—Ni hablar, yo no iré —dijo Vieji.

—¿En qué dirección del laberinto se sale de la grieta? —preguntó Natacha.

—De frente a la izquierda —dijo Luz.

Natacha dijo:

—Está bien, no queda de otra.

En cuanto a Luz, dijo:

—Yo las alcanzaré. Estaré un tiempo más con él. No es bueno irnos así sin más. Váyanse, yo le explicaré cuando despierte más tarde.

Al irse las otras chicas, Luz se duerme. En medio de la madrugada, se levanta y se acuesta al lado de Lucsus. Esta comienza a acercarse y tocarlo.

Lucsus se despierta y Luz le sonríe.

—¿Ocurre algo? —pensó Lucsus.

—No, nada —dijo Luz, y esta hace un movimiento que Lucsus no había calculado.

Luz, con su rodilla, toca una parte prohibida y genera en Lucsus una reacción normal ante dicha situación.

Luz, en cambio, luego de la reacción, se voltea. Una reacción no esperada en Lucsus, lo cual era normal, puesto que él no estudiaba reacciones en estos casos.

Ahora era Lucsus el de la iniciativa. La tocó por la cintura y piernas, y esta no hacía ningún ruido, lo cual le quitaba tensión en la situación, pues Lucsus quería ver aquella reacción como cuando formaba el laberinto. Tan solo la rozaba en las partes, al intentar hacer algo diferente, a ver si esta se animaba a algo diferente. Esta se apartó y se escuchó un sonido de filo.

La chica está frente a él con un cuchillo. Lucsus se levantó y no podía ver bien la expresión de Luz. Luz apretó el cuchillo y con aspavientos comenzó a decir:

—¿Qué te sucede? ¿Por qué me asaltas de repente?

Lucsus se quedó sin palabras y decidió guardar silencio.

—¿Crees que porque estoy sola vas a violarme? Yo tengo cómo defenderme —dijo Luz.

Lucsus solo sentía una emoción ante esta situación, y no era culpa, miedo ni siquiera sorpresa. Sentía rechazo.

Lucsus pensó:

—Si no querías, ¿por qué no dijiste una sola palabra? Dudo que tus intenciones sean hacerme sentir el villano, pero ¿por qué lloras? Pensaba

Luz apretaba los dientes y lágrimas salían de ella.

—Voy a deshacer el laberinto. No me importa que me coman las bestias, pero prefiero eso a perder mi dignidad.

Lucsus pensó nuevamente:

—Esto, esta situación, yo mismo dejé que llegase hasta este punto. Las emociones y el corazón de una mujer no son cosas sencillas de lidiar. De alguna manera, sé que Luz pudo haber actuado de manera más apropiada, pero no es como si me disgustara su forma de actuar.

Es contradictorio, pero esto no me hace sentir culpa, sino arrepentimiento de no haberme dado cuenta antes de que ella quería frenar, aunque no hizo un gesto, una palabra o un sonido de desaprobación.

Lucsus asintió y caminó hacia un lado del laberinto.

Luz gritó furiosamente:

—¿Por qué te vas? Ahora yo parezco la mala. ¿Ni siquiera me vas a forzar? ¿O es que estás consciente de que si me haces algo no saldrás de este laberinto?

Lucsus volteó a donde la hermosa chica de piel jade y, con una sonrisa, dijo:

—Sin mí aquí, ya estarás a salvo. Y si nos volvemos a encontrar, quizás yo no confunda más tus actos.

Y siguió adelante. Luz quedó sola y cayó de rodillas.

—¡Maldita sea! —dijo Luz.

—¡Por allí te vas a perder! ¡No lograrás salir si no encuentras la salida! ¡Trepa la pared! —gritó muy fuerte.

Lucsus escuchó desde lejos esas palabras.

—Eso me será muy útil. Por lo menos, no pasaré otro mal rato.

Luz lloraba y recordaba

Aquel guerrero fue seducido por Natacha para robarles las pertenencias y así poder regresarse de la grieta lo antes posible. Este tenía píldoras y un cuchillo, y en un momento que se distrajo, salieron corriendo. Este les siguió el rastro y encontró a estas tres chicas. Intentó agarrar a Natacha, y un leopardo saltó y lo agarró por la garganta. La escena las aterrorizó.

—Por nuestra culpa, un sujeto murió, y ahora tendremos que huir mientras lo despedazan —dijo Natacha.

—No, espera —dijo Vieji—. A este sujeto lo logramos engañar porque se separó de su grupo un momento. Si corremos en dirección equivocada, seremos atrapadas. Hay que ocultarnos.

—Pero si nos quedamos cerca, el leopardo nos despedazará —dijo Natacha.

—Soy una cazadora en mi pueblo. Con este cuchillo sabré cómo defenderme si ya sé por dónde aparecerá el leopardo. Además, ya está comiendo. Se tomará su tiempo.

Luz no era muy cercana a estas chicas, pero barbaridad tras barbaridad tenía que hacer para sobrevivir. Tenía que obedecer las leyes de supervivencia. Así es, no sabía qué hacer ante esta situación tan desagradable, y de repente aparece un joven.

Después de hacer huir al leopardo, se acerca a donde ellas. Era claramente un enemigo. Vieji dijo:

—Actuaremos como si estuviésemos indefensas, y si se acerca, le acuchillaré.

Al entrar el joven, Luz no sintió una mala intención y sintió algo familiar. Antes de que Vieji lo apuñalara, esta le saltó encima y lo abrazó. Estas entendieron que fue la señal de Luz para decir que no siente hostilidad. Sin embargo, no sabían que Luz, en esta situación, se sintió en calma, cosa que no había sentido en esta grieta, y no sabe si fue por el sudor o el ambiente de supervivencia, pero adicionalmente sintió atracción.

En el presente, las palabras de Vieji resonaban en los oídos de Luz. Antes de irse en silencio, le entregó el cuchillo, el cual Luz se negó, sin embargo, terminó aceptándolo.

Y Vieji le dijo:

—Los hombres son animales. No te puedes confiar. Una vez que empiezan, nada los detiene.

Luz se preguntó:

—¿Me pregunto si eso será cierto?