**En el coliseo:**
Sebastián se niega a creer que alguien pueda gobernar al mundo mejor que Roblox. El poder y el mundo están de parte de él.
Absolutamente nadie podrá detener este destino tan grande que le depara el mundo. Toda la vida ha sido un mayordomo, ha sido humillado en innumerables ocasiones y ha tenido que fingir clase ante insultos de nobles ricos de cuna que no saben lo que es ganarse las cosas.
Ha perdido el tiempo educando a jóvenes maestros que terminan siendo mujeriegos y genocidas que matan a placer.
Delante de este mayordomo, actualmente, estaba un nivel de amenaza muy alto, el cual era su segunda y tercera al mando: Bony y Celica, además de la condesa y el grupo de esta. Todo parecía estar en contra de Sebastián, pero este tenía un as bajo la manga. Sacó un radar y dijo:
—Ya es tarde. Roblox se acerca a este coliseo y nadie se irá de aquí. No dejaré que nadie se escape. Son poca cosa para mi rey.
Sebastián dispara con la ametralladora a todas las personas a su alrededor. El coliseo se había convertido en polvo y aire lleno de un olor a pólvora que inundaba todo el campo de batalla.
Este mayordomo, que por fin se le había valorado por sus esfuerzos, no dejaría que personas acabasen con su semirreino y reinado próximo de Roblox.
Al disiparse un poco el polvo, lo primero que vio Sebastián fueron unos ojos agrietados incandescentes que lo miraban como si albergaran un odio profundo y una superioridad que no tenía unidad de medición.
Irina se movió a una velocidad increíblemente rápida. Sebastián se asustó y disparó un rayo; su ametralladora tenía la habilidad de transformarse en un láser. Irina lo esquiva con la misma agresividad con la que se acerca, sin hacer un movimiento innecesario.
Sebastián estaba a punto de ser alcanzado por Irina cuando saca de su traje un pequeño mantis metálico gris que aprieta y destruye con las manos. El mantis que destruyó en sus manos era lo suficientemente pequeño para que, por lo menos, tres ocuparan el espacio de una mano de una persona promedio.
Segundos después, una mantis robot se reconstruye de los pedazos esparcidos. Esto alerta a Irina, y esta se queda a dos metros de distancia de Sebastián.
La mantis creció a un metro de altura mientras terminaba de construir sus partes, y estas aumentaron a un tamaño que no concordaba con los metales primarios.
Al cesar todo el polvo, Bony entrecierra los ojos.
—No podía haber peor decisión por parte de este mayordomo. Ese es el mantis de Roblox. Así como mi lanza, este es el arma más fuerte concedida por el semirrey que se hace llamar Rey Roblox.
Celica se sorprende porque no pensó que Sebastián recurriría a su armamento más fuerte, puesto que, por alguna razón, Roblox le prohibió su uso a menos que este fuese delante de Roblox.
—Algo anda mal —dice Celica muy incrédula—. Sebastián no es de desobedecer órdenes.
De pronto, una cara de sorpresa aparece en Celica.
—Ya entiendo. Roblox quizás analizó una posible traición y le ordenó que actuase según las circunstancias.
Bony levanta las cejas.
—¿Nos quiere matar por traición? ¿O es que acaso tiene algo más planeado?
Celica.
—No lo sé.
Sebastián se inclina con una reverencia al mantis, baja su cabeza con gotas de sudor recorriendo toda su cara.
Irina, incrédula, pregunta a Celica el motivo de las acciones de Sebastián.
Celica.
—El mantis es un arma sumamente fuerte diseñada en el semirreino experimental. Estas armas tienen el poder de elegirte, y si no eres digno, este te da un severo castigo.
Bony interrumpe y dice.
—Solo Gabriel, del reino experimental, sabe qué evalúa el arma y los dichos castigos que este otorga. De igual manera, informa a Roblox.
Sebastián, aún postrado de rodillas, comienza a recitar frases aduladoras.
—Oh, gran mantis, arma divina, eres parte del semirreino militar ahora y libre de elegir al súbdito más leal de Roblox. Conmigo estarás a salvo, seré tu compañero y nunca te traicionaré.
Sebastián aún mantiene la cabeza en el suelo. De pronto, la incertidumbre llega, puesto que no recibe respuesta del mantis, y decide levantar de poco a poco la cabeza para encontrarse con los ojos verdes del mantis.
Este alza sus pinzas y le corta la cabeza a Sebastián con un corte limpio. La cara de desesperación de Sebastián antes de dicho corte no era menos que la de un animal al que se le enseñaba el arma con que lo ibas a matar.
Justo antes de que el mantis proporcionara el golpe, Sebastián pensó.
—¿Por qué no me eliges si yo soy el mejor compañero?
Irina entrecierra los ojos ante la escena en donde Sebastián es cortado, y la sangre sale impulsada hacia arriba como una fuente. La escena grotesca dejaría perplejos a Kevin, Rías y Yeli; sin embargo, para Celica, Bony e Irina, no estaba ni cerca de convertirse en lo más abominable. Pero el que lo hiciera un arma hecha por un humano sí era impactante para ellas.
Irina no le quita la mirada al mantis, y segundos después, el mantis abre la boca y comienza a comerse la cabeza de Sebastián.
Bony, que no esperaba que algo así pasara, apretó los dientes.
—¿Cómo puede una máquina comerse a un humano?
Sostuvo su lanza, y esta se cubrió de una energía azul que cubría todo el borde de la lanza.
—Destruyelo —dice.
Suelta la lanza, y esta sale disparada hacia el mantis por sí sola.
Irina se mueve hacia un lado.
El mantis, antes de que la lanza lo alcanzase, ya se estaba agrietando por la gran fuerza que emitía la lanza de Bony. Para cuando llegó a la cabeza del mantis, una onda explotó y destruyó el cuerpo robótico del mantis en trozos.
La lanza no termina allí su movimiento y golpea la pared del coliseo, la cual se destruye con facilidad.
Celica queda estupefacta, pues no a menudo podía ver la fuerza de Bony. Era realmente la más fuerte del semirreino militar, después de Roblox.
Irina no quitó la mirada del mantis, puesto que aún no conocía su funcionamiento; sin embargo, este no dio signos de reconstruirse.
Yeli suspira.
—Ese mayordomo fue destruido por su misma arma. No pudo haber tenido una muerte más miserable. Todavía se le inclina a un arma, y esta no solo lo rechaza, sino que acaba con él.
Rías frunce el ceño a Yeli.
—La muerte de una persona no se resume solo a morir por orgullo.
Yeli.
—Está bien, lo entiendo. Sin embargo, qué herramienta tan extraña.
El ritmo cardíaco de Rías se acelera, y sus nervios comienzan a palpitar de una manera alocada. Comienza a jadear, hasta que aprieta los dientes.
Yeli se preocupa.
—Rías, ¿qué te sucede?
Como era de esperarse, esto llama la atención de todos los presentes.
—¿Qué le ocurre? Pregunta irina
—De pronto comenzó a temblar y jadear
—Yo, yo... —intenta decir algo, pero las palabras de rias no le salen.
Celica dice
—Déjame ver.
Activa sus ojos, y la mitad del iris rojo empieza a brillar a un rojo fuerte de una manera ferviente, y la otra mitad del iris negro comienzan a formarse puntos blancos en forma de estrellas.
Los ojos de Celica eran especiales, pues en cada ojo tenía dos colores distintos.
Celica evalúa con su visión y puede ver los órganos y el estado de estos. Nota que una energía está entrando al cuerpo de Rías y tratando de entrar en los órganos de ella.
Celica.
—Parece que una fuerza le está tratando de robar la energía en su cerebro.
Kevin.
—¿Hay algo que podamos hacer?
Celica.
—Encontrar la fuerza que le genera esa presión, porque Rías no se deja absorber, pero tampoco sabe cómo expulsar la energía que está entrando en ella.
Irina.
—Espera un momento. La niña es una genio para detectar organismos.
Celica.
—¿Dices que es como yo?
Irina.
—Diferente. Ella, a diferencia de ti, no ve los órganos y energía. De manera distinta, siente las pulsaciones del estado mental, incluida la sangre que está bombeando.
Celica hace un gesto en su cara como si no hubiese entendido; sin embargo, había ocurrido totalmente lo contrario.
—Esta niña es una genio entre genios. Eso es el antiguo linaje que acabó con la caída de varios reinados, llamados la Secta Eyes.
Irina.
—Así es, pero esta creo que tiene una variación distinta. Se guía por el sonido y no por la visión.
Celica.
—¿Quieres decir que aún no desarrolla su visión, en cambio desarrolla el oído?
Irina.
—Así es. Por eso no pudo penetrar en mi mente, puesto que emite inconscientemente ondas para detectar a los seres vivos.
Celica.
—De eso nunca había oído hablar, pero suena a una mezcla de genes.
Irina.
—No lo sé, pero el punto es que sus ondas detectan a un ser vivo que la deja en esa condición.
Celica.
—¿Pero quién podría causarle tanto daño con solo respirar?
Bony extiende su mano, y la lanza vuelve hacia donde ella. Esta vez le quita el listón rojo, y esta comienza a cubrirse con un manto delgado de electricidad.
—Creo que tengo una idea de lo que le pasa a la señorita Rías. Yo también detecto una anomalía, y no es Roblox.
Otra vez, la lanza vuela por sí misma y sale disparada hacia arriba, girando, haciendo un pequeño tornado eléctrico alrededor de la lanza.
De pronto, una explosión llega al oído de todos los presentes. La lanza agrieta un vidrio invisible en el espacio. La grieta recorre varios metros y luego se reconstruye rápidamente y rechaza a la lanza. Esta cae a una velocidad mayor de la que fue lanzada hacia donde Bony.
Bony extiende su mano, y esta se detiene de golpe en medio del aire. La onda sónica fue lo suficientemente fuerte como para que el polvo y las piedras volaran a una gran distancia en el pavimento.
Celica cierra los ojos, y al abrirlos, su iris está rojo y la otra parte estrellado, como si fuese una galaxia. Apunta con el brazo de metal en donde tiene un agujero negro, que es el derecho, y dispara una onda sónica. Esta vez, la onda sónica no derrumba la pared como antes, sino que se mantiene intacta.
Rías se pone roja y hasta fiebre le da. La belleza escarlata de ojos azules está siendo sostenida en el regazo de Yeli, y por fin, palabras salen de su boca.
—Es una barrera. El organismo viviente es una combinación entre Sebastián y el mantis.