Por culpa de Adrián Zhekova, hacía mucho tiempo que no probaba la comida de Cindy Clarke.
Ella la pedía con insistencia.
—¿Así que extrañas mi cocina y no a mí ni a Morgan? —dijo Cindy Clarke entre risas.
—¡Jejeje! Los extraño a ambos, pero no tanto como extraño tu comida. Es una tortura para mi estómago —dijo Peggy Lewis.
—Está bien. Si estás por aquí por negocios, ven y cocinaré para ti. O puedo cocinar para ti al mediodía y enviártelo —respondió Cindy Clarke.
—¿No le estás enviando siempre el almuerzo a Adrián al mediodía? —preguntó Peggy Lewis.
—Exacto, no es problema. Simplemente duplicaré la porción cuando cocine para él y será suficiente para los tres. Antes de llevarle el suyo, pasaré primero por tu empresa —respondió Cindy Clarke.
—Eso es demasiado complicado, no te molestes tanto. En cambio, iré yo hacia ti —respondió Peggy Lewis.
¡Qué gran gesto de desaprobación haría Adrián si se enterara de esto!