—No. Intenta de nuevo.
Una vena palpitante sobresalía en la frente de Abadón.
—Courtney… ¿no es todo esto un poco innecesario?
—Para nada. No saldrás de esta casa hasta que parezcas un papá completamente normal, respetable y aburrido. Cada vez que vienes a mi escuela, me llega un nuevo montaje seductor tuyo al teléfono ¡y estoy harta!
—Mi forma humana es ya lo más mundana posible —insistió.
—Mentira. Mides seis pies y cinco pulgadas y estás construido como un jugador profesional de fútbol. Y tienes un rostro que cualquiera con un cerebro funcional amaría.
—Tienes una manera extraña de hacerme cumplidos —Abadón rodó los ojos.
—Te quiero, papá.
—Sí, sí.
Extendió la mano hacia el fondo de su armario para buscar algo que su hija considerara un atuendo aceptable para salir en público.
Fue lo más difícil que había hecho en tiempos recientes.
—¿Chándal?