Cuando la luz dejó de ser deslumbrante, Abadón y Bekka se encontraron en un lugar completamente diferente.
Una hermosa gruta boscosa situada justo debajo de una cascada tranquila.
Los pájaros cantaban, el cielo era azul y hermoso, y el sol brillaba en perfecta armonía con todo ello.
Era un paraíso forestal ideal. Demasiado tranquilo para ser real.
Y sin embargo, la pareja nunca se había sentido tan tensa.
—Un reino divino... —se dieron cuenta.
—No me gustaba este plan al principio, pero debo darle crédito a ese tipo Thoth. Funcionó justo como él lo diseñó.
Abadón y Bekka siguieron la voz hacia un acantilado que daba al banco del río.
Críos estaba de pie al lado de una mujer que ninguno de ellos había visto antes.
Ella estaba casi totalmente desnuda, con sus únicos cubrimientos siendo las verdes enredaderas que circundaban su cuerpo desde el cuello hacia abajo.