- "Ugh, mi cabeza."
Mi cabeza daba vueltas. El peso de no haber dormido volvía a mis hombros. Miré mis manos, se veían jóvenes de nuevo, al menos más jóvenes de lo que eran.
Miré alrededor con un enorme desprecio. Había visto ésta misma habitación miles de veces.
- "¿Amo, ya ha despertado?"
Una voz femenina llamaba, mientras que la puerta de la habitación se abría. Una mujer de pelo, sumamente largo y muy enredado; y ojos verdes claro, una piel blanca como la nieve y el cuerpo de una joven muy delgada; se postraba firme en la puerta.
- "¿Quién eres tú?"
- "Pero que dice, amo. Me alegra que haya despertado."
Una sonrisa macabra se mostró en su rostro al decir esas palabras. Dejó una bandeja con unos trapos y una jarra, llena de algún líquido, encima de la mesa de noche. Mojó uno de los trapos y se acercó a mí.
- "Acérquese amo, debemos ponerle esto para cuidar su salud."
Me mantuve en mis pensamientos, mientras que la joven frotaba el pañuelo húmedo sobre mi frente. Una sonrisa muy espeluznante se mostraba en su cara todo este tiempo.
Agarré su mano, deteniendo la actividad que realizaba. No dije ninguna palabra.
- "¿Sucede algo amo?"
[¿Pero qué mierda ha hecho el yo de ésta línea temporal? ¿Capturar a una joven y obligarla a ser mi esclava? Ugh, se nota que era un ser muy despreciable en esta línea temporal, a tal punto que he perdido la ruta de mi misión.]
- "Dime tu nombre."
- "Amo, realmente le gusta jugar, ¿eh?"
- "¡MALDITA MOCOSA, RESPONDE A LA PEGUNTA!"
Se quedó callada. En sus ojos, logré ver sorpresa por unos segundos; pero luego bajó la cabeza. Su pelo verdoso empezó a moverse por sí mismo; se enredó en mi cuerpo y me tiró contra la pared. Escupí un poco de saliva acumulada por el dolor.
- "¿Quién eres tú y qué le hiciste a mi amo?"
En sus ojos, logré ver una fría y horripilante mirada. El agarre de su cabello no estaba nada mal, pero no era suficiente. Con la enorme cantidad de maná que obtuve a lo largo de mis siglos, me liberé de su enredadera; corté sus cabellos con una cuchilla de fuego y usando magia de aire la expulsé contra la pared.
- "Guau. Nada mal, para ser una jovencita. Ahora... dime cuál es tu nombre y tu propósito aquí."
- *cof* *cof* "Mi nombre es Jied. S-soy la esclava y mano derecha de mi amo y tú... ¡PERECERAZ!"
Logrando escapar de mis cadenas de aire. Me lanzó otro ataque de cabellos.
- "¿Sabes? Tu control de maná corporal, es excelente. Pero tus habilidades... no tanto."
Corrí hacía su espalda con cuchilla de fuego en mano, y corté su pelo desde casi la raíz capilar. La agarré del brazo y la tumbé en el suelo.
- "Ahora... ¿Quién es el que sonríe?"
Solté una pequeña carcajada. Jied era un ser muy interesante, mucho más de lo que me esperaba.
- "Dime, pequeña Jied. ¿Eres una ninfa del bosque, ¿verdad?"
- "¿Una qué?"
- "¿No lo conocen por ese nombre? Hmmm... ¿Te suena familiar el término Herbario?"
- "¿Y a ti que te importa?"
Con esas palabras, mis sospechas estaban completas. Solté a Jied. Ella se echó para atrás, y se puso en modo defensivo.
- "Tranquila, niña. No pienso hacerte daño."
Con magia curativa, le regeneré el pelo verdoso que tenía. Caminé fuera de la habitación, seguido muy de cerca por Jied. Caminando por mi "hogar", llegué rápidamente a la sala principal; donde encontré a otros 3 seres.
Ellos sintieron mi presencia. Se levantaron y marcharon firmemente hacía mí. Al acercarse pude observarlos mejor. Un golem de piedra, un elfo oscuro y un habitante profundo. Todos ellos, se inclinaron hacía mi dirección.
- "Hermanos, no hagan eso. Él no es el amo."
Jied, quién seguía detrás de mí. Habló luego de un largo rato.
- "Es un mero impostor. No merece nuestro respeto."
- "Mi querida, Jied... Tienes toda la razón. Soy su amo, y a la vez no. Si quieren saber la verdad, síganme."
Todos callaron. Caminé lentamente para asegurarme que todos siguieran la ruta.
- "Ya hemos llegado. Detrás de ésta puerta."
Dije señalando un muro.
- "¿Estás demente, ¿verdad?"
- "¿Estás segura de ello?"
Jied no dijo otra palabra. Destruí el muro con una explosión, mostrando una habitación oculta. Todos entramos a la habitación.
- "Este, caballeros, es la habitación dónde TODO comenzó. Tanto para su amo, como para mí. Jied, tiene muchísima razón para desconfiar de mí; no soy su amo como tal. Pero, soy la misma persona."
Nadie dijo nada.
- "¡JA! No se preocupen, no creí que lo entendieran. Pero tranquilos, su amo volverá; en cuanto yo complete mi plan; él está a salvo, incluso podría traerlo y que hable con ustedes. Pero lo haremos en otra ocasión. Por ahora..."
Caminé por la habitación en busca de un objeto. Un pequeño sostenedor con forma de garra de ave rapaz agarrando a su presa. Saqué un pequeño tubo de una de las bolsas junto al sostenedor y tiré su contenido encima del contenedor; un humo azuloso se esparció por el sostenedor.
- "Muy bien, mi amigo. Dime... ¿Dónde está él?"
Los días pasaban, los días se volvían semanas, las semanas meses y los meses en años. Hoy, finalmente, Hiroshi sería introducido a la sociedad; por una pequeña fiesta que sus padres organizaron. Cumpliendo, tres años, el pequeño Hiroshi, se encontraba con la criada principal en la biblioteca de su madre; leyendo un libro y escribiendo algunas cosas en un papel.
- "Gracy, ¿así está bien?"
La criada principal, tomó la hoja que Hiroshi le entregaba. Leyó por unos segundos la hoja y felicitó al pequeño.
- "Me sorprende, pequeño amo. Ha avanzado mucho en muy poco tiempo."
- "Bueno... Gracy da un poco de miedo cuando hago las cosas mal."
- "¿Qué?"
Los ojos marrones de Gracy se abrieron de par en par, a través de sus lentes; con una pequeña sonrisa.
- "No. Nada."
- "Me alegro, creí que había dicho algo sobre mí."
Hiroshi volvió a su lectura, junto con la criada.
En la planta baja. Los padres, Tsugumi y Mark; estaban planeando la fiesta junto con la segunda criada.
- "Muy bien. Yo creo que deberíamos invitar a nuestros amigos más cercanos. Aunque... un poco de la familia no está nada mal."
- "Pues de mi familia olvídate. No creo que ninguno quiera venir desde tan lejos."
- "Arisha. ¿Crees que puedas conseguir ciertos aperitivos para la fiesta?"
- "Será un placer, señora Tsugumi."
Todos parecían sumamente enfocados en la próxima fiesta de Hiroshi. Excepto por Shizugu, la hermana mayor y primogénita de la familia Sekkatsu. Ella, a diferencia de sus padres, no tenía ni el más mínimo interés en su hermano menor.
Shizugu, era una joven muy inteligente y habilidosa; siendo 2 años mayor a Hiroshi, ella demostró un enorme potencial para la magia, superando incluso a su madre, a su corta edad. Se la pasaba casi todo el tiempo en su habitación o en la biblioteca de su madre leyendo y aprendiendo nuevos hechizos, tanto de magia curativa como de magia natural.
Sin embargo, su relación con Hiroshi era espantosa. Ella lo odiaba. Desde el momento en el que Hiroshi nació, Shizugu sintió un enorme desprecio hacia su hermano. A lo mejor era por un complejo de superioridad, pero ni siquiera ella conoce realmente el por qué odia a su hermano menor. Cuando Hiroshi pasaba por su costado, y la saludaba o intentaba entablar una conversación con ella; ella lo ignoraba. Por obvias razones, esto le dolía a Hiroshi, ella era su hermana, al fin y al cabo.
Los días pasaron sumamente rápido. El día de la fiesta había llegado. Todo parecía ir perfectamente. Parientes y amigos llegaban, incluso algunos vecinos se colaron a la fiesta. Mark estaba junto con sus compañeros de aventuras. Tsugumi, por otro lado, estaba junto con sus hermanos; Faraszino y Nitori, mientras que agradecía los cumplidos de los invitados.
- "Me alegra saber que te encuentras bien, hermana."
- "Lo mismo digo, Faraszino. Me sorprende verte de cuerpo completo conociendo las aventuras que tienen."
- "Bueno, alguien debe encargarse del trabajo duro por aquí... y Mark no creo que sea el indicado."
Ambos rieron.
- "Bueno, no olvides que le prometiste a esta linda y tierna jovencita que le enseñaría magia a su sobrino."
- "¿Ah sí? ¿Y dónde estará?"
La hermana de Tsugumi se enfadó por el comentario. Tsugumi y Faraszino rieron, mientras que Nitori se empezó a refunfuñar contra ellos dos.
- "Bueno, si me disculpan. Debo buscar a la estrella de todo este espectáculo."
Tsugumi se alejó de sus hermanos y subió al segundo piso. Hiroshi estaba en la biblioteca de la casa, como casi siempre hacía.
- "Vamos, bolita de agua. Le~VANTATE!"
Hiroshi estaba en su traje, con un cubo de agua y un libro abierto.
- "¿Qué haces, cielo?"
- "Ah, hola, mami. Trato de levantar una bola de agua. Pero es imposible."
- "Tranquilo, hijo. Ten paciencia y te aseguro que podrás hacerlo, incluso, tú serás el mejor mago de este reino. ¿Oíste?"
Tsugumi se agachó y puso su frente junto con la de Hiroshi; ambos cerraron sus ojos.
- "Bueno, vámonos. Todos te están esperando abajo."
Tsugumi se levantó, limpió un poco su vestido y estiró su mano hacia Hiroshi; mientras le dedicaba una dulce y cálida sonrisa. Hiroshi, agarró la mano de su madre y le devolvió la sonrisa. Ambos bajaron la escalera lentamente. Todos al ver bajar a ambos se quedaron en silencio; en todos se veía una sonrisa. Cuando llegaron al último escalón, todos aplaudieron; celebrando así, la inserción de Hiroshi a la sociedad del reino Montesinos. Mark se acercó a ambos, junto con sus amigos del trabajo. Un hombre barbudo, con un casco abollado y la piel completamente celeste, se acercó a Hiroshi.
- "Bienvenido a la sociedad, pequeño Hiroshi. Es un placer tenerte entre nosotros."
La voz sumamente profunda y grave del hombre, aterró un poco a Hiroshi.
- "M-muchas gracias, señor."
- "Espero que sigas los pasos de tu padre y te nos unas en el futuro como un gran espadachín."
El hombre empezó a reír fuertemente.
- "Hey, tranquilo Bjounfungher. No nos precipitemos. Él debe decidir, ¿no lo crees?"
- "Tonterías. Un hombre debe ser fuerte y honrado como todo espadachín. Aquel hombre que no es así, es una vergüenza para su familia y para nuestra raza."
- "Bueno, no es como que todo espadachín sea fuerte u honrado. Además, ¡tú ni eres humano!, eres del reino del Norte."
"Humano o no, un espadachín debe ser honorable y fuerte, los otros son seres despreciables que solo mueven la espada sin ningún tipo de coherencia."
Bjounfungher siguió hablando sobre las virtudes de un espadachín. Mark, logró alejarlo un poco para que Hiroshi siguiera disfrutando de su fiesta. Tsugumi, tomó delicadamente a Hiroshi de la mano y le guió a través del gentío.
- "Mami, ¿A dónde vamos?"
- "Es momento que conozcas a tus tíos. Ambo están muy emocionados por conocerte."
Mientras que Hiroshi caminaba entre el gentío, se chocó con un hombre. Alto, musculoso, pese a su delgada figura, con una cara sumamente seria y un pelo castaño muy oscuro.
- "D-disculpe, señor."
- "¿Señor? ¡JA! No puedo creer que mi propio sobrino me llame señor. Hermana, ¿que acaso nunca le mostraste los retratos familiares?"
El hombre cambió su rostro por una sutil sonrisa. Se hincó en una pierna, levantó sus tres dedos centrales y los llevó a su pecho; en donde se encontraba su corazón.
- "Mi nombre es Faraszino. Primogénito de la familia Moonlagger. Me presento a ti, Hiroshi Sekkatsu Moonlagger, como tu tío."
Luego de decir, eso inclinó su cabeza por unos segundos y luego volvió a mirar a Hiroshi directo a los ojos. Faraszino se levantó y puso su mano enguantada sobre la cabeza de Hiroshi. Luego de que Faraszino se presentara, una joven de pelo castaño claro y cubierta con una túnica blanca, junto con un bastón de madera; golpeó a Faraszino en la cabeza.
- "¡Habíamos acordado que yo me presentaría primero!"
- "¿Ah sí? No recuerdo tal cosa, hermana. Además, la situación se dio diferente a la forma en la que la teníamos planeada; sólo seguí el rumbo de las cosas."
- "¡Uigh! Eres un cabezota. Como sea..."
La joven se acercó a Hiroshi, poniendo su bastón en la espalda. Al estar sumamente cerca, se inclinó y besó la frente de Hirohsi.
- "Yo soy tu tía, la más hermosa y talentosa, Nitori Moonlagger."
Luego de hacer esa pequeña descripción, le mostró una enorme sonrisa a Hiroshi. Tsugumi, se tapaba la boca para no soltar su risa incontrolable.
La fiesta transcurrió con normalidad. No hubo accidentes; y Hiroshi disfrutó de su cumpleaños.
Los días pasaban y Hiroshi seguía encerrado en casa. Se sentía muy feliz leyendo en la biblioteca de la casa; aunque a su madre no le parecía del todo bien el que esté encerrado.
- "Hiroshi, hijo. ¿Qué te parece si me acompañas?"
- "¿A dónde vamos, mami?"
- "Debo recoger unas cosas en la Zona Comercial."
Hiroshi asintió y salió junto con su madre. Caminaron por unos minutos hasta llegar a la denominada Zona Comercial.
Una zona del reino, muy amplia, abarcaba totalmente la zona sur-este de la segunda esfera. Miles y miles de puestos se asomaban ante Hirohsi, puestos de fruta, carne, artefactos raros y mágicos, gente que mostraba increíbles habilidades; gente que vendía sus productos de casería o recompensas por sus aventuras. Todo se veía espectacular. Fue como descubrir un nuevo mundo para nuestro protagonista.
- "Bien, hemos llegado."
Tsugumi, se detuvo frente a una tienda en un hogar. Ambos ingresaron a la tienda y fueron atendidos por un par de bellas jovencitas; Tsugumi le pidió a Hiroshi que la espere ahí mientras ella revisaba algunas cosas.
Hirohsi, caminó por la tienda mientras observaba los estantes. Llenos de diferentes productos y de distintos colores. Hasta que algo lo sacó de sus pensamientos. Un enorme estruendo ocurría afuera, mucha gente salía asustada del lugar, Hiroshi asomó por la ventana de la tienda para ver qué ocurría.
Una enorme y densa pantalla de humo negro había aparecido. Hiroshi trató de ver qué lo había ocasionado, pero era inútil. Minutos después, el humo se dispersó y Hiroshi logró ver qué ocurría.
Unos ladrones. Habían hecho alboroto para poder robar las mercancías, estaban llenando enormes sacos con todo tipo de cosas y llevándolos a una carroza estacionada al final de la Zona Comercial.
Hirohsi escuchó la puerta de la tienda donde estaba abrirse. Giró lentamente su cabeza. Un hombre con la cara llena de cortes y coseduras, sus ojos amarillos como sus dientes. Hirohsi retrocedió hasta caer en una esquina de la tienda.
- "¿Con que te gusta espiar, ¿eh, niñato?"
El hombre sacó una daga de su costado. Y la apuntó a Hiroshi de manera amenazante. Hiroshi, aterrado, cerró los ojos y se escudó con sus brazos y sus piernas. Escuchaba los pasos del hombre, mientras que su palpitación se aceleraba; de pronto, el silencio se hizo presente. Hiroshi volvió a abrir los ojos y levantó la vista, un hombre en una armadura plateada y brillante estaba frente a él.
- "¿Estás bien, niño?"
- "S-si. P-pero... ¿el ladrón que estaba aquí?"
- "Él ya se fue. Ahora debemos sacarte de aquí y buscar a tus padres."
Hiroshi se negó. Señaló la parte posterior de la tienda.
- "Oh, entiendo. Entonces quédate aquí mientras busco a tus padres."
El hombre en armadura, se alejó de Hiroshi y fue a la parte posterior. El joven, se levantó aún con las piernas temblorosas y volvió a ver por la ventana; había un grupo de hombres en la misma armadura que el sujeto que lo salvó.
Todos ellos, estaban en formación. Escudos al frente y espadas atrás. Los ladrones lanzaban bolas de fuego de sus manos, mientras que los hombres en armadura, avanzaban sin ningún miedo. Sus pasos eran firmes y ruidosos. Uno de los ladrones, cambió su ataque y empezó a lanzar bolas enormes de piedra. Al impactar ante los escudos, hizo retroceder a los hombres en armadura.
- "Segundo batallón. ¡ADELANTE!"
Un segundo grupo de hombres se adelantó a los de escudos. El nuevo batallón, no llevaba armaduras plateadas, pero sí túnicas azules. Todos juntaron sus palmas y empezaron a conjurar. Los ladrones, seguían lanzando sus piedras, pero ninguna impactaba a los caballeros. Todas desaparecían.
- "Oh, mierda."
Uno de los ladrones se percató del nuevo batallón de hombres que estaba a sus espaldas y que había bloqueado la puerta de escape.
- "Ríndanse, ahora. No tienen ninguna escapatoria."
- "¡ANTES MUERTOS QUE VOLVER A ESOS CALABOZOS."
Los ladrones sacaron sus espadas y dagas. Los caballeros hicieron lo mismo. Los magos retrocedieron; y los otros se dividieron en parejas. Los ladrones embistieron contra ambos grupos de caballeros, los escuderos postraban sus escudos y bloqueaban los ataques; los espadachines aprovechaban el momento de aturdimiento y azotaban un golpe letal.
En unos pocos minutos, los ladrones estaban en el suelo. Unos pocos estaban sollozando adoloridos y otros estaban inertes en el suelo. Tsugumi llegó a Hiroshi y lo revisó para ver si tenía alguna herida; Hiroshi le dijo que estaba bien, que no había nada de qué preocuparse.
Ambos, le agradecieron al caballero por su ayuda y se retiraron. Tiempo después, Hiroshi descubrió que esa era la famosa Guardia Imperial del Reino Montesinos.
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