Brenda lo observó cuidadosamente, notando el cambio en su expresión. Sabía que había tocado un nervio sin querer; ya fuera vulnerabilidad o una herida profunda de su pasado que nunca había sanado.
No quería rascar las heridas de su pasado. Mientras él tratara a Arwen con el amor y cuidado que ella ansiaba, a Brenda no le interesaba detenerse en su pasado. —Ya veo —dijo ella suavemente—, decidiendo no presionar más. —Tu madre debe ser una mujer fuerte. Te ha criado bien.
Aiden no respondió, su mirada parecía distante como si evitara hablar más sobre el tema. Y para salvar la situación, Arwen apareció justo a tiempo.
—La cena está lista —anunció Arwen—, solo para detenerse abruptamente. La tensión en el aire era evidente. Sus ojos parpadearon entre su abuela y Aiden, antes de posarse definitivamente en Aiden. —¿Qué pasó? ¿Está todo bien?
Aiden la miró, antes de darle una mirada tranquilizadora. —Todo está bien.