Nora entró en el acogedor café, sus ojos escaneando la habitación hasta que aterrizaron en Demitri. Él ya estaba sentado cerca de la ventana, su penetrante mirada fija en la vista exterior. Se acercó y sacó la silla de enfrente de él.
—Lamento haberte hecho esperar —se disculpó, ofreciendo una sonrisa cortés mientras se acomodaba en su asiento.
Demitri fijó su mirada en ella, pero no respondió de inmediato.
Nora, sintiendo el peso de su mirada, colocó un sobre en la mesa y lo deslizó hacia él. —Aquí está la cuenta que pagaste ayer —dijo—. Gracias por salvar mi vida y por llevarme al hospital.
Ella vaciló, sus dedos jugueteando ligeramente en el borde de la mesa antes de continuar, su tono suavizándose. —Y… lo siento. Por tratar mal a mi salvador. —La culpa centelleó en sus ojos mientras lo miraba, esperando su reacción.
Demitri tomó el sobre de ella. Sintió que si se negaba a tomarlo, solo haría que la dama frente a él se sintiera incómoda.