—¿Qué? ¿Un viaje? —las cejas de Alekis se alzaron, sus ojos se abrieron de incredulidad.
—Sí, Padre —respondió Layla con una sonrisa radiante, empujando suavemente un platillo con una taza humeante de té hacia él—. Tú, yo y Lucio iremos a este lugar que he elegido cuidadosamente para nosotros. Ese es el regalo de cumpleaños que quiero darte, Padre.
Alekis aceptó la taza, su mirada fija en ella mientras sus gafas se deslizaban ligeramente por el puente de su nariz. Su declaración lo encantó porque, de entre todos, ella había tenido tan hermosa idea de pasar tiempo con el anciano, incluyendo también a su hijo, un hombre que siempre se mantenía alejado de estas cosas.
Sin embargo, un pensamiento también ocurrió en su mente al mismo tiempo. —Hmm. ¿Y por qué no incluiste a Fiona y Roderick en este plan? —preguntó, con un tono inquisitivo.