-?: Siguiente
Luego de un tiempo haciendo fila, es nuestro turno .
Delante nuestra, hay un Cenizal de mediana edad, vestido con ropa.
Es un Cenizals de mediana edad, con la piel de un gris ceniza más oscuro de lo normal y profundas arrugas en su rostro. Sus ojos grises, casi apagados, recorren con lentitud tanto a Cynthia como a mí.
Lleva ropa extrañamente limpia y cuidada para alguien de Las Alcantarillas: un chaleco de cuero oscuro con botones metálicos, una camisa blanca con el cuello abierto y unos pantalones negros ajustados, rematados con botas bien conservadas. Sus manos, curtidas y con cicatrices, sostienen un viejo cuaderno donde anota meticulosamente cada entrada, usando un pedazo de carbón en lugar de pluma.
Su expresión es cansada, pero firme. A pesar de su porte relajado, hay algo en la forma en que se mueve, en cómo su mirada se endurece y en su cuerpo bien tonificado, que sugiere que no es solo un simple portero.
-?: Bien , un niño y una niña.
-?: Ambos iréis hacia delante y girareis a al derecha cuando veáis 3 caminos , luego de eso llegaréis a una zona abierta, esperar allí.
Nos dice el Cenizal con una voz grave y seca.
-?: También, lo de siempre, si te pillamos en algún lugar que no deberías...
Al terminar la frase , deliza si pulgar por su cuello.
Dejando claro lo que le pasa a los curiosos.
?: Y a partir de ahora , tú chico 125 y tú niña 126, esos serán vuestros números de identificación...
-?: Si olvidáis el nombre seréis castigados, y tendréis que pagar 10 monedas de bronce más de deuda, así que recordarlo bien, 125 y 126.
Dice mientras anota algo en su cuaderno.
-?: Siguiente
Sin prestarnos más atención, el portero nos llama al siguiente Cenizal.
Y nos obligamos a caminar hacía delante , donde atravesamos la entrada y entramos a el "Dojo".
Siguiendo las instrucciones de el portero avanzamos.
El ambiente es frío y húmedo, y el suelo de piedra desgastada y barro cruje bajo nuestra. No hay multitudes; solo algunos edificios toscos se alzan aquí y allá, con algunos Cenizals armados dando vueltas...
Avanzamos en línea recta, sintiendo cómo el aire se vuelve denso con el eco de nuestros pasos. Tras un trecho, nos encontramos con una intersección: tres caminos se abren ante nosotros. Siguiendo las indicaciones, giramos a la derecha. Poco a poco, el camino nos conduce a una amplia plaza.
Aquí, en el centro de la plaza, se impone un gran edificio de madera y piedra, de apariencia imponente pero rústica, que parece ser el núcleo de este terreno de entrenamiento. Alrededor, un gran número de Cenizals se reúnen en silencio, sus rostros inexpresivos, como si esperaran que algo importante suceda en cualquier instante. El silencio es casi absoluto, interrumpido únicamente por el distante murmullo del viento y el ocasional crujido de la estructura del edificio.
A diferencia de los Cenizals que nos hemos ido encontrando, estos son más parecidos a nosotros, vestidos con harapos, delgados y sin armas, al menos los que puedo ver...
Luego de lo que parece ser una eternidad, hay un cambio...
El gran edificio cruje cuando la puerta principal se abre con un rechinido metálico. De inmediato, el aire se vuelve denso, cargado de una presencia que se impone sin necesidad de palabras.
Aparece un Cenizal diferente a cualquier otro que haya visto. Su piel, de un gris oscuro con tonos casi metálicos, parece absorber la luz. Alto, con una postura firme y controlada, camina con la seguridad de alguien que sabe que es el depredador en esta tierra de presas. Sus ojos son un abismo grisáceo, sin emoción, sin compasión. Un simple vistazo suyo basta para helarme la sangre, en su cuello puedo ver una rosa rodeada de espinas , hecha de un color rojo fuerte.
Detrás de él, diez Cenizals le siguen en perfecta formación. No son como los esclavos de las minas ni los Cenizals típicos de Las Alcantarillas. Son guerreros. Sus cuerpos están esculpidos por el combate, sus músculos tensos pero disciplinados, cada uno con un arma bien sujeta, lista para ser usada en cualquier instante. Sus movimientos son precisos, controlados, sin titubeos.
El Cenizals principal se detiene delante de todos nosotros, arriba de las escaleras que llevan al gran edificio. Se toma su tiempo para escanearnos a todos con una mirada fría y calculadora. No necesita alzar la voz. Su mera presencia impone silencio. No es un hombre cualquiera, eso puedo decirlo con solo míralo, algo en mi interior grita peligro.
- Guzz: Bien, mi nombre es Guzz alimañas.
-Guzz: Todo vosotros habéis sido seleccionados al no poder pagar vuestras deudas, nosotros os damos no solo la oportunidad de pagarlas, si no de conseguir más dinero.
Guzz habla casualmente sin alzar la voz , pero puedo escucharlo sin problemas, y no es por el silencio absoluto que hay mientras habla, si no que su voz se transmite al rededor de toda la plaza...
-Guzz: Todos vosotros tendréis una misión al final de esta semana, y tendréis que conseguir completar 3 de ellas para poder ser libres de la deuda.
Dice Guzz concluyéndo lo que quería decir.
-?: ¿¡P-pero no era solo una misión!
Justo después se escucha una voz.
No sé quién ha sido, pero nada más decirlo, noto como todos a mí alrededor se tensan ,y como los 10 Cenizals alrededor de Guzz en ver de estar molestos o irritados, sonríen nos miran con una clara expresión de burla escrita es sus rostros.
Antes de darme cuenta se escucha el sonido del aire romperse
El aire se tensa en un instante.
No llegó a parpadear.
Un destello plateado corta el aire.
Un sonido sordo.
Veo como un Cenizal delante de mi se tambalea, con los ojos vidriosos. Un pequeño hilo de sangre serpentea desde su frente antes de que su cuerpo caiga, inerte.
Silencio absoluto.
Guzz ni siquiera se inmuta.
-Guzz: ¿Vosotros pensais que sois invitados o algo parecido?
-Guzz:Solo sois unos ratas endeudadas, no lo olvidéis.
Dice Guzz con una sonrisa cruel colgando en su rostro.