Desde Guzz hasta el cuerpo caído del Cenizal, una línea de color azul claro se extiende como un rastro efímero, disipándose poco a poco en el aire.
El silencio dura un par de segundos.
Luego, varias risas estallan en el grupo de Cenizals detrás de Guzz. Algunos señalan el cuerpo inerte en el suelo, burlándose con una diversión cruel, como si hubieran presenciado un simple juego.
Para ellos, esto no es nada más que entretenimiento.
Guzz, sin perder tiempo, avanza unos pasos al frente. Su mirada severa barre al grupo con autoridad.
—Bien. El entrenamiento comienza ahora mismo —su tono es firme, sin espacio para preguntas o dudas—. Todos ustedes aprenderán lo básico: cómo empuñar un arma.
Gira la cabeza y extiende una mano hacia un montón de palos esparcidos en el suelo.
—Cada uno tomará uno de esos. Formarán grupos de doce y cada grupo tendrá un instructor —hace una pausa breve y añade—: Tenéis veinte respiraciones para hacerlo.
Nadie protesta.
No hay vacilación.
Todos se mueven al mismo tiempo, avanzando hacia las armas improvisadas.
Sigo la corriente junto a Cynthia, y cuando me agacho para tomar un palo, noto que tiene un mango rudimentario, envuelto en cuerdas para mejorar el agarre.
-(Al menos no es un simple trozo de madera.)
Incluso después de que cada Cenizal toma el suyo, quedan varios más dispersos por el suelo.
Poco a poco, los grupos se van formando.
Mi grupo termina compuesto en su mayoría por adolescentes, con excepción de dos Cenizals que claramente están en sus veintes.
El conteo final: cuatro mujeres y ocho hombres.
La tensión crece entre los Cenizals. Miradas de evaluación, cautela y rivalidad se cruzan. Nadie confía en nadie.
Cynthia se mantiene cerca de mí, sosteniendo su palo con fuerza. Aunque intenta ocultarlo, su nerviosismo es evidente.
-(Está tensa.)
No la culpo. Yo también lo estoy.
Cuando las veinte respiraciones llegan a su fin, los Cenizals que estaban tras Guzz comienzan a moverse, eligiendo un grupo al azar.
Nosotros no somos la excepción.
Un Cenizal se acerca, nuestro instructor.
Es un Cenizal de aspecto salvaje, con una complexión atlética y una sonrisa lobuna que no presagia nada bueno. Su cabello enmarañado y su mirada afilada le dan una presencia intimidante.
A diferencia de nosotros, no lleva un palo.
En su cinturón relucen dos dagas, las cuales tamborilea con los dedos de forma despreocupada.
Guzz vuelve a hablar:
—Hoy se decidirá el líder de cada grupo.
Las palabras caen como una piedra en el ambiente.
Algunos Cenizals intercambian miradas. Otros aprietan con más fuerza sus armas improvisadas.
—El líder tendrá más beneficios que el resto —continúa Guzz con tono tranquilo—. Recibirá mejores raciones de comida, una habitación propia , autoridad sobre su grupo , además de un gran Pago.
La última palabra enciende algo en cada grupo.
No es solo la comida, el dinero o la autoridad.
Es el estatus, la oportunidad de subir en la jerarquía de esta comunidad y tener una mejor posibilidad de sobrevivir.
Guzz nos escanea una última vez con la mirada.
—Suerte.
Dicho eso, se gira y camina de regreso al gran edificio, desapareciendo en su interior.
Silencio.
Luego, nuestro instructor, suelta una risita.
—Bueno, soy el instructor Stain. Pelear por el liderazgo.
Su voz es burlona, como si todo esto fuera un espectáculo divertido para él.
Se cruza de brazos y espera pacientemente, como quien observa el inicio de un juego de apuestas.
Las miradas se vuelven más intensas. Ahora no hay duda. Todos quieren ese puesto.
El aire pesa sobre nosotros.
Nadie se mueve al principio.
Hasta que…
—¡Aaaahhh!
Un Cenizal se lanza sin previo aviso.
Un chico escuálido gira su palo con violencia y golpea a una chica por la espalda, derribándola al suelo.
Ese ataque es la chispa.
En un instante, la batalla estalla.
Gritos, golpes y el sonido seco de la madera chocando contra cuerpos resuenan en el aire.
Desde mi derecha, un Cenizal alto y delgado carga contra mí sin pensarlo dos veces.
Instintivamente, empujo a Cynthia hacia atrás y levanto mi palo en guardia.
El Cenizal es rápido, pero torpe.
Balancea su arma con fuerza, pero sus movimientos son erráticos. Golpea el aire, tratando de alcanzarme, pero esto no es nada...
Retrocedo, esquivando con calma.
Sus ataques se hacen más pesados. Está perdiendo fuerza.
Doy un paso atrás chocándo con algo. Cynthia está detrás de mí.
-(No puedo seguir retrocediendo.)
Veo mi oportunidad.
Cuando su siguiente ataque falla y su peso se inclina hacia adelante, suelto mi palo y descargo un codazo directo a su rostro.
El impacto lo deja aturdido.
Antes de que pueda reaccionar, mi rodilla se estrella contra su entrepierna.
Sus ojos se agrandan en shock.
Abre la boca, pero antes de que pueda gritar, lo golpeo con otro codazo, esta vez de izquierda a derecha.
Su cuerpo se desploma sin fuerza al suelo.
—Cynthia, aléjate. No te involucres.
Mis palabras son cortas, firmes.
Ella asiente con los ojos muy abiertos y se aparta.
Miro a mi alrededor.
El grupo sigue sumido en el caos.
La mitad de los Cenizals ya están en el suelo, inconscientes o demasiado heridos para seguir peleando.
Los dos adultos están enzarzados en una lucha brutal, rodando por el suelo mientras intercambian golpes sin piedad.
Algunos Cenizals se mantienen de pie, jadeando, cubiertos de sangre púrpura.
Si así es, la sangre de los Cenizals es Púrpura.
A mi izquierda, un Cenizal golpea repetidamente la cabeza de otro, que ya está en el suelo sin poder defenderse.
—¡Maldito inútil! ¡Levántate y pelea, basura!
Grita el Cenizal mientras golpea al otro en el suelo .
Me muevo rápido.
Antes de que pueda reaccionar, me cuelo por su espalda y lo atrapo en un mata león.
Su cuerpo se sacude con desesperación, tratando de liberarse.
Pero no tarda en debilitarse.
Cuando finalmente su resistencia desaparece, lo suelto y lo dejo caer.
-(Solo quedamos dos.)
Me giro lentamente.
El último rival es el adulto.
Su mirada se clava en la mía, llena de determinación.
Su palo gotea sangre .
A su lado, el otro adulto permanece en el suelo, inmóvil, con el rostro cubierto de heridas abiertas.
(…)
Esto no ha terminado.
Y ambos lo sabemos.