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—¿De qué estás parloteando, niña? ¿Acaso no usas la plata que gana Changhong de la caza? ¿Quién te alimenta? —Lin Baiyi interrumpió su trabajo, frunciendo el ceño irritado hacia su hija.
—Papá, solo me siento mal por mi hermano mayor —Lin Caihe replicó, haciendo un puchero con sus labios.
—Tienes pena por tu hermano mayor, y Sangsang también. ¿Por quién crees que Changhong va de caza a las montañas? Si un día le pido que deje de cazar y no traiga a casa ningún grano, ¿lo aceptarías? —Lin Baiyi le respondió con un tono severo.
No iba a consentir a su propia hija, quien pasaba cada día peleándose con Sangsang, contradiciendo todo lo que decía, ¡casi hasta hacerlo morir de ira!
—Yo... —Ahora, Lin Caihe se encontraba sin palabras.