Los ojos de la reina se veían hinchados cuando entró al comedor real. Miró a los niños y a Sophie con una expresión abatida que hizo sentir mal a Sophie al instante. Robó una mirada a Nicolás, que estaba sentado en la cabecera de la mesa, y el hombre negó con la cabeza ligeramente, señalándole que no se preocupara y que dejara que él manejara la situación.
—Buenas noches, Su Gracia —Sophie se levantó de su silla y le hizo una reverencia a la reina.
—Buenas noches, Dama Sophie —dijo la Reina Marianne con voz cansada. Se sentó en su silla y les hizo señas para que se sentaran también—. Por favor, siéntense.
—Gracias, Su Gracia —Sophie se volvió a sentar. Los sirvientes comenzaron a llegar con bandejas y bandejas de deliciosos platos.
Luciel y Jan se sentaron a cada lado de la reina y ella les acarició la cabeza con amor. Comenzó la conversación durante la cena expresando su desilusión al ver que Sophie planeaba irse con sus nietos.