Martin entró corriendo y golpeó la mesa con el puño. "¡Edmond, han matado a Sota!"
Le pedí que se explayara. Cogió el agua de la mesa y se la bebió de un trago. Luego me contó lo que había pasado. Los hombres enviados a buscar a Liana estaban dispersos por el territorio de las manadas de los alrededores, con la Manada del Bosque de Piedra como centro. Su móvil estaba apagado y no podía localizarla. Aún estaba determinando dónde se escondía.
Buscaba una aguja en el pajar.
Alguien encontró el cadáver de Sota a menos de cincuenta kilómetros del laboratorio esta mañana. Había sido arañado en muchos lugares por garras de lobo, y su sangre se había coagulado hacía tiempo. Las garras del lobo le habían roto el cuello, la herida se había vuelto hacia fuera y las articulaciones de sus manos y pies estaban dañadas. Debía de haber tenido una terrible pelea antes de morir.
Me quedé mirando las heridas y apreté los puños. ¡Aquellos dos extraños lobos lo habían matado!