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PERSPECTIVA DE IVÁN
Estaba empezando a cansarme de bloquear los ataques de Arianne, el dolor en mis brazos extendiéndose a lo largo de mi columna, mi respiración entrecortada y dolorida. Arianne era implacable, cada golpe más fuerte y afilado que el anterior, sus ojos ardientes con una furia que no había visto antes. Apenas tuve tiempo de parar cuando su hoja cayó de nuevo, resonando contra la mía con una fuerza que enviaba vibraciones por todo mi cuerpo.
—¡Arianne, por favor! —suplicé, mi voz ronca, desesperada. Ella ni siquiera se inmutó. Su mirada estaba fija en su madre, Irene, que estaba inmóvil al borde de la arena, conmocionada y aterrorizada torciendo su cara. Ella estaba tan indefensa como yo, pero era la razón por la cual la ira de Arianne ardía de esta manera.