No era de extrañar que la torre hubiera reducido sus niveles de siete a solo tres.
"El inmortal de la torre está a punto de ascender a los cielos."
Esa era la razón.
Dentro de la torre, los cuatro —Shan Shan, Bai Zhi, Tian Qi y Jiang Yang— esperaban la siguiente prueba.
Los demás participantes también estaban inquietos, pero una persona en particular no dejaba de molestar: Sui Fen, con su falsa sonrisa y aire de superioridad.
La presencia de Sui Fen irritaba a Shan Shan, pero no había tiempo para ocuparse de ella.
De pronto, una figura etérea descendió lentamente desde lo alto. Su túnica inmortal flotaba como la neblina matinal y su mirada era insondable. Era el inmortal de la torre.
Por primera vez, se mostraba ante los presentes.
—Si desean retirarse, háganlo ahora.—Su voz era fría, carente de emoción—. La segunda prueba es de vida o muerte. Enfrentarán una ilusión que extraerá sus recuerdos más dolorosos, unas de sus vidas pasadas más dolorosa. Si no logran superar su tormento, quedarán atrapados en su propio sufrimiento… y morirán.
Silencio.
Y entonces..
¡Paso atrás! ¡Paso atrás! ¡Paso atrás!
Al menos la mitad de los participantes retrocedieron.
"¡Cobardes!".El inmortal escupió.
Pero Shan Shan… Shan Shan quería hacer lo mismo.
Cada fibra de su ser le gritaba que huyera.
Pero… ¿cómo podría hacerlo?
Sabía que la arrastrarían al siguiente nivel.
Sabía lo que le esperaba.
Sabía que su peor miedo no era morir… sino recordar.
Revivir su vida pasada como Zhou Shu Xin…
Ver a esos padres…
Sentir el desprecio, el dolor... la tortura...
Pensó en sus padres
Pensó en lo que hizo por ellos.
Y se preguntó…
¿Realmente merecían ser salvados?
No.
¡No!
Solo lo hizo por su hermano mayor.
El suelo tembló.
La torre se movió como un mecanismo milenario activándose.
¡BOM!
Y entonces..
La realidad se rompió.
Ya no estaba en la torre.
No.
Estaba en la residencia Zhou.
La mansión de sus padres, Zhou Ma Zi y Zhou Sang Tian.
La ciudad central de Yutong.
Y justo delante de ella…
Una niña estaba siendo golpeada.
¡Moretones! ¡Bofetadas! ¡Uñas clavadas en su piel!
La niña gritaba.
Su ropa hecha jirones.
Su cuerpo…y piel estaba marcada de cicatrices y cortes.
Pero lo peor no era eso.
Era su expresión.
La de una muñeca facil de romper.
Una muñeca...
Sin vida.
Sin esperanza.
Era Zhou Shu Xin.
Desde lo alto, su madre la miraba con absoluto desprecio.
—"No sirves para nada."
Cada palabra era un cuchillo.
¡Crack!
¡Puf!
El látigo descendió sobre la espalda de la niña.
¡BAM!
La piel se abrió.
La sangre manchó el suelo.
Pero la niña no gritó.
Ni siquiera intentó defenderse.
Sólo apretó los dientes, con sus ojos vidriosos.
Aguantando.
Porque sabía que No había escapatoria.
Pero la actual Shan Shan…
No podía soportarlo.
¡No podía soportarlo!
—"¡BASTA!"
Su voz explotó en la habitación.
Quiso moverse.
Intervenir.
Detenerlo.
Pero..
No podía.
Estaba atrapada.
Observando.
Entonces...
Una risa helada resonó a su lado.
—"¿Duele, Shan Shan?"
Ella giró bruscamente.
Y su corazón… se congeló.
Ahí, en la penumbra…
Había alguien con su rostro.
Pero no era Zhou Shu Xin.
No era Chu Shan Shan.
Era Qin Shi Yue.
Su verdadero yo.
—"Te molesta verlo, ¿verdad?" —murmuró la otra Qin Shi Yue, con una sonrisa melancólica—. "Te duele recordar lo débil que eras."
Shan Shan apretó los puños.
—"…Tú no eres real."
La otra Qin Shi Yue inclinó la cabeza.
—"¿No lo soy?"
Y entonces, otra voz susurró.
"Sui Fen… Xue Yue… Zhou Shu Xin… Chu Shan Shan…"
"Todas ellas tienen el mismo destino."
"Todas ellas lloraron."
"Todas ellas murieron."
Las voces resonaron en su cabeza.
—"Nunca escaparemos."
—"Siempre moriremos."
Shan Shan sintió su corazón acelerarse.
No.
NO.
NO MÁS.
¡Deténganse!
Luego...
El mar comenzó a arder.
El suelo bajo Shan Shan… cambió.
Las olas eran rojas como la sangre.
Y en el centro de todo..
Una chica apareció.
Una inmortal vestida con un antiguo vestido celestial.
Azul, morado, galáctico.
Como un reflejo de los cielos estrellados.
Su belleza era… irreal.
Y su voz…
—"Recuerda quién realmente eres."
Los ojos de Shan Shan se abrieron.
—"¿Qué…?"
La inmortal la miró directamente.
—"Tú eres yo."
Y en ese instante..
¡BOOM!
La ilusión explotó.
Y Shan Shan sintió su cuerpo regresar a la realidad.
El inmortal de la torre habló.
—"Felicidades. Todos han superado la ilusión de su propio tormento."
Y cuando abrió los ojos…
Estaba de vuelta en la Torre Inmortal.
✦ ✦ ✦
Bai Zhi miró fijamente a su hermana, sus ojos llenos de preocupación.
-¿Estás bien?
Shan Shan sintió un nudo en la garganta. ¿Decir la verdad? No, era mejor una mentira piadosa.
–Sí, estoy bien…
Pero Bai Zhi no se dejó engañar. Tomó su mano con firmeza y la llevó hacia el lugar donde aún se libraba la última batalla de la ilusión: el tormento de la falsa Sui Fen.
Los cuatro que habían superado la prueba observaban en silencio.
Solo quedaba una persona atrapada en la pesadilla ilusoria.
Bai Zhi entrecerró los ojos y sus labios se curvaron en una sonrisa fría.
–Mira bien. Esa es su verdadera esencia. ¿Quién hubiera imaginado que la supuesta Sui Fen no era más que una farsante? Qin Ruo, la princesa de las sombras, poseyendo el cuerpo de Sui Fen.
Shan Shan giró la cabeza y miró a Tian Qi.
Quería ver su reacción, pero él estaba demasiado tranquilo.
Demasiado sereno.
¿Por qué…?
¿Por qué no parece afectado?
Fue entonces cuando lo comprendió.
Él ya lo sabía.
Siempre supo que ella no era Sui Fen…?
¡Crack!
La ilusión se rompió en pedazos como un espejo hecho añicos.
"Jiang Yang… esa ilusión fue… tan aterradora."
La falsa Sui Fen corrió hacia Jiang Yang con ojos suplicantes, pero él esquivó su contacto con frialdad.
Sus pasos vacilaron. -¿Qué pasa? ¿Por qué me evitas?
Jiang Yang la miró sin emoción, sus labios curvándose en una leve mueca de desprecio.
-Sal del cuerpo de Sui Fen, Qin Ruo.
¡BOOM!
El aire se volvió pesado.
Qin Ruo había sido desenmascarada.
La expresión de Qin Ruo se torció en una mueca de furia y en lugar de rendirse, ella se rió con amargura.
"¡Nunca! ¿Por qué no me dejas reemplazarla? ¡Yo podría ser ella!"
"No," su voz fue como un filo cortante. "Sui Fen no necesita un reemplazo. Y tú… ya no tienes derecho a usar su cuerpo."
La rabia de Qin Ruo se desbordó. Sus ojos, teñidos de resentimiento.
Con un rugido, extendió sus garras y se lanzó directamente hacia Shan Shan.
—¡Si no puedo quedarme, me la llevaré conmigo!
¡SWISH!
Antes de que pudiera tocar a Shan Shan, Jiang Yang la empujó con fuerza, haciéndola retroceder varios pasos.
Luegos los ojos de Qin Ruo se posarón en la mirads de Shan shan
"¡Tú! ¿Has escuchado lo que dijo? Nadie puede reemplazar a Sui Fen. Pero dime…¡Siempre te protege! ¿Por qué? ¿Por qué Jiang Yang te defiende a ti y no a mí?
Qin Ruo Con una daga en la mano, dio un paso al frente.
Pero la hoja no apuntaba a nadie más.
más… sino para ella misma, a su propio pecho.
–Jiang Yang, dame los fragmentos de cristal restantes… o atravesaré este cuerpo con mi propia mano.
Jiang Yang ni siquiera pestañeó.
Puff
Sin rodeos, desenvainó su espada y la atravesó antes de que pudiera cumplir su amenaza.
Qin Ruo dejó escapar un grito ahogado.
La sangre se esparció sobre su pecho.
–¿Por qué…?—Su aliento se volvió pesado–¿No se suponía que protegerías este cuerpo para revivir a Sui Fen? ¿Por qué… me apuñalas?
Jiang Yang limpió su espada con tranquilidad y sonrió con una indiferencia escalofriante.
–Porque ya no necesito el cuerpo....Su alma ya ha renacido en algún lugar de este mundo. Y tarde o temprano, la encontraré.
"Ja… ja… ja…"
Qin Ruo comenzó a reír, una risa desquiciada, entrecortada por el sabor metálico de la sangre.
Llamó a Jiang Yang con un hilo de voz.
Él se acercó, sin emoción. "¿Qué quieres? ¿Por qué no mueres ya?"
Su mirada fría la perforó como mil cuchillas.
Qin Ruo jadeó, sus ojos nublados por el dolor.
"Sé quién es ella…"
Se inclinó hacia su oído, susurrando unas palabras que solo él pudo escuchar.
"Shu Xin… Shan Shan… Ellas son Sui Fen, la misma persona."
Los ojos de Jiang Yang se endurecieron.
Qin Ruo sonrió con burla y agregó en un susurro venenoso:
"Al final… morirá. Está atada al destino de las 19 ciudades, y su enfermedad acabará devorándola lentamente… Ja… ja… ja… Ahora son enemigos, ¿no lo ves? Debe odiarte… No, te odiará. Especialmente Cuando ella era Shu Xin, murió por tu culpa..
PUMM.
Un chorro de sangre brotó de su boca, manchando el rostro de Jiang Yang.
Con su último aliento, sus pensamientos se desvanecieron en la oscuridad.
"Maldito inmortal Ceng Ye… intenté recuperar los fragmentos… pero al final… me traicionaste…"
Su cuerpo se desplomó.
Ella murió.
Shan Shan observó toda la escena, pero no escuchó lo que Qin Ruo le dijo a Jiang Yang. Solo vio la espada clavada en el cuerpo de Sui Fen.
—Entonces… ¿cómo podrá revivir ahora a su primer amor…?
Jiang Yang la miraba.
Pero esa mirada…
Era diferente.
No la miraba como a una extraña. No como a un enemigo. Ni siquiera como a una aliada.
Sino como si mirara a una amante perdida en el tiempo.
Sin decir una palabra, la sujetó de la mano y la llevó consigo a la posada.
Cuando llegaron a la posada, Shan Shan liberó su mano con una firmeza que solo ella entendía.
—Sabías que ella no era la verdadera Sui Fen, ¿pero por qué destruiste su cuerpo? ¿Cómo piensas revivirla ahora?
Él no respondió de inmediato. En cambio, levantó un dedo y lo posó sobre sus labios.
silenciándola.
Sabía que debía decirle la verdad, que debía revelarle lo que sentía, pero temía que la hiciera alejarse aún más de él.
—Ella ha reencarnado… —su voz fue baja.
Shan Shan lo observó, con curiosidad y una herida profunda que no podía ignorar.
Había algo en su mirada, algo oscuro que la desarmaba.
Lo que más la hirió fue la forma en que él intentó alejarla con sus ojos, fingiendo indiferencia, cuando en realidad sus emociones estaban tan al borde que podría haberlas cortado con una daga.
—Lo sabía… —murmuro ella —. Sé que la buscarás… Nunca te olvidarás de ella, ¿verdad?
Su voz se quebró al final, como si esas palabras fueran un puñal que se clavaba lentamente en su propio corazón.
pero al final, la herida era tan profunda que ni siquiera ella pudo comprenderla por completo.
—Siempre me has visto como una enemiga, ¿verdad?
Él, con una mirada evasiva, murmuró una mentira suave.
—Sí.
Él la observó alejarse, su corazón latiendo con fuerza en el pecho, pero sin saber cómo detenerla. ¿Por qué, en esta vida, se habían convertido en enemigos? ¿Por qué todo tenía que ser tan complejo?
Sin embargo, en lo más profundo...
No importaba lo que pasara, ni el dolor que ella pudiera sentir. Ella era su Sui Fen. Y si algo sabía con certeza, era que la protegería, incluso si ella nunca llegará a saber la verdad.