Me senté en la habitación que la señora Elena me había dado, mis pensamientos embargados por la ansiedad. ¿Qué me deparará este lugar? No tenía idea, pero estaba ansiosa por descubrirlo. Esta noche podría ser mi oportunidad de conocer a las personas adecuadas, de poner mis planes en marcha. Solo tenía que ser cautelosa.
Mientras estaba sentada en el suelo, pensando, el agotamiento me venció y me quedé dormida. Debí haber estado más cansada de lo que pensaba porque dormí profundamente, como un bebé. El ruido de voces altas y el sonido de pasos apresurados finalmente me despertaron. Me senté rápidamente, desorientada y atontada, mi cabeza todavía nublada por el sueño.
Me tomó un momento recordar dónde estaba. Este lugar era nuevo, y me llevaría tiempo acostumbrarme a todo y a todos. Pero no tenía tiempo para sentarme a esperar. Tenía que actuar rápido si quería que las cosas funcionaran a mi favor.