—¡Despierta, Kimberly! —Una voz suave me llegó mientras una mano tocaba suavemente mi hombro. Abrí los ojos, frotándomelos con ambas manos.
Miré a mi alrededor, notando los cambios. La habitación del hospital ahora parecía más un jardín, con plantas por todas partes. El techo era transparente, dejando entrar luz natural, haciendo que se sintiera como si estuviera afuera. La cama seguía siendo de metal, pero se veía diferente, como de bambú, cálida y rústica. Recordé cuando los hospitales cambiaron a este estilo. Al principio, la gente se quejaba del costo, pero funcionó: estancias más cortas, recuperaciones más rápidas, sin depresión.
Me senté y vi a Louis y a Hannah sentados cerca. Un dolor atravesó mi cuerpo mientras me movía en la cama.
—¿Cómo te sientes, Kim? —preguntó Hannah, su rostro lleno de preocupación.
—Estoy bien —dije, recostándome suavemente—. ¿Por qué estoy aquí? —Extendí la mano, tocando la de Louis.