Darío parpadeó, sorprendido por el abrupto cambio de tema. —¿Qué?
Aria se recostó en su silla, su expresión serena pero sus ojos agudos. —Pregunté si tienes novia —repitió, su tono desafiante.
Darío levantó la vista, momentáneamente atónito por la pregunta de Aria. Sus palabras lo tomaron por sorpresa, dejándolo incapaz de descifrar su significado de inmediato. Un pensamiento extraño parpadeó en su mente: ¿ella preguntaba porque le gustaba? ¿Podría ser esta su forma sutil de averiguar si tenía novia antes de hacer algún tipo de avance? Era una idea ridícula, pero se alojó en su cerebro, despertando un pequeño y absurdo sentido de anticipación.