La sorpresa grabada en la voz del hombre sacó a Aria de vuelta a la realidad. ¿Cómo diablos conocía esta persona a ella? Su pecho se apretó con una ola de vergüenza e incredulidad.
Ella era la Princesa Aria, sí, aunque en el palacio, su papel como princesa fuera ignorado y su nombre tuviese poco peso.
La idea de que alguien la reconociera en un escenario tan humillante era insoportable. Peor aún, parecía sugerir algo escandaloso.
Incapaz de ocultar su confusión y pánico, exigió con voz temblorosa:
—¿Quién... quién eres? ¿Cómo me conoces?
El hombre, todavía atrapado en una tormenta de shock, levantó la mano y arrancó la máscara de su cara. Sus rasgos fueron revelados y el aliento de Aria se cortó. Su rostro era asombrosamente guapo, pero era inconfundible.
Ese rostro estaba grabado en su memoria de la infancia, aunque apenas lo hubiera visto en años.
¡Era Medrick!