Aria estaba sentada en la mesa del comedor, su corazón latiendo fuertemente en su pecho con un salvaje e implacable golpeteo. Apenas podía concentrarse, sus pensamientos giraban en una tormenta de pánico y temor. Estaba condenada.
Esa era la única conclusión a la que podía llegar. Lucien, su segundo hermano adoptivo, había contado a su padre lo que había ocurrido entre ellos en su habitación. Estaba segura de ello. ¿Qué otra cosa podría explicar por qué de repente había sido invitada a esta rara cena familiar? Esto probablemente era un intento orquestado para interrogarla públicamente, humillarla y luego dictar su castigo.
Sus manos temblorosas descansaban sobre su regazo, agarrando los pliegues de su vestido fuertemente, como si el tejido de alguna manera pudiera protegerla del castigo que estaba segura que le esperaba. ¿Qué tipo de castigo será? —se preguntaba, mientras su mente volaba hacia las posibilidades más oscuras.