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Dado que no había nada que Aria pudiera hacer para eliminar la maldición, se resolvió a mantenerla en secreto a toda costa. Nadie podía enterarse de ello, ni su familia, ni sus hermanos y, ciertamente, tampoco el reino.
Las consecuencias de que alguien descubriera la verdad eran demasiado horribles para imaginar. Con ese pensamiento, recogió cuidadosamente el libro que detallaba todo sobre la maldición. Sabía que no podía dejarlo a la vista.
Escaneó su habitación hasta que sus ojos cayeron en un compartimento apenas perceptible construido en la pared. Era pequeño y discreto, oculto debajo de un panel de madera cerca de su armario. Se arrodilló, desencajó el panel y deslizó el libro en su interior.
Después de asegurarse de que el compartimento estaba seguro y el panel correctamente en su lugar, dirigió su atención a los cuatro libros restantes que había tomado prestados. Con la intención de devolverlos mañana.