Morgan pidió un momento para encargarse de sus asuntos personales antes de partir, confiándonos a Duane mientras lo hacía. Mientras esperábamos, Rick y yo decidimos hacer una última parada en su casa. Sabía que quería llevar su auto de policía, y le recordé que necesitaría combustible para el viaje.
—No quieres quedarte varado en el camino —aseguré.
Saqué una bomba de extracción similar a la que usé en el generador y nos pusimos a drenar combustible de los autos cercanos. Era un proceso tedioso, pero esencial. Mientras trabajábamos, aproveché la oportunidad para hacer que Rick comenzara a pensar de forma más estratégica. Si íbamos a Atlanta, su actitud no podía seguir siendo tan imprudente.
—Como ya sabes, los caminantes son especialmente sensibles al ruido —dije, arrodillado junto a un auto mientras bombeaba gasolina—. Los disparos los atraen, por eso intenta no usar tu arma a menos que sea absolutamente necesario.
Rick asintió, observándome con atención.
—Lo he notado. El otro día en la calle..
—Exacto. Pero los caminantes no son tu única preocupación en este nuevo mundo. Las personas lo son.
Rick frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
Solté un suspiro y cerré la garrafa antes de mirarlo fijamente.
—Hay más gente viva, Rick.
—¿Y eso no es algo bueno? —preguntó con cautela, aferrándose todavía a una idea de civilización que ya no existía.
—No siempre. Lo que le dije a Morgan no era mentira. Aún no notas el peligro porque solo llevas dos días despierto, pero nosotros hemos pasado más tiempo en este caos. Morgan tuvo suerte… si es que puede llamarse así. No se encontró con ningún grupo con malas intenciones.
Rick se apoyó en su auto, cruzándose de brazos.
—Hablas mucho de grupos así. ¿Qué es lo que has visto?
No podía decirle que lo sabía por la serie. En cambio, me limité a los hechos.
—Se han formado pequeños y grandes grupos. Algunos sobreviven, otros no. Pero entre los que lo logran, hay quienes han dejado la ley y el orden atrás. Robar, matar… incluso cosas peores. Ya no hay nada que los detenga.
Rick me miró fijamente, comprendiendo poco a poco el peso de mis palabras.
—Si tienes suerte, no te encontrarás con ellos. Pero piénsalo… no ha pasado tanto tiempo desde que esto comenzó. Cuando la comida escasee y los recursos sean difíciles de conseguir, algunos empezarán a considerar… otras opciones.
Rick tardó en responder. Sus ojos se oscurecieron con la posibilidad de lo que estaba diciendo.
—Dios…
—Sí —afirmé, metiendo la garrafa llena en la parte trasera de mi auto—. Prepárate, Rick. El mundo en el que despertaste no es el mismo que dejaste atrás.
Se quedó en silencio, pero en su mirada supe que lo había entendido.
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Cuando Morgan regresó, ya teníamos todo listo. Subió sus suministros a su vehículo, asegurándose de que no quedara nada atrás, y finalmente nos pusimos en marcha. Rick lideraba el camino con su patrulla, Morgan se mantenía en el centro con Duane, y yo protegía la retaguardia, atento a cualquier amenaza.
El trayecto hasta la estación de policía fue relativamente tranquilo. Nos dimos un baño rápido con agua caliente, un lujo en estos tiempos. Mientras tanto, revisamos las armas disponibles. No quedaba mucho, pero cada uno armó su propia bolsa con lo necesario: armas, municiones y equipo.
Antes de partir, Rick se detuvo frente a la malla que rodeaba la estación. Detrás, un oficial convertido en caminante chocaba una y otra vez contra la cerca, gimiendo con hambre. Rick sacó su revólver, pero antes de que disparara, levanté una mano para detenerlo.
—No gastes una bala en eso. Usa esto. —Le tendí mi cuchillo.
Rick lo tomó, frunciendo el ceño. Se acercó con cautela y, tras un breve forcejeo, logró clavar la hoja en su cráneo. Se tomó un segundo para recuperar el aliento antes de limpiarse la frente. No dijo nada, pero entendí el peso del momento. Matar a un caminante con un arma blanca era más íntimo, más real. Y era algo a lo que tendría que acostumbrarse.
Finalmente, comenzamos el viaje a Atlanta.
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Cuando estábamos a punto de llegar a la autopista principal que llevaba a la ciudad, activé la radio.
—Detengámonos un momento. Quiero su opinión sobre algo.
Los vehículos redujeron la velocidad hasta detenerse en un área despejada. Bajamos y nos reunimos junto al auto de Morgan.
—¿Qué sucede, Daniel? —preguntó Rick, cruzándose de brazos.
—No deberíamos entrar directamente a Atlanta.
Morgan frunció el ceño.
—¿No era ese el plan?
Levanté una mano antes de que la discusión comenzara.
—Lo es. Pero piensen en esto: no sabemos cómo está la ciudad. Vamos con todas nuestras pertenencias y sin un plan. Si hay más sobrevivientes, podrían no ser amigables. Y si los caminantes han tomado la ciudad, estaríamos entrando en una trampa.
Rick suspiró, pasándose una mano por la barbilla, pensativo.
—Tiene razón. También tenemos a Duane. No podemos tomar riesgos innecesarios.
Morgan miró a su hijo, quien se mantenía cerca, en silencio. Finalmente asintió.
—Está bien. Pero no podemos tardar mucho.
—Tengo una idea —comenté—. Escuché de un lugar a las afueras de Atlanta. Una cantera cerca de un lago.
Rick levantó la mirada.
—Sé dónde está. Fui una vez con mi familia.
—Entonces llévanos allí.
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El camino fue corto y pronto nos adentramos en la parte montañosa. Rick, al ver movimiento más adelante, habló por la radio.
—Tenemos compañía enfrente.
Redujo la velocidad del auto hasta detenerse.
—¿Cuál es la situación, Rick? —pregunté, aunque sabía la respuesta.
—Un grupo de sobrevivientes adelante. Me acercaré a confirmar si es seguro. Si algo sale mal, váyanse.
—Te acompaño.
Dudó un momento antes de estar de acuerdo.
Nos bajamos de los autos con las armas listas, avanzando con cautela. Al acercarnos, vi movimiento en la distancia. No éramos los únicos observando.
—Tenemos compañía —dije.
Rick ya los había visto. Se tensó y sostuvo su arma con firmeza.
—¿Crees que sean hostiles?
—Lo sabremos en un momento.
El grupo bajó a recibirnos. Reconocí a Shane antes de que Rick hablara.
—Shane… —murmuró Rick.
Shane se detuvo en seco, su expresión pasó de seria a atónita.
—¿Rick?
Por un momento, la tensión desapareció. Luego, Shane endureció su mirada.
—¿Cómo demonios…? Pensábamos que estabas muerto.
Se dieron un corto abrazo, pero la rigidez en el cuerpo de shane dejaba claro que no estaba bien.
—No lo estaba.
Shane apretó la mandíbula.
—¿Cómo llegaste aquí?
Rick tragó saliva.
—Lori y Carl… ¿están aquí?
Shane bajó la mirada antes de responder.
—Sí. Están aquí.
Vi los ojos de Rick llenarse de alivio. No podía imaginar lo que pasaría cuando viera a Lori.
Y tampoco lo que ocurriría cuando Shane se diera cuenta de que todo lo que había construido aquí… estaba a punto de cambiar.