Daniel aceleró el paso, su mente analizando cada segundo. La luz natural se desvanecía rápidamente, y con ello, la seguridad que ofrecía la visibilidad. Sabía que en la oscuridad, los caminantes tendrían ventaja. No podía permitirse ser imprudente. Necesitaba encontrar un refugio antes de que la noche cayera por completo.
Al llegar al hospital, algo familiar le dio una sensación de alivio. Las puertas laterales estaban abiertas, pero Daniel no se dejaba engañar por esa aparente invitación. Nada en este mundo ofrecía garantías. Su mente calculaba cada movimiento, como siempre hacía cuando las probabilidades no estaban a su favor.
Avanzó por los pasillos con paso firme, evaluando cada sonido, cada rincón. El hospital parecía muerto, más desolado de lo que recordaba. En un mundo que ya no tenía reglas, el silencio era aún más peligroso que el ruido. Se detuvo por un momento, su mirada recorriendo el lugar con precaución. Ningún caminante a la vista, pero la tensión seguía latente. Lo sabía: el silencio podía ser engañoso.
Se dirigió a la recepción, donde un mapa del hospital le mostró varias posibles rutas. Su objetivo estaba claro: encontrar el área de descanso del personal, un lugar apartado y relativamente seguro. No era tiempo para arriesgarse en zonas de alta rotación.
Avanzó con velocidad calculada, cada paso dado con el conocimiento de que la luz del día se estaba agotando. A medida que cruzaba el hospital, el desorden y la sangre seca le recordaban lo que había sucedido allí, y lo que podría suceder si cometía un error. La presencia de los caminantes era inevitable, pero hoy no serían un problema. No hoy.
Finalmente llegó a la puerta del área de descanso. La abrió con cuidado, analizando el entorno. No había rastro de caminantes ni señales de lucha. El lugar estaba intacto, aunque evidentemente abandonado. En el caos, la gente no había tenido tiempo de llevarse todo, y eso era lo que Daniel necesitaba: suministros. Con rapidez y sin perder tiempo, revisó lo que pudo: botiquines, cobijas, algo de comida. Nada sobrante, pero suficiente para la noche.
Se permitió un respiro breve, pero su mente ya se adelantaba al siguiente movimiento. La seguridad era efímera. Sabía que no podía quedarse allí mucho tiempo. El hospital seguía siendo un lugar peligroso. Cada rincón podría esconder una amenaza, y Daniel no iba a arriesgarse a perder lo que había ganado hasta ahora.
La linterna apagada sumió la habitación en la oscuridad. La noche era su enemiga, pero por ahora, estaba a salvo. Por ahora.
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Al amanecer, la luz entró suavemente a través de las ventanas del hospital, despertando a Daniel de un sueño ligero. No había descansado completamente, pero se había recuperado lo suficiente como para seguir adelante. La situación no era cómoda, pero se adaptaba. No tenía tiempo para lamentaciones.
Recogió los suministros que había encontrado la noche anterior: linternas, pilas, cuchillo, navaja, kits de emergencia. Hizo un inventario mental de lo que tenía y lo que necesitaba. Las pilas durarían, pero las barras energéticas no. La comida era limitada. El agua también. Todo era crucial. Su enfoque era claro: sobrevivir.
No podía depender únicamente de un hospital, no podía arriesgarse a quedar atrapado allí por mucho tiempo.
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Con el objetivo de encontrar un vehículo adecuado y más suministros, se dirigió al campamento. El silencio seguía siendo perturbador. Nada parecía tener sentido en este mundo, pero la lógica seguía siendo su brújula. Había aprendido a adaptarse a la incertidumbre.
Los vehículos estaban en su mayoría vacíos, pero la esperanza no lo había abandonado. Al final, encontró lo que buscaba. Un Atlas APC. En su condición, un vehículo militar era la mejor opción. Resistente, práctico, y con un poco de suerte, con combustible suficiente.
La llave estaba allí, colgando en el espejo retrovisor. Eso no tenía sentido, pero Daniel no tenía tiempo para cuestionarlo. A veces, la suerte jugaba a su favor, pero no iba a confiar solo en ella. Subió al vehículo, inspeccionando rápidamente su estado.
Verificó el combustible: más de la mitad del tanque. Suficiente para moverse un par de días, pero Daniel no era hombre de dejar nada al azar. Sabía que necesitaba asegurarse más.
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Regresó al hospital, esta vez con un nuevo objetivo: el generador. El mapa que había encontrado le mostró que estaba en el área de cuidados intensivos. Era un riesgo, pero uno calculado.
Al girar en uno de los pasillos, un gruñido repentino le heló la sangre. Un caminante se abalanzó sobre él desde la penumbra...Fue inesperado.
Daniel retrocedió instintivamente, pero tropezó con una camilla volcada. Cayó al suelo, el caminante se lanzó sobre él con dientes ansiosos. Con una mezcla de miedo y adrenalina, Daniel sostuvo el cuello del muerto con ambas manos, evitando que su boca se acercara. Su respiración era rápida, su mente calculando, un error significaba su muerte.
Con esfuerzo, logró girarse y sacar su cuchillo. La criatura forcejeaba con fuerza inhumana. Daniel apuñaló su sien con precisión, giró el cuchillo hasta que el caminante dejó de moverse.
Su pecho subía y bajaba rápidamente. Se quedó inmóvil por un momento, asegurándose de que no hubiera más amenazas. Se levantó lentamente, limpiando la sangre de su cuchillo en su pantalón. Sabía que no podía relajarse. Cada encuentro era una advertencia: la muerte estaba siempre al acecho, tomo en cuenta a este caminante y los anteriores, a diferencia de los dos anteriores este se movía más rápido, parecía más fuerte y con mejores instintos.
Tendría que tener más cuidado.
Siguió avanzando por los pasillos, notó el ambiente cargado. Cada rincón del hospital susurraba historias de desesperación y muerte. Pero también escondía algo que no esperaba.
Rick Grimes.El protagonista de este mundo
Postrado en una cama, en peor estado de lo que mostraba la serie. Desnutrido, su piel marcaba el tiempo que había pasado en abandono. Este no era un actor en un set. Era un hombre real al borde de la muerte.
Daniel cerró la puerta tras de sí y se acercó. Su instinto médico se activó de inmediato. Revisó signos vitales. Pulso débil, pero estable. Presión baja. Musculatura atrofiada por la inactividad. No había posibilidad alguna de que, al despertar, pudiera levantarse y andar como si nada. La ficción había maquillado la realidad.
Este mundo era real. Sus peligros, sus heridas, sus muertes. Cada decisión aquí era definitiva.
Miró a Rick por unos segundos más. Este hombre podía ser la llave a una red de aliados. Alguien con la voluntad y el liderazgo para reunir personas. Pero también un riesgo, si su salud no mejoraba.
Daniel valoró las opciones. No podía quedarse a cuidar de él, pero tampoco podía ignorarlo. La información era poder. Saber que Rick estaba ahí le daba ventaja.
Sin perder más tiempo, salió de la habitación con la misma precisión con la que había entrado. El generador seguía siendo su prioridad. Suministros, combustible, movilidad. Esas eran sus verdaderas armas.
La supervivencia no era suerte. Era preparación, conocimiento y decisión. Daniel no dejaría nada al azar.