Me despierta el olor a carne chamuscada que hay por toda la torre.
Al bajar las escaleras, me encuentro de frente con algunos Dorados, quienes se apartan de mi camino para dejarme el paso. En la Sala de Guerra, Sevro aún discute con los otros sobre la veracidad de mi historia. Puedo ver un atisbo de rencor en Darrow, pero no está la hostilidad de antes.
- Miren quien ha despertado.- Sevro parece más confiado, aunque hace un par de días estaba dispuesto a apuñalarme.- ¿Dormiste bien despues de tú discurso, florecilla?
Le miro con impaciencia, mientras mi estómago ruge hambriento.
- Sevro fue a investigar un poco anoche.- Quinn habla junto a Casio, en la esquina de la sala.- Parece que decías la verdad.
Permanezco callado, porque podrían estar intentando ponerme una trampa. Ella continua.
- La Casa de Vulcano ya no existe. Sabemos que Baco y Neptuno están en guardia, pero los informes son confusos.
- Casio y yo,- Interrumpe Darrow.- Pensamos que sería bueno apropiarnos de los almacenes de Ceres. Con eso podríamos engrosar nuestras propias fuerzas y....
- ¿Por qué me estás contando todo esto? - Pregunto.- Si ya lo han decidido juntos, no queda más que hablar.
Darrow me mira con más irritación que antes. Casio suelta un bufido burlón, pero no parece haber malicia en él.
- ¿Eso es todo? Después de todo ese melodrama de anoche, ¿simplemente vas a acceder a todo lo que digamos?
No respondo nada mientras Casandra se acerca con un poco de carne de lobo quemada, y me la ofrece. El hambre puede conmigo y me atiborro durante unos segundos.
- ¿Qué es lo que esperan? - Les pregunto después de un rato.- No soy el Primus. La información que obtuve, fue una simple y conveniente casualidad.
- Aun así, podría ser útil. ¿Qué opinas del plan?
Me detengo a pensarlo. No consigo recordar como lo hicieron en los libros, pero es necesario que establezca contacto con otros. Por el momento, Darrow, Casio y Sevro se muestran dispuestos a la alianza, pero todos ellos desean ganar. Por otro lado, Roque, que se esconde en la habitación contigua con Lea, podría ser un aliado formidable, o un enemigo. Y Antonia es una serpiente esperando la oportunidad.
- Dame un día.- Le digo a Darrow.
Sevro ha sido enviado para vigilarme. El se ofreció, pero es obvio que Darrow es quién controla todo desde las sombras.
Avanzamos hacia el este, acompañados por el inmenso río. Tiene un cauce de varios kilometros, y el agua está completamente helada, imposibilitando su cruce. Es el mismo río que impide que la Casa de Júpiter nos destruya. Pero cuando el invierno llegue, el río se congelará y permitirá a las casas atacarse entre sí.
Camino varios pasos por delante de Sevro, consciente de que podría apuñalarme por la espalda en cualquier momento. Es un riesgo, pero le hará sentirse más cómodo.
- ¿A que estás jugando, florecilla? - Pregunta después de casi una hora.
- ¿De que hablas?
- Sabes que fue Darrow quien mató a Julián. No Vixus. Y es probable que Vixus no estuviera confabulado con el Chacal. Darrow también lo sabe.
Lo observo con cierto temor, que intento no se muestre en mi cara. Se que puedo confiar en él, al menos en una parte, pero no se si está listo.
- ¿Quieres una respuesta, Trasgo? Ayudame a sobrevivir a esto y te lo diré.
Un par de horas después, consigo ver a los jinetes en armadura que estabamos esperando. Llevo el yelmo que le he pedido a Sevro que me prepare, junto a un pequeño escudo de madera y una maza simple, construida a toda velocidad apenas unas horas antes. No resistirá una batalla prolongada, pero servirá para lo que tengo en mente.
Sevro intenta enseñarme a pescar, aunque es todo parte del plan.
Una jinete solitaria se acerca cabalgando. Lleva dos trenzas pequeñas a ambos lados de la cara, enmarcándole el rostro en forma de corazón. Una tercera trenza cuelga a su espalda. El simbolo de su casa está oculto, pero se quien es. Virginia Au Augusto, de la Casa de Minerva. Detrás de la colina, está su ejército, esperando la señal. Y el gigantesco Pax Au Telemanus está con ellos.
- Eh, Marte.- Saluda con petulancia, y cuando nos examina más a fondo, no puede evitar reírse.- ¿Pero que demonios se supone que son ustedes? El bajito está cubierto con una piel de lobo y tú llevas el jodido cráneo de una vaca... ¿Por qué un energúmeno peludo y un mastodonte cubierto de huesos han venido en busca de la esclavitud?
Trato de reunir en mi mente toda la información que tengo sobre Virginia. Sé que es increíblemente inteligente, la única que puede competir con su hermano Adrio. También es considerada una de las dos mujeres más hermosas del Núcleo. Y, en este momento de la historia en particular, está resguardada por Pax, su más leal amigo.
- Bienvenida... Eh... Mustang. - Le pongo el mismo apodo que Darrow le dió en la novela.- Lindo caballo.
- No se esfuercen, Minotauro. Sabemos que, de todo el valle, ustedes son los únicos que no tienen monturas. Tampoco tienen armas mejores, o las llevarían encima. Que casa tan pobretona.
Es orgullosa, y también le gusta ganar. Está jugando con nosotros. Pero se está aburriendo, así que debo tomar acción rápidamente.
- Tienes toda la razón, Mustang. Y aún así estamos aquí, buscando alianzas. - Recorro su cuerpo con la mirada, buscando armas escondidas. Ella lo malinterpreta y sonríe.
- Más que alianzas, Minotauro, pareces más interesado en subirte a mi silla de montar.
Su tono es juguetón, porque aún no parece haberse enterado de lo que está pasando en el resto de las Casas, ni de lo que ha hecho su hermano. O tal vez, intenta disimularlo. Le hago una seña a Sevro, que aprovecha la baja gravedad para lanzar una cuerda a la pata del caballo. Ella lo nota, e intenta hacerse para atrás, pero el caballo, asustado, la tira al suelo.
Sé que no se ha lastimado, la gravedad de Marte es demasiado baja para eso, pero aún así corro a asegurarme. Apenas me arrodillo junto a ella, y un cuchillo se acerca peligrosamente a mi ingle. Consigo sujetarle la mano mientras ella hace pucheros.
- ¿Lo ves? - Dice.- Ya sabía yo que querias revolcarme por el suelo.
Frunce los labios, y en ese momento la beso. No hay un interés subyacente, sino que es un truco para llamar a su caballería, y mis manos están sujetando las suyas. Solamente nos doy tiempo para que Sevro vaya por nuestro estandarte, que escondimos previamente, y se lo coloque en la frente, para convertirla en nuestra esclava. Pero ella consigue impactarme con la rodilla en la entrepierna.
Me alejo de su rostro, mientras me acometen las naúseas, y me quedo sin respiración.
- Sí querías un beso, deberías haber rogado por él. Tal vez me hubiera compadecido.
Soy incapaz de responder por el dolor, y ella termina silbando para llamar a su ejército.
En ese momento, Sevro finalmente le pone el estándarte en la frente, y un pequeño holograma con forma de lobo se proyecta, márcandola como nuestra esclava.
Los caballos de la Casa de Minerva nos rodean, y Sevro se prepara para pelear con sus cuchillos curvos.
Me pongo de pie, inseguro de lo que hará Virginia. Es común que los esclavos se conviertan en perjuros y decidan abandonar a sus amos, o los apuñalen por la espalda. Se considera una deshonra, pero todo en este juego es válido.
Para mi sorpresa, ella se levanta y se mantiene quieta.
Entre los jinetes que nos rodean, hay uno tan inmenso que es imposible equivocarse acerca de su identidad. Pax Au Telemanus. El mejor amigo de Virginia y su guardaespaldas. Y a partir de este momento, la clave de mi plan.