Download Chereads APP
Chereads App StoreGoogle Play
Chereads

La leyenda de Marl

🇲🇽TRH_
--
chs / week
--
NOT RATINGS
1.8k
Views
Synopsis
Cuando su hermana escapa de casa tras descubrir una dolorosa verdad, Marl Stimson hace un pacto con un dios, buscando deshacerse de sus problemas, pero el dios le dio el poder necesario para resolverlos. Este acuerdo lo lleva a convertirse en un campeón, que él ve como heroísmo, pero la vida en ese estado no le trae satisfacción. Por circunstancias inesperadas, Marl pierde el poder otorgado y es transportado a un universo desconocido, donde es confundido con un extraño término llamado "vendido". En este nuevo reino, la magia, conocida como kio, es una realidad, y Marl se enfrenta a decisiones que ponen en juego su moralidad: aceptar el dinero y vivir dejando su pasado atrás o entrenar para volverse más fuerte y proteger a sus seres queridos. El dios que le otorgó su poder vuelve a contactar a Marl, revelándole la ubicación de su hermana, lo que le da una nueva motivación. Decidido a enfrentar sus errores y renunciar a una vida alejada de su pasado, Marl se compromete a convertirse en el guerrero más fuerte en este mundo medieval y fantástico. Con la tutoría de Valdor y el apoyo de Finn, comienza a explorar su nuevo entorno, formando relaciones significativas y adquiriendo el poder necesario para proteger a los que ama de la inminente amenaza de los guerreros Infinity. Prometiéndose no cometer los mismos errores, dando inicio a su leyenda. La leyenda de Marl.
VIEW MORE

Chapter 1 - El secreto

Frente a mí se alzaba la ruina de aquel reino que alguna vez fue próspero. Las calles, antes llenas de vida, ahora estaban teñidas de rojo; la sangre de soldados y aldeanos cubría cada piedra del camino, impregnando el aire con el olor de la muerte.

En medio de ese paisaje desolador, solo quedábamos dos almas: la mía y la de aquel conquistador. Lo vi alzar su espada, aun goteando con la sangre de mi padre, y, sin un atisbo de remordimiento, sus ojos se encontraron con los míos.

Era una mirada fría, lista para borrar mi rostro de su memoria como si yo no fuera más que otro espectro en su lista interminable de víctimas. Pero en ese instante, juré que yo no sería el olvidado y llenando mis pulmones de aire, exhale.

La vida en el reino de Narnest fue increíble, aunque sabía que no pertenecía a ese mundo. A veces, sentía que pertenecía menos al mundo en el que nací.

3 años antes. en una prospera ciudad llamada city one, llena de edificios tan altos que tocaban las nubes. Donde la tecnología reinaba.

En una habitación silenciosa, donde solo el sonido irregular de la respiración llenaba el aire, yacía dormido un joven de cabello rosa pastel.

De repente, el tranquilo ambiente se vio interrumpido por el incesante sonido de un puño golpeando la puerta, despertando al chico.

—¡Marl! ¡Marl! ¡Despierta! Hoy vienen mamá y papá.

Con el rechinido de las bisagras, la puerta se abrió de golpe. Marl salió de su cuarto, frotándose los ojos y soltando un bostezo.

—Oh, sí, hoy cumples 10 años. Has esperado todo el año por esto, ¿verdad?

—¡Sí! ¡Por eso no podemos perder el tiempo!

Marl sonrió, con gentileza le acarició la cabeza a la pequeña.

—Tranquila, sé que ellos no se lo perderían ni muertos.

Retiró su mano, levantándose.

—Voy a meterme a bañar. Espérame un momento.

—¡Sí, pero no te tardes!

Al cerrar la puerta tras él, Marl abrió la llave de agua caliente. Sin embargo, en lugar de entrar a la ducha, se desplomó en el suelo, colocando una mano sobre su rostro, murmurando para sí mismo.

—Este año… cómo se lo ocultaré.

El sonido del agua, suave y constante, apenas disimulaba el hilo de su voz.

Saliendo de la ducha, Marl regresa a su cuarto. Su cabello rosa, aún húmedo, gotea suavemente mientras busca ropa limpia en un cajón desgastado. Se viste con calma, ajustando cada prenda con cuidado. Finalmente, toma un collar sencillo pero significativo de la religión threedial, un regalo de su hermana, colocándolo alrededor de su cuello.

Al terminar, se detiene frente al espejo. Su reflejo lo observa con frialdad. Intenta sonreír, pero el gesto se siente forzado, casi doloroso. Sus ojos, llenos de inquietud, se desvían del espejo, incapaces de sostener su propia mirada. Marl suspira profundamente, dejando escapar algo de la carga que llevaba dentro. Con una sonrisa, sale del cuarto.

—¿Qué crees, Rinn? Papá me llamó y me dijo que llegaba a las ocho de la tarde.

Saltando del sofá.

—¿¡De verdad!? ¿Te llamó? —Los ojos de Rinn brillaban mientras tiraba de la manga de Marl, ansiosa por más detalles.

Marl le dedica una sonrisa tranquila, agachándose un poco para estar a su altura.

—Me lo dijo justo antes de que tomaran el vuelo. Ya deben estar por venir. Pero tranquila, no te pongas triste. Muy pronto los conocerás.

Los ojos de Rinn, llenos de ilusión, parpadean rápidamente mientras intenta contener la emoción.

—Sí. —la sonrisa que mostraba entraba por los ojos de marl, como si una mano se introdujera en el apretando su corazón, dificultando su respiración.

Marl, con ternura, le acaricia la cabeza, desordenando un poco su cabello.

—Voy a ir con Mian. Luego regreso.

Rinn frunce ligeramente el ceño, desconcertada.

—¿Pero por qué?

Marl sonríe con un aire misterioso y levanta una mano, haciendo un gesto juguetón.

—Es una sorpresa.

Sin esperar más preguntas, Marl se da la vuelta y cierra la puerta detrás de él.

Con la puerta ya cerrada, se recarga encima de ella. Presionando con su mano su pecho intentando controlar su respiración.

Sacando su celular del bolsillo, Marl escribe un mensaje rápido.

"Nos vemos en la plaza."

Sin esperar respuesta, guarda el teléfono en su bolsillo y comienza a caminar en dirección al punto de encuentro.

Al llegar, la plaza estaba llena de vida. Las luces de los letreros brillaban con intensidad, mientras las tiendas abiertas intentaban captar la atención de los transeúntes con anuncios llamativos y ofertas. El aire estaba impregnado del aroma de comida recién preparada, desde dulces hasta carnes asadas.

Marl divisó a Mian en una esquina, sentada en una mesa al aire libre, con un tazón de pollo frito frente a ella. Su postura relajada y la forma en que masticaba despreocupadamente reflejaban que lo estaba esperando.

Marl llegó a su lado, corrió la silla frente a ella y tomó asiento, dejando escapar un leve suspiro antes de hablar.

—Mian… ¿tú crees que una fiesta sea suficiente? —preguntó, su voz teñida de duda, mientras sus dedos jugueteaban entre sí.

Mian levantó la vista, observándolo con detenimiento. Tragó el trozo de pollo que estaba comiendo y dejó el tazón a un lado, inclinándose hacia él.

—Deja de engañarte, Marl. En algún momento se lo tendrás que decir.

Sus palabras eran firmes, casi un susurro, pero cargadas de significado. Marl desvió la mirada, incapaz de sostener el peso de sus ojos.

—¿A qué… a qué te refieres?

—Tú lo sabes bien. No puedes ocultárselo para siempre. Ya tiene 10 años. ¿Planeas seguir ocultándoselo hasta que mueras?

Marl se quedó en silencio. Su mandíbula se tensó mientras sus dedos apretaban la tela de su pantalón. Finalmente, habló, con un tono bajo y vacilante.

—Si es por su felicidad… sí.

Mian suspiró, sus ojos reflejaban una mezcla de compasión y resignación.

—Entiendo. Si esa es tu decisión… te apoyaré.

Marl levantó la vista, sorprendido por sus palabras.

—Gracias… —murmuró, con una sonrisa débil. Luego, se aclaró la garganta, intentando cambiar el tema. —Hace unos días me dijo que quería un juego nuevo. Vamos por él.

Mian sonrió con picardía, recostándose en la silla.

—De paso me invitas a salir, ¿no?

Marl no pudo evitar reírse suavemente ante el comentario.

—Está bien, está bien. Vamos.

Ambos se levantaron de la mesa, dejando atrás el tazón vacío de Mian. Mientras caminaban, la tensión que había entre ellos parecía disiparse poco a poco, aunque la decisión de Marl aún pesaba en el aire.

Mientras tanto, en el departamento de Marl, el sonido de un motor elegante resonó en la calle. Una limusina negra, brillante como el ébano, se estacionó justo enfrente del edificio. Su presencia destacaba entre los vehículos ordinarios, atrayendo la atención de los curiosos que pasaban por ahí.

Dentro del departamento, Rinn estaba sentada en el sofá, abrazando un cojín mientras veía las noticias en la televisión. La pantalla mostraba imágenes de un héroe en acción, vestido con un traje imponente y una capa ondeando detrás de él.

"El gran héroe Ergos nos ha vuelto a salvar una vez más. El villano conocido como Eggface fue detenido esta mañana tras intentar utilizar un gigantesco taladro mecánico para robar la bodega de vino más exclusiva de la ciudad. Según testigos, Ergos exclamó: '¡fue por vino, y ya no vino!', antes de que Eggface fuera arrestado. Afortunadamente, no hubo heridos, y todo gracias a la rápida intervención de Ergos."

Rinn rió con fuerza.

—¡Jajaja! Ergos es increíble. Siempre sabe qué decir.

Antes de que pudiera cambiar de canal, un fuerte golpe en la puerta interrumpió la tranquilidad del momento. El sonido resonó en el pequeño departamento, haciéndola sobresaltarse.

—¿Tan rápido llegaron? —murmuró para sí misma, dejando el cojín a un lado.

Con pasos apresurados, se dirigió a la puerta. El corazón de Rinn latía con emoción; la idea de finalmente ver a sus padres la llenaba de entusiasmo. Giró la perilla con manos temblorosas, sin saber que lo que estaba a punto de descubrir cambiaría todo.

 Ya eran las 6:00 de la tarde.

—fue una excelente cita. —dice mian antes de darle un beso en el cachete. — Espero a que a Rinn le guste ese pastel, recuerda guardarme un pedaso.

—gracias mian. Igual me divertí. Cuando regreses a tu casa me saludas a tu hermano lee.

—claro, cuídate y también guárdale una rebanada a él.

Ambos se despiden y toman caminos diferentes.

Marl caminaba por la calle, sosteniendo con cuidado una caja adornada con un lazo rojo que contenía un pastel de tres leches, cubierto con fresas bañadas en chocolate. Había elegido ese pastel con esmero, recordando cuánto le gustaban a Rinn las fresas y el sabor suave del chocolate que las envolvía. El aroma dulce escapaba por los bordes de la caja, mezclándose con el aire fresco de la tarde.

Al doblar la esquina cerca de su edificio, algo fuera de lo común llamó su atención. Una limusina negra, imponente y reluciente, estaba estacionada justo frente a la entrada. Marl se detuvo, sus ojos entrecerrados mientras analizaba la situación, un nudo en el pecho formo mientras apretaba con más fuerza la caja de pastel. Un hombre alto y de porte distinguido, con un traje impecable, se encontraba junto al vehículo fumando un cigarrillo.

—¿Cómo estás, joven Marl? —dijo el hombre, con una sonrisa que parecía cortés pero que escondía un aire de superioridad—. ¿Te divertiste con mi hija?

Marl sintió un nudo en el estómago, mientras tragaba saliva. Su mirada se clavó en el suelo antes de responder.

—Señor Yerner… ¿Qué lo trae por aquí? —preguntó, esforzándose por mantener la calma mientras sujetaba la caja con más fuerza.

Yerner soltó una leve risa, mientras soltaba el grisáceo humo del cigarrillo.

—Solo queríamos darle una sorpresa a Rinn. Espero que tú también tengas un buen regalo para ella —dijo, bajando la mirada hacia las manos de Marl—. Aunque, viendo ese pastel, me pregunto si realmente lo podrá disfrutará.

Marl frunció el ceño, pero su tono permaneció respetuoso.

—De qué habla… Es su sabor favorito.

Yerner sonrió, esta vez más ampliamente, como si disfrutara de la incomodidad de Marl.

—Está bien, joven. Nosotros también tenemos que irnos —respondió, dando un paso hacia la limusina.

—señor yerner. gracias por el dinero de este mes.

Con una sonrisa de superioridad.

—de nada joven. Tu padrastro era uno de mis mejores amigos. Y su hija era lo más importante para él. Aunque no importa que también comas de ay.

Volteando su mirada asía una esquina.

—Sí… Gracias de igual forma.

Yerner subió a la limusina y el vehículo arrancó, dejando a Marl parado frente al edificio con una sensación de vacío. Apretó los labios, bajó la mirada hacia el pastel en sus manos y respiró profundamente antes de entrar al edificio.

Al llegar al departamento, Marl abrió la puerta con cuidado, como si temiera perturbar algo.

—Bueno, Rinn, papá dijo que llegarían más tarde, pero te traje un pastel —dijo con una sonrisa, levantando la caja ligeramente—. Y también podemos jugar este juego que…

Se detuvo al verla. Rinn estaba sentada en el sofá, encorvada, con un cumulo de papeles entre sus manos temblorosas. Lágrimas silenciosas resbalaban por sus mejillas, cayendo y dejando pequeñas manchas en el documento. Su cuerpo parecía frágil, casi roto.

—Rinn… ¿Qué tienes? —preguntó Marl suavemente, dejando el pastel sobre la mesita más cercana y acercándose con cautela.

Al sentir su mano en el hombro, Rinn reaccionó como si hubiera sido golpeada.

—¡No me toques, mentiroso! —gritó, empujándolo con toda su fuerza. Marl tropezó hacia atrás, cayendo al suelo con un golpe sordo.

Antes de que pudiera reaccionar, Rinn le lanzó el papel a la cara. Este se deslizó hasta caer a su regazo mientras ella salía corriendo del departamento, sus sollozos resonando como ecos de un corazón roto.

Confundido y con el pecho apretado, Marl recogió los papeles que ella había dejado. Sus ojos se movieron rápidamente entre las líneas impresas:

"El señor Stimson murió por cáncer."

"La señora Stimson murió durante un parto."

"El señor Tial murió en un accidente familiar. Por suerte, sus dos hijos sobrevivieron."

Cada palabra perforaba su mente como agujas, mientras su respiración se volvía errática. Levantó la mirada hacia la puerta abierta por donde Rinn había salido corriendo, sintiendo un peso insoportable en el pecho.

Dejó caer los papeles y, temblando, sacó su celular. Sus dedos apenas podían sostenerlo mientras escribía un mensaje rápido.

"Mian, Lee, necesito ayuda. Vengan rápido."

Sin esperar respuesta, marcó a la policía, explicando entrecortadamente la situación. Mientras colgaba, su mente seguía repitiendo las mismas preguntas: ¿Cómo pudo enterarse?, antes de continuar en su mente se posicionaron las palabras del señor yerner "solo queríamos darle una sorpresa a rinn", "tu padrastro era uno de mis mejores amigos"

El silencio del departamento ahora parecía opresivo, cargado de emociones reprimidas y el eco de las lágrimas de Rinn. Marl cerró los ojos y respiró profundamente, sabiendo que lo que vendría no sería fácil, pero no podía permitirse detenerse ahora.

Marl salió de su departamento apresuradamente, casi tropezando con la puerta en su prisa por encontrar a Rinn. Pero apenas dio unos pasos en el pasillo, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, erizando su piel de manera instantánea. La sensación era opresiva, como si un peso invisible lo aplastara desde todos los ángulos, impidiéndole avanzar.

—¿Qué… qué es esto? —murmuró con voz temblorosa, mientras su respiración se volvía pesada y descontrolada.

Se llevó una mano al rostro, sintiendo cómo el mareo amenazaba con derribarlo. Apoyó la otra mano contra la pared, buscando estabilidad, mientras su mente trataba de procesar la extraña sensación. Y entonces, tan rápido como había llegado, la presión desapareció, dejando un vacío inquietante.

—No importa… Debo seguir… —se dijo a sí mismo, sacudiendo ligeramente la cabeza para despejarla, aunque el temblor en sus piernas persistía.

Bajó las escaleras y salió del edificio, con los ojos buscando desesperadamente cualquier señal de su hermana. Pero cuando estaba a punto de cruzar la calle, una mano firme lo detuvo por el brazo.

—Espere, joven. No puede pasar.

Marl levantó la mirada para encontrarse con un oficial de policía, cuya expresión grave confirmaba que algo estaba terriblemente mal.

—¿Qué sucede? —preguntó con ansiedad, tratando de apartar la mano del oficial.

—El villano Eggface ha escapado de la cárcel. Es demasiado peligroso estar afuera. Por favor, regrese a su hogar. El héroe Argón se encargará de la situación.

El corazón de Marl se hundió al escuchar esas palabras, pero su preocupación por Rinn lo impulsó a insistir.

—Señor, mi hermana está afuera. No sé dónde está, necesito ir por ella —suplicó, con la voz quebrada y los ojos suplicantes.

El oficial negó con la cabeza, su postura firme pero llena de pesar.

—Lamento mucho su situación, pero no podemos arriesgar más vidas. Le pido que confíe en nosotros y en Argón. Por favor, regresa a casa y manténgase a salvo.

Marl apretó los puños con fuerza, sintiendo cómo la impotencia y la frustración lo consumían. Bajó la mirada al suelo, incapaz de enfrentarse a la realidad.

—El día siguiente… saldrá todo bien… —murmuró en un susurro apenas audible, intentando convencerse de sus propias palabras.

Con pasos y pesados, se dio lenta la vuelta y comenzó a caminar de regreso a su departamento. Cada paso se sintió como una derrota, y el dolor en su pecho era casi insoportable. Cerró la puerta tras de sí, apoyando la espalda contra ella y mirando al techo, como si buscara alguna respuesta en las sombras del cuarto.

Por favor, Rinn… Estés donde estés, mantente a salva…

Dijo tratando de tranquilizarse, antes de que el pastel callera de aquella pequeña meza.