En la oficina de Dong Lin, las luces seguían encendidas hasta altas horas de la noche.
—Alcalde, este asunto es problemático —dijo el Secretario Xu con franqueza. Llevaba muchos años con Dong Lin y sabía muy bien que la Ciudad de Tian Hai era solo un trampolín para un hombre tan ambicioso como Dong Lin.
Ahora, ese trampolín estaba revelando profundas fisuras. Incluso un ligero error de juicio podría conducir a una caída precipitada.
Habían trabajado juntos por demasiado tiempo y ahora sus destinos estaban entrelazados.
—Si se trata de la gente, no importa cuán complicado sea, ¡debo encargarme de ello! —Dong Lin dijo, mirando el informe en su mano y golpeando la mesa levemente.
La tarea asignada por los superiores era inesperadamente desafiante.
Parecía un intento deliberado de sabotearlo. Pero lo que más le preocupaba era la tarea misma.