Capítulo 1: El Comienzo en la Preparatoria Kurohime
El autobús que se dirigía hacia la Preparatoria Kurohime avanzaba por un camino largo y solitario. La nieve caía lentamente sobre las montañas cercanas, pero dentro del vehículo, la atmósfera estaba llena de tensión y nerviosismo. Estudiantes de diversos orígenes, con diferentes personalidades, se encontraban en el mismo viaje, cada uno con sus propios pensamientos. Sin embargo, entre ellos había una figura destacada, pero que no lo deseaba.
Yoge Hagame estaba sentado en su asiento, con los ojos ligeramente entrecerrados, mirando por la ventana sin una expresión clara en su rostro. Como siempre, su cara era imperturbable, su mirada distante, como si nada fuera capaz de alterarlo. Nadie podía decir qué pensaba, ni si realmente pensaba algo. La vida había sido difícil para él, pero ese tipo de sufrimiento ya no le importaba. Lo que le importaba ahora era sobrevivir en la escuela que tenía frente a él, un lugar lleno de reglas no escritas, competencias y, por supuesto, la constante lucha por mantenerse en el rango más alto.
A su lado, una chica parecía estar extremadamente nerviosa. Sus manos temblaban ligeramente y sus ojos, aunque intentaban esconderlo, no podían dejar de mirar a Yoge. Ella no lo conocía, pero algo sobre él le provocaba una sensación de incomodidad. Sin embargo, él no se inmutó. Había algo en él que le hacía parecer inaccesible. Era como si estuviera tan lejos de todo y de todos que nadie pudiera siquiera rozarlo.
La chica intentó hablar, pero sus palabras no salieron de inmediato. En lugar de eso, se quedó mirando al frente, tragándose el nudo en su garganta. Yoge la observó de reojo. Parecía una chica común, tal vez un poco nerviosa, pero él no estaba interesado en entablar ninguna conversación. Ya había aprendido a mantenerse al margen. No necesitaba involucrarse con nadie si no era necesario.
Finalmente, la chica se armó de valor.
—E-eh… ¿tú eres nuevo, no? —dijo en voz baja, casi susurrando.
Yoge no respondió de inmediato. Su silencio era casi tan denso como la atmósfera que los rodeaba. Después de unos momentos, simplemente asintió con la cabeza, sin cambiar su expresión. No había necesidad de hablar más. La chica, sintiendo que no recibiría mucho más de él, volvió a su estado de incomodidad, jugando con los bordes de su uniforme.
La Preparatoria Kurohime no era una escuela común. Era un lugar donde los estudiantes no solo competían por calificaciones, sino que también luchaban por su supervivencia. Aquella escuela, ubicada en una gran mansión aislada en las montañas, tenía un sistema de clases dividido en seis niveles para los estudiantes de primer año y demás grados, y esos niveles no solo reflejaban el rendimiento académico, sino también las habilidades en otras áreas: sociales, estratégicas, deportivas y, lo más importante, cómo lograr moverse en la sombra, donde todo se decide en secreto. Cada clase se denominaba con un número de curso, y los estudiantes más destacados tenían la oportunidad de ganar dinero y ser tratados como los mejores.
Pero no todos podían ser los mejores.
—¿Te has fijado en los rangos? —dijo la chica, aparentemente intentando forjar una conversación de nuevo—. Es un sistema realmente brutal. Todos compiten por el primer lugar, y si no te destacas, te arrastras. Algunos ya lo saben, pero… yo nunca estuve en una escuela así. ¿Y tú?
Yoge la miró un segundo, sintiendo cómo su presencia le pesaba. Era una conversación inútil, pero no tenía ganas de ser grosero. Al fin y al cabo, no le molestaba hablar lo necesario.
—No me importa. —su voz era fría, carente de interés—. Todo eso es solo una ilusión para mantener a los estudiantes ocupados. Yo solo necesito pasar desapercibido.
La chica lo miró sorprendida por la indiferencia de sus palabras, pero no dijo nada más. Por dentro, pensaba que Yoge no tenía ni idea de lo que realmente implicaba estar en la Preparatoria Kurohime, o tal vez lo sabía demasiado bien.
Los autobuses comenzaron a acercarse a la escuela, y el bullicio de los estudiantes era palpable. Algunos de los más audaces ya comenzaban a hablar entre ellos, compartiendo rumores sobre los profesores, las reglas de la escuela y, lo más importante, cómo podrían ganar el favor de los de arriba. Los estudiantes con habilidades sobresalientes siempre estaban en la mira de los profesores, y los que no lo eran, terminaban en las clases más bajas, como Yoge, en la 1-6. Ese era su destino, el último curso, el que estaba conformado por los estudiantes con peores calificaciones o habilidades, pero que, a pesar de eso, aún tenían algo que ofrecer.
—¿Qué clase te asignaron? —preguntó la chica, después de unos minutos de silencio incómodo.
—1-6. —respondió Yoge sin emoción alguna, y luego se giró hacia la ventana una vez más, evitando mirar a la chica.
Ella no respondió de inmediato, pero al escuchar el número, su expresión cambió. Estaba claro que la clase 1-6 no era un buen lugar para estar, pero Yoge no parecía importarle. La chica, tal vez más consciente de la gravedad de la situación, miró con curiosidad a su alrededor, como si estuviera buscando algún tipo de consuelo o explicación.
Pero Yoge estaba completamente absorto en sus propios pensamientos. Había sobrevivido a una vida en un orfanato, y la competencia en la Preparatoria Kurohime era solo otro obstáculo más en su camino. No importaba cuánto tuviera que luchar, o cuántos estudiantes estuvieran dispuestos a jugar sucio para llegar a la cima. Él había aprendido a manejar las piezas del tablero sin que nadie lo notara, moviéndose en las sombras.
El autobús finalmente llegó a la entrada principal de la escuela, un enorme edificio con una arquitectura imponente. Había algo ominoso en la forma en que se erguía en medio de las montañas, como si fuera un lugar donde se forjaban los futuros de aquellos que podían soportar el peso de la competencia. Los estudiantes comenzaron a bajar, unos con expresión de emoción, otros con una cara de nerviosismo evidente.
Yoge bajó del autobús sin prisa, sin cambiar su paso, y se adentró en el terreno de la escuela, sin mostrar ni un ápice de temor. Para él, esta era solo otra etapa más de su vida, y tenía un plan, aunque nadie más lo supiera.
—Bienvenido a la Preparatoria Kurohime —pensó para sí mismo mientras observaba el paisaje, con su mirada vacía—. Aquí, ganar no lo es todo… Pero estar por encima de todos es lo que realmente importa.
---
El cielo nublado parecía encajar perfectamente con el ambiente frío de la entrada principal de la Preparatoria Kurohime. Los estudiantes caminaban en silencio o hablaban en voz baja mientras un grupo de profesores observaba desde un podio elevado. El edificio, una combinación de modernidad y tradición, se erigía con una presencia imponente, casi como si quisiera aplastar con su peso a quienes se atrevían a entrar.
Yoge Hagame, con su rostro inexpresivo, avanzó junto al flujo de estudiantes. No tenía prisa, ni mostraba nerviosismo. Había aprendido a caminar como si el mundo no tuviera peso sobre sus hombros, y eso lo hacía destacar de manera inconsciente. Otros, aunque intentaban ignorarlo, no podían evitar notar su presencia silenciosa.
"Bienvenidos a la Preparatoria Kurohime", resonó una voz autoritaria desde el podio. Un hombre de cabello plateado, alto y con un porte impecable, observaba a los estudiantes con ojos afilados. Vestía un traje negro que parecía tan impecable como su actitud. Su sola presencia hizo que el murmullo de los estudiantes se extinguiera.
—Mi nombre es Shinobu Arakawa, y soy el director de esta institución. Todos ustedes, desde hoy, son parte de un sistema diseñado para separar a los fuertes de los débiles. No estamos aquí para criar estudiantes ordinarios; estamos aquí para forjar a los mejores. Pero recuerden, no hay lugar para todos.
El silencio entre los estudiantes era palpable. Algunos lucían emocionados, otros aterrados. Yoge, como siempre, permanecía indiferente, aunque prestaba atención. Cada palabra del director era importante, no porque él creyera en su discurso, sino porque entendía que ese era el marco de las reglas del "juego" en el que estaba entrando.
—En esta escuela, cada estudiante será evaluado constantemente. Su desempeño académico, habilidades sociales, físicas y estratégicas se medirán en un sistema de ranking. El dinero que reciban, los privilegios y su permanencia en esta institución dependerán exclusivamente de ese ranking.
El director hizo una pausa, escaneando a la multitud con sus ojos penetrantes.
—Cada clase representa un nivel. Los de la 1-1 son los mejores, los más talentosos. Los de la 1-6, por el contrario, son aquellos que tienen mucho que demostrar… o que, probablemente, no durarán aquí.
Una ligera risa se escuchó en la multitud, probablemente de algún estudiante de una clase superior. Pero Yoge no reaccionó. Las palabras del director eran exactamente lo que él esperaba. Había sido colocado en la 1-6, el fondo del barril, el lugar de los supuestamente "insignificantes". Y eso estaba bien para él.
—Las competencias entre clases serán frecuentes y determinarán su posición en el ranking general. Las clases con el mejor desempeño recibirán bonificaciones económicas, privilegios exclusivos y la admiración del resto. Pero cuidado: si una clase pierde demasiados puntos o su desempeño no cumple con los estándares… habrá expulsiones.
Esta vez, el silencio fue más pesado. Algunos estudiantes comenzaron a murmurar entre ellos, preocupados por el concepto de expulsión. Yoge, sin embargo, permaneció inmóvil. En su mente, ya comenzaba a trazar un mapa de posibilidades. "Competencias, rankings, dinero, expulsiones… Nada de eso importa si sabes cómo jugar con las piezas correctas."
El director continuó:
—Hoy se les entregará una tarjeta personal que contendrá su saldo inicial: 50,000 yenes. Este dinero se les otorgará cada mes, pero su cantidad dependerá de su rendimiento en el ranking. Los estudiantes en las posiciones más altas recibirán mucho más, mientras que aquellos en las posiciones bajas… bueno, será mejor que aprendan a administrarse.
Finalmente, el director levantó una carpeta negra y la mostró al público.
—Aquí están las reglas. Léanselas, estúdienlas, y úsenlas para ganar. Solo hay una forma de sobrevivir aquí: ser el mejor o asegurarte de que alguien más pierda en tu lugar.
Con esas palabras finales, el director bajó del podio y los profesores comenzaron a organizar a los estudiantes por clases. Un profesor, un hombre de mediana edad con gafas y un semblante relajado, se acercó a un grupo y levantó un cartel que decía "1-6".
—Los estudiantes de la clase 1-6, por favor, síganme —dijo con voz tranquila.
Yoge avanzó sin decir una palabra. Alrededor suyo, algunos estudiantes lucían visiblemente desanimados, otros molestos. Una chica de cabello castaño oscuro, la misma que había estado junto a él en el autobús, parecía especialmente ansiosa. Sin embargo, Yoge no tenía intenciones de interactuar con nadie, al menos no todavía.
Cuando llegaron al aula designada para la clase 1-6, el profesor cerró la puerta detrás de ellos y se dirigió al escritorio al frente. Era un salón espacioso, con ventanas grandes que dejaban entrar la luz del día. Las mesas estaban distribuidas en filas de cuatro, y los estudiantes comenzaron a sentarse sin un orden específico.
—Mi nombre es Kenji Takamura, y seré su tutor en este curso. Sé que para muchos de ustedes, estar en la clase 1-6 puede sentirse como una derrota, pero les aseguro que este no es el final. La Preparatoria Kurohime les da a todos una oportunidad de subir en el ranking. Todo dependerá de cuánto esfuerzo estén dispuestos a poner.
Los estudiantes escuchaban en silencio, aunque algunos parecían más interesados en mirar a su alrededor que en las palabras del profesor. Yoge, sentado en la última fila junto a la ventana, observaba todo con atención. Los rostros de sus compañeros, las expresiones en sus ojos… ya comenzaba a formarse una idea de quiénes podrían ser útiles y quiénes serían un obstáculo.
—Antes de comenzar con las explicaciones, les entregaremos sus tarjetas personales —continuó el profesor, sacando un montón de sobres del cajón de su escritorio—. Estas tarjetas no solo contienen su saldo inicial, sino también su identificación en el sistema. No las pierdan, y úsenlas con inteligencia.
El profesor comenzó a repartir las tarjetas, llamando a cada estudiante por su nombre. Cuando llegó el turno de Yoge, Takamura lo miró con una ligera curiosidad antes de entregarle su sobre.
—Espero que encuentres tu lugar aquí, Hagame-kun —dijo, con un tono que parecía sincero.
Yoge simplemente asintió, sin decir nada.
Mientras el profesor continuaba con la distribución, Yoge abrió su sobre y examinó la tarjeta. Su nombre estaba grabado en ella, junto con el saldo inicial: 50,000 yenes. Una herramienta más para el juego. Una herramienta que debía usar con cuidado.
"Así que aquí es donde empieza todo", pensó Yoge, mientras guardaba la tarjeta en el bolsillo interior de su chaqueta. "No importa lo que digan las reglas o el ranking. Siempre hay formas de jugar fuera de ellos."
---