El aire helado del bosque envolvía a Wanda y Pietro como un presagio. Frente a ellos, una figura emergía de las sombras: el Soldado del Invierno, un espectro mortal con un brazo metálico y una mirada fría como el acero.
La Red Queen habló en la mente de Wanda, calmada y precisa.
—Wanda, su brazo biónico es su mayor ventaja. Usa tus poderes para desequilibrarlo.
Simultáneamente, la White Queen guiaba a Pietro.
—Tu velocidad puede contrarrestar su entrenamiento. Distráelo mientras Wanda lo desarma.
El Soldado del Invierno no esperó. Cargó hacia los niños con una rapidez y fuerza que traicionaban su apariencia humana. Su brazo metálico cortó el aire en un arco mortal, pero Pietro ya había desaparecido de su camino, dejando tras de sí una ráfaga de viento.
—¡Wanda, mantente alerta! —gritó Pietro, corriendo a su alrededor como un rayo plateado.
Wanda levantó las manos, y una barrera de energía caótica brilló justo a tiempo para bloquear el golpe del Soldado. El impacto resonó en el aire, pero la barrera contuvo el ataque. Con un movimiento rápido, Wanda contrarrestó con un estallido de energía, obligándolo a retroceder unos pasos.
El Soldado no titubeó. Sacó una pistola de su cinturón, apuntando directamente a Wanda. Pietro apareció en un instante, golpeando su brazo para desviar el disparo, el cual se perdió entre los árboles.
—Es rápido, pero no lo suficiente para mí —dijo Pietro con una sonrisa burlona.
El Soldado del Invierno giró hacia él, su mirada implacable. Con un movimiento fluido, lanzó una granada de humo a sus pies, cubriendo el área con una neblina espesa.
—¿Qué está haciendo? —preguntó Pietro, frenando abruptamente.
La voz de la White Queen respondió en su mente.
—Es un truco para ocultar sus movimientos. Ten cuidado, su sigilo es letal.
Wanda cerró los ojos por un momento, confiando en las palabras de la Red Queen. Extendió sus manos y dejó que su energía caótica se expandiera como un radar, detectando al Soldado en medio de la nube de humo.
—¡Está a tu izquierda! —gritó, justo cuando el Soldado intentó emboscar a Pietro.
Pietro esquivó por un pelo, pero el brazo metálico del Soldado atrapó su chaqueta, lanzándolo contra un árbol. Wanda reaccionó de inmediato, lanzando un rayo de energía caótica que golpeó al Soldado en el pecho, enviándolo al suelo.
El Soldado se levantó rápidamente, su mirada más fría que nunca. Con una destreza impecable, lanzó un cuchillo directamente hacia Wanda. Pietro, a pesar del dolor, apareció frente a ella en un destello y desvió el cuchillo con un rápido movimiento de su mano.
—Gracias, hermano —dijo Wanda, con una sonrisa.
Pietro se limpió el polvo del rostro y se giró hacia ella.
—¿Tienes un plan?
Wanda asintió.
—Necesitamos desactivar su brazo biónico. Eso lo desequilibrará.
—Entendido. Distráelo y déjame a mí.
Pietro comenzó a correr alrededor del Soldado del Invierno, creando un torbellino de viento que lo obligó a retroceder. Mientras tanto, Wanda extendió sus manos y concentró su energía en el brazo metálico del Soldado. Los engranajes comenzaron a crujir, y chispas salieron del codo mientras su sistema se desestabilizaba.
El Soldado intentó atacar, pero su brazo fallaba, moviéndose de forma errática. Pietro aprovechó la oportunidad para barrer sus pies, derribándolo. Antes de que pudiera levantarse, Wanda lanzó un rayo final de energía que lo dejó inmóvil en el suelo, su brazo biónico completamente inservible.
El Soldado del Invierno, por primera vez, pareció vulnerable. Respiraba con dificultad, consciente de su derrota.
—¿Está… está acabado? —preguntó Pietro, observando al hombre caído.
—Por ahora —respondió Wanda, su respiración agitada mientras usaba su poder del caos para inmovilizar al soldado del invierno.
Antes de que pudieran decidir qué hacer, un sonido suave de pasos llegó a sus oídos. Los árboles se separaron, revelando a un grupo de figuras familiares. Los X-Men emergieron de las sombras, liderados por Charles Xavier en su silla de ruedas.
—Wanda, Pietro —dijo Xavier, su voz calmada pero autoritaria—. Necesitamos hablar.
Los Maximoff se quedaron quietos, la tensión aún palpable en el aire. Los X-Men los miraban con una mezcla de asombro y precaución. Wanda y Pietro intercambiaron una mirada, sabiendo que su noche apenas comenzaba. Era una imagen rara de 2 niños pequeños con un hombre adulto desmayado a sus pies.
Los padres de Stark estaban a salvo por ahora, pero poco sabían Wanda y Pietro que, aunque no fueron asesinados esa noche, los padres de Tony estaban enfermos y morirían pocos meses después pero esta vez Tony podría despedirse de ellos adecuadamente.