Bai Ye estaba más callado de lo usual el resto del día. No dijo más sobre el misterioso poder detrás de las Estrellas Gemelas, y yo me quedé con más preguntas que respuestas, pero la mirada pensativa en sus ojos me dijo que no indagara más. Canalizé mi curiosidad y ansiedad hacia el silencio—siempre habría un mañana.
A pesar de su aseguramiento de que las espadas no me causarían daño, aún sentía cierta reserva para usarlas, así que practiqué con mi vieja espada por la tarde y evité usar mi poder espiritual, enfocándome enteramente en formas y desplazamientos. Podría haber continuado así por un tiempo si Xie Lun no me hubiera visitado al día siguiente.