La repentina suavidad de sus labios y su divino sabor me hicieron gemir contra él. Rodeé sus cuellos con mis brazos, saboreando este momento robado del ajetreado día.
—Esperaba que fueras tú la que intentara caer en mis brazos en las escaleras —susurró—. Estuviste muy detrás todo el día. Apenas te vi.
Me reí. —¿Cómo sabías que lo pensé? Esas escaleras eran terribles. Mis piernas aún están cansadas ahora mismo —¡Bai Ye!
Al momento siguiente, me levantó del suelo y me llevó hacia mi cama. —¡B-Bai Ye! —volví a gritar—. E-Espera... No hoy... Yo...
Ayer me bajó la menstruación, quise decir, aunque de alguna manera la expectativa de su decepción hizo que me costara sacar el tema. —Yo... B-Bájame un momento...