Caspian esperaba más o menos esa respuesta. Y Jael tenía razón, probablemente era mejor que la respuesta le llegara de Asher en persona.
—Está bien, acabemos con esto —suspiró, saliendo del dormitorio.
—Todavía no has comido —señaló rápidamente Jael.
—Lo haré después del chequeo —negoció.
Caspian estaba preocupado de que si intentaba comer, acabaría vomitando.
Su estómago estaba tenso por los nervios, y sus rodillas temblaban por una razón completamente diferente.
Caspian habría protestado más por no ir a un chequeo médico, pero realmente no se sentía bien.
Jael aceptó el trato, escogiendo sus pasos para que Caspian pudiera seguirle.
Básicamente, estaba haciendo esto a espaldas de Asher, pero estaba realmente preocupado.
Caspian se movía rígidamente y no necesitaba ver más para adivinar la extensión de sus moretones. Su piel estaba pálida y enfermiza, y tenía bolsas debajo de los ojos.