—Si te molesta, puedo... —comenzó Stella, pero se detuvo al levantar la mirada hacia Valeric.
—Estás herida. —Valeric sonó preocupado, finalmente mirando la herida en su frente—. ¿Duele mucho?
Stella asintió, limpiándose la sangre de la cara con la mano. Él la llevó al baño, la ayudó a lavarse las manos y luego la condujo a la sala de estar en el piso superior. La hizo sentarse en el sofá y se fue para volver un poco después con una caja de primeros auxilios.
—¿Por qué tienes una caja de primeros auxilios? —preguntó ella.
—La conseguí después de que te enfermaste —respondió Valeric y tomó asiento junto a ella—. Por si alguna vez te lastimas.
—Gracias —dijo ella.