El corazón de Julio Reed estaba algo inquieto.
Antes de su pérdida de memoria, había sido una máquina desprovista de emociones.
Habiendo vivido decenas de miles de años, vio la veleidad de la naturaleza humana y probó todo lo que el Mundo Mortal ofrecía.
Había olvidado hace mucho lo que las emociones eran siquiera.
En aquel entonces, su preferencia por Isabella Warm era porque todos en la Alianza de las Diez Mil Montañas lo adulaban sin un ápice de sinceridad.
Solo Isabella Warm ocasionalmente mostraba su temperamento y actuaba caprichosamente.
Era su capricho lo que hacía sentir a Julio Reed que el Monte Demarco todavía tenía un toque de calidez humana.
Él era increíblemente tolerante con esta sirvienta personal que lo había desafiado en numerosas ocasiones.
Incluso cuando...
Incluso cuando se perdió el Trípode del Dragón Divino, no culpó a Isabella Warm.