—¡Entre! —En un instante, habló con una voz tan fría como un iceberg.
—Víctores Mayores —La puerta se abrió. Windy Johnson se arrodilló sobre una rodilla manteniendo la puerta entreabierta. Afuera, varios guardias del Mar del Norte lo observaban con vigilancia.
—No están en Ciudad Gonzalez... —Los Víctores Mayores levantaron lentamente la mano, miraron sus uñas adornadas con diamantes y preguntaron débilmente.
—Víctores Mayores, el joven maestro ha muerto, ya no puedo quedarme en Ciudad Gonzalez más tiempo... tos. —Mientras hablaba, tosió ligeramente. El suelo quedó salpicado con algunas gotas de sangre fresca.
—Estás herido. —El tono de los Víctores Mayores seguía siendo igual de frío.