El tiempo fluía de manera diferente en el reino celestial que en el universo controlado.
Lo que para Max se sentía como semanas, se traducía en apenas unas horas en el universo controlado mientras él hacía poco o ningún progreso en su primer empeño de aprender a separar la conciencia de la carne.
La búsqueda de Max del Mar de la Conciencia tenía sus raíces en los corredores anatómicos de su propio cerebro.
No era una gran expedición cósmica sino un escrutinio microscópico.
Con su manipulación de la sangre, Max tenía medios para inspeccionar cada rincón de su propio cuerpo ya que no le tomó más de cinco minutos en su primer día para localizar la ubicación del Mar de la Conciencia dentro de su cerebro, sin embargo, descifrar su propósito era otro asunto completamente diferente.