Archer observó a Elara pensar por un minuto y encontró adorable su expresión mientras se mordía el labio inferior y jugaba con su pelo rojo claro. —Trae a las otras dos legiones y deja que los Mariscales las lideren, Su Majestad —finalmente comenzó a hablar con una sonrisa cómplice—. Esto les dará experiencia en batalla y les enseñará cómo comandar a los soldados.
—Bien, me gusta. Seguiremos tu idea, y tú estarás al mando de todas las fuerzas en esta fría isla —dijo antes de informarle sobre el plan actual—. Saldré afuera para abrir un portal hacia Draconia para que las otras legiones puedan unírsete aquí y así puedan empezar su entrenamiento.
Elara asintió. —Sí, Su Majestad —dijo—. ¿No quieres conocer a los comandantes?
Archer asintió, queriendo volver al dominio. —La próxima vez. Sera necesita descansar, y el festival empieza mañana. Necesito relajarme un rato.
—De acuerdo, Su Majestad —respondió ella con una encantadora sonrisa y una pequeña reverencia.