Buscando en sus recuerdos, no podía recordar quién era este monstruo, pero sabía que era mucho peor que un Minotauro.
El problema era si debía hacerse notar o no.
Solo mirar el cuerpo del monstruo la hacía sentir tensa, sin siquiera pensar en enfrentarlo.
Al verlo enrollar su cola sin piel alrededor del cuello del Minotauro, el monstruo levantó al Minotauro y comenzó a arrancarle la cara.
Escuchando los gritos de dolor del Minotauro, Shiro frunció el ceño.
«Normalmente, querría pelear contra esa cosa, pero no esta vez», pensó Shiro para sí misma y saltó desde el cielo.
Escondiéndose cerca de los árboles, mantuvo sus ojos en la situación para poder agarrar la cabeza del Minotauro o algo como prueba de finalización. Después de todo, él era el oro que necesitaba para pagar su espada.
Escondida en la sombra de un árbol, trató de suprimir su presencia tanto como pudo.
Viendo al monstruo brutalizar al Minotauro, Shiro no lo notó, pero su espalda ya estaba cubierta de sudor frío.