-¡Oye, oye! ¡Mira esto, Alejandro! -dijo Jorge entre risas, señalando las páginas de su manga-. ¡Menuda trama, eh!
Alejandro se inclinó para ver mejor y soltó un silbido de admiración.
-¡Woah! Loco, ya quisiera dibujar así... Mientras más lo veo, más me encanta... ¡Verdaderamente, las oppai deberían ser eternas! -exclamó con tono solemne-. Jorge, después déjame leerlo, ¿sí?
-Claro, bro, sin problema.
-Enséñaselo a Richard, dale.
Jorge giró hacia mí con una sonrisa.
-¡Oye, Richard! Mira esto... te va a gustar.
-Chicos, ahora no tengo tiempo para- ¡¿Wuoooaah?!
Así eran nuestros días en la escuela. Siempre que teníamos tiempo libre, nos reuníamos para hablar de manga, anime y nuestras historias favoritas. No lo cambiaría por nada en el mundo. A pesar de que pronto entraríamos a la universidad, seguíamos siendo los mismos desde la infancia. No éramos hermanos de sangre, pero se sentía como si lo fuéramos.
Éramos tres chicos de dieciocho años, en la flor de la juventud, soñando con aventuras épicas y conociendo el lado duro de la realidad. Nos encantaban los mangas, los videojuegos y el anime, pero cuando se trataba de chicas... bueno, digamos que la suerte nunca estuvo de nuestro lado.
Todavía recuerdo cuando Jorge fue rechazado.
-¡¡Waaaahh!! ¡R-Richard! ¡A-Alejandro!
-¡¿Qué pasa, Jorge?!
-M-María me rechazó... ¡Waaaahhh!
-¿María? Pero si te vi hablando con ella hoy...
-Sí... yo pensaba que todo iba bien. Hablábamos todos los días, le contaba de todo, incluso de mis historias favoritas... ¡pero hoy fue diferente! Me dijo que solo hablo de anime y manga, que si el rey demonio, que si el héroe que salva el mundo... ¡que estaba harta de escuchar estupideces! Y al final... al final... ¡¡dijo que nunca saldría con un tipo como yo!!
Alejandro y yo nos miramos en silencio. No había palabras que pudieran consolarlo, así que solo lo abrazamos mientras lloraba. Fue en ese momento cuando aprendimos que no todo el mundo entiende nuestras pasiones.
Pero la vida sigue. Y así, como si nada, llegó la tarde y con ella la mejor parte del día: la salida de clases.
-Alejandro, ¿jugamos hoy?
-Por supuesto, apenas llegue a casa me conecto. ¿Y tú, Richard?
-¡Jajajaja! De hecho, les iba a decir en la mañana, pero... ya que estamos en el tema... soy nivel setenta.
-¡¡¿QUÉEEEE?!!
Nuestros gritos hicieron que varias personas se giraran en el pasillo, pero no nos importó. Era un juego de mundo abierto en el que llevábamos meses avanzando juntos. La competencia entre amigos es algo inevitable, y nosotros no éramos la excepción. Jorge y Alejandro salieron corriendo a sus casas, decididos a alcanzar mi nivel.
Cuando llegué a casa, mi madre ya tenía la cena lista.
-¡La mesa está servida, Richard!
-¡Ya voy!
-No te demores o se enfriará.
Después de comer, subí a mi cuarto y encendí la computadora. Estuvimos jugando hasta la una de la mañana.
-Bueno, muchachos, yo me desconecto. Me está dando sueño.
-Está bien, yo y Alejandro seguimos un rato más.
-Descansa, Richard... ¡Jorge, vamos a enfrentarnos al jefe de los ogros!
Los dejé discutiendo mientras apagaba la computadora. Pero en cuanto me puse de pie, sentí un retorcijón en el estómago.
-Ugh... creo que la cena no me cayó bien...
Salí disparado hacia el baño, sintiendo un sudor frío recorrerme la espalda.
-¡Mierda, mierda, mierda!
Apenas llegué, comencé a bajarme el pantalón como si mi vida dependiera de ello. En cierto modo, así era.
Pero entonces... todo cambió.
Justo cuando estaba a punto de sentarme, una luz cegadora envolvió la habitación.
-¿Q-qué carajos...?
Frente a mí, descendía una mujer de belleza deslumbrante. Su largo cabello rubio caía en ondas perfectas, sus ojos verdes brillaban como esmeraldas y su vestido blanco con bordes dorados realzaba sus curvas de una manera imposible de ignorar. Era... la representación de lo erótico en persona.
Y yo... seguía en cuclillas, con los pantalones a la altura de las rodillas.
No moví un solo músculo.
La mujer me miró con una expresión solemne antes de hablar.
-¡Oh, héroe elegido! -su voz era como el canto de un ángel-. El mundo pronto entrará en guerra con el resurgimiento del nuevo Rey Demonio. La humanidad clama por un salvador y los dioses han respondido. Tú, de entre muchos, has sido elegido como el próximo Héroe Legendario. En tu camino enfrentarás grandes desafíos, aprenderás el valor del sacrificio y, cuando tu misión esté cumplida, los dioses concederán cualquier deseo que pidas.
Yo seguía en la misma posición, sin entender una mierda de lo que estaba pasando.
-¿Héroe? ¿Yo? -parpadeé varias veces, procesando sus palabras-. No, no, no, no. ¡Espera un segundo!
Ella inclinó la cabeza, como si no entendiera mi reacción.
-¡Oye, devuélveme a mi casa ahora mismo! ¡No me jodas con estas tonterías!
No hubo respuesta. Solo una leve sonrisa.
-Que la luz de Rabist te guíe en tu nueva vida.
-¡¿QUÉ?! ¡NO, ESPERA! ¡DIJE QUE ME DEVOLVIERAS A MI CASA! ¡A MI CASAAAA!
Un círculo mágico brilló bajo mis pies y una barrera invisible me impidió salir.
-¡¡NOOOO!! ¡ESTO ES UN SECUESTRO! ¡LLAMEN A LA POLICÍA!
Mis súplicas fueron inútiles. La luz me envolvió por completo y, cuando abrí los ojos de nuevo...
Estaba en medio de un bosque.
Aves cantaban a lo lejos, el viento movía las hojas de los árboles, y el aire olía a tierra húmeda.
Mi mente seguía en shock cuando sentí un aliento cálido y húmedo en mi nuca.
Giré lentamente... y allí estaba.
Un oso gigante, de más de dos metros, con lo que parecían piedras clavadas en su espalda.
Mi expresión pasó por todas las fases del horror en cuestión de segundos.
-¡¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!
Y así... comenzó mi nueva vida en este Maldito Mundo de Fantasía.
-¡¡MALDITA SEAAAAAAA!!