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Más allá de la luna

Daoist56I6mQ
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Chapter 1 - Noche de luna rosa

Elinah se preparó concienzudamente. No podía esperarse menos de la hija del sumo sacerdote de la aldea.

Pintó delicadamente por todo su cuerpo, las distintas lunas y estrellas que llenaban el bello cielo que inundaba su mundo.

No era una noche cualquiera,no. Era nada más y nada menos,que la noche de luna rosa. Un acontecimiento que se daba cada 200 años.

Toda clase de leyendas y mitos giraban entorno a tal peculiar evento.

Algunos creían que, si una joven virgen bailaba bajo la luz rosada del satélite, cosechas inmejorables vendrían aquel año.

Otros, que si cantaba una bella canción, el cielo les escucharía y llenaría la aldea de riquezas.

Habían otras creencias, más oscuras, en las que la joven se ofrecía como sacrifio a la luna para calmar su ira y ésta se la llevaba para no volver jamás.

Sin embargo, Elinah estaba tranquila. Creía firmemente en la versión oficial, la escrita en el libro de los ancestros. La que decía que, si bailaba al son de los cánticos de los aldeanos la noche de luna rosa, la prosperidad reinaría hasta que el fenómeno volviera a repetirse.

De hecho, su abuelo ya le decía que jamás conoció una aldea que viviera más en paz y armonía que la suya, y todo se lo atribuía a la fuerza del fenómeno ocurrido tantos años atrás.

Respiró profundo y se miró al espejo. Sabía perfectamente que fue bendecida por los dioses. Su belleza era algo digno de admirar y nada común en aquellos lares.

Su cabello blanco largo, denso, cayendo sobre su espalda a pesar de estar recogido hábilmente en una coleta alta.

Sus enormes ojos azules resaltando sobre su piel de color caramelo.

Los astros pintados sobre su cuerpo le daban un aire místico, aumentado aún más por su ropaje ceremonial, que dejaba al descubierto sus piernas y brazos.

Respiró de nuevo antes de salir de la tienda de tela blanca ceremonial.

Observó su aldea bajo la luz de las estrellas, iluminada únicamente por ellas y la gran fogata que había justo en el centro de lo que siempre había sido su hogar.

Pequeñas chozas de madera, tiendas de tela y algunas viviendas de adobe, todo en plena naturaleza, en lo más alto de una colina.

Sus vecinos y amigos ya estaban alrededor de la fogata, esperándola.

Frente a todos ellos, el sumo sacerdote, su padre, que sonreía de oreja a oreja al verla salir.

-Que los astros guíen tu camino- le dijo mientras tomaba su mano en señal de afecto.

-Que los astros me lleven siempre dónde tú estés- le respondió devolviéndole la sonrisa.

Todos la miraban expectantes, felices de ser tan afortunados como para vivir aquel momento tan especial y único.

Se hizo el silencio cuando el sumo sacerdote levantó su mano para hablar.

-Queridos hermanos de Aldakah, nos hemos reunido aquí, esta noche, para celebrar un acontecimiento de vital importancia para nuestra tribu.

Hoy, tras tantos años de espera, viviremos en carne propia la luna rosa.

Como bien dicen nuestros antepasados en sus escritos, esta noche es la noche en la que el gran astro renovará su lazo con nosotros y seguirá llenando nuestro hogar de felicidad y prosperidad.

Para conservar nuestro vínculo, la hija del sacerdote de la aldea, mi hija, virgen e inmaculada, deberá danzar bajo la luz rosada al son de nuestra canción más especial: "donde la luna te lleve".

Como bien sabéis, desde su nacimiento ha esperado este momento y se ha preparado concienzudamente para él.

Hoy, día de su decimonoveno cumpleaños, nuestra querida Elinah cumplirá con su destino, su misión sagrada y con ello llenará nuestra vida de gozo eterno.

A Elinah empezaron a sudarle las manos. Cierto era que estaba preparada, más que eso, nació preparada. Conocía su papel y sabía interpretarlo a la perfección, había dedicado su vida entera a ello.

Pero verse en la situación y bajo la presión de la mirada atenta de todos los habitantes de la tribu, hizo que los nervios se apoderaran de ella por primera vez en su vida.

Su padre no era ajeno a ello, puesto que con sólo un vistazo a su pequeña supo perfectamente lo que sentía.

-La luna te acompaña, nada puede salir mal- le susurró al oído.

Ese pequeño comentario de su padre le hizo volver en sí.

-Gracias-le respondió.

Había llegado el momento. Todos se retiraron, formando un gran círculo, dejando como centro tan sólo al gran fuego y a la joven.

Pronto, empezaron a entonar:

"Donde la luna te lleve deberás estar, donde la luna te lleve, no habrá bien ni mal.

Cuando la luna te lleve, una prueba has de superar, cuando la luna te lleve le podrás encontrar"

Elinah escuchaba el cántico, que se repetía una y otra vez mientras ella danzaba gracilmente alrededor del fuego, formando bellas sombras con cada movimiento.

El cielo se fue despejando, y finalmente la luz rosada de la luna llenó todo a su paso, centrándose especialmente donde ella estaba.

Siguió danzando, girando, una y otra vez mientras sentía que un hormigueo le recorría las piernas. Pero no paró ahí, se fue extendiendo por todo su cuerpo, llenándola de fuerza y de vida.

Tan inundaba estaba por la sensación que no notó que los cánticos cesaron y que su padre le llamaba amargamente.

Cuando fue consciente de lo que pasaba, era demasiado tarde. Su cuerpo se consumió como si de espuma se tratara, dejando a todos en silencio, mirando al vacío, viendo como su querida Elinah desaparecía ante sus ojos.

Su padre, de rodillas, lamentaba su suerte rompiendo en llanto, maldiciendo el momento en el que decidió llevar acabo aquel rito.

Elinah cerró los ojos y se creyó morir. Pero no. Seguía consciente, así que no podía haber muerto. Abrió los ojos con cuidado, temerosa, sin saber muy bien qué esperar.

Cuando los abrió, no podía creer lo que veía.

Estaba flotando, en medio del cielo estrellado. Más allá de la aldea, más allá del mundo. Flotaba por encima de todo, siendo una con el universo.

Su primer instinto fue gritar, temiendo la caída. Pero su cuerpo no emitió sonido alguno. A pesar de su temor, todo su ser parecía tranquilo, en sintonia con aquel lugar.

-¿Pero, qué estoy haciendo aquí?

Nadie le contestó. Largos minutos pasaron, pudiera ser incluso que horas,cómo iba a saberlo.

Sollozaba encogida sobre sí misma, echando de menos a su padre y su hogar.

Quien sabe cuanto después, empezó a escuchar un murmullo a lo lejos.

Prestó mucha atención y reconoció el cántico de su aldea.

- Por fin, por fin volveré a casa- gritó esperanzada.

En medio de la inmensidad, entre tanta estrella y planeta, pudo ver una especie de túnel rebosante de luz.

Sin saber cómo, pudo desplazarse por el vacío, corriendo con todas sus fuerzas al que parecía el camino de vuelta a casa.

Al entrar quedó cegada por la luz y todo comenzó a dar vueltas a su alrededor.

Cerró los ojos, apretandolos muy fuerte, deseando ver su hogar la próxima vez que los abriera.

Cuando por fin su cuerpo dejó de dar sacudidas y girar desenfrenado, notó un suelo frío bajo su cuerpo.

Abrió los ojos despacio, para encontrar algo que no esperaba.

-Pero qué cojon...

Aquello no podía ser verdad. Ese no podía ser su mundo.

Se encontraba en un lugar extraño, bañado por una intensa lluvia.

Habían chozas que no se parecían nada a las suyas, altas, casi rozando el cielo y de vivos colores que jamás habían conseguido con ninguno de sus tintes de plantas.

Estaba empapada por la lluvia, pero era incapaz de sentir nada más que aquella desbordante cantidad de información que llegaba a través de sus sentidos.

Habían bestias metálicas ruidosas, con personas dentro, yendo de un lugar a otro a toda prisa.

¿Acaso aquellas criaturas devoraban humanos y ellos vivían felices en su interior?