—¿Hay alguien ahí? —grité como un idiota. Si había alguien, no podía ser un ser amistoso. No con ellos acercándose a mí de esta manera.
—Hola, Reece. —Escuché una voz profunda y retumbante que venía detrás de mí. Nervioso, me giré para mirar a través de la oscuridad hacia la voz. Fue entonces cuando las llamas estallaron.
Frente a mí había un gran lobo negro cubierto de llamas. Era yo. Bueno, mi forma de lobo.
—¿Qué... qué está pasando aquí? —le pregunté. —¿Quién eres tú?
—Soy tú, Reece. ¿No puedes verlo? —Él no sonrió, no realmente, pero sentí la sonrisa en las palabras.
—¿Estoy muerto? —Sabía que tenía que estarlo.
—Todavía no. Estás en el 'intermedio'.
—Entonces, ¿qué sucede ahora? —le pregunté, confundido por toda esta situación.
—Necesitas elegir entre aferrarte y luchar, o avanzar y observar. —Sus palabras eran tranquilas, pero el significado detrás de ellas me envió a un pánico.