Sin embargo, estaba sola y se sentía un poco solitaria.
Había innumerables noches en las que regresaba a casa en medio de la noche y lloraba al enfrentarse a lo vacío que estaba su hogar.
A veces, lloraría toda la noche, pero no se atrevía a decírselo a sus padres porque temía que se preocuparan.
Tampoco se atrevía a contarle demasiado a Jeanne. Después de todo, en aquel momento aún tenía su orgullo. Sentía que todo lo que hacía estaba bien y que algún día, todos verían sus esfuerzos y lo virtuosa que era. Así que, por terca que fuera, no quería que los demás la vieran triste. Creía que cuando llegara ese día, les presumiría con confianza.
Por supuesto, tampoco le diría a Finn que lo extrañaba mucho porque a Finn no le importaría.
Sin embargo, ahora, la perseverancia que pensaba que tenía de repente se había esfumado.
Realmente no sabía qué más podría mantenerla en marcha en la vida.